07
SuHa

Mamá

    Aquel fin de semana estaba siendo maravilloso. Mis dos niñas y yo estábamos disfrutando de lo lindo. Sentía que, al fin, habíamos encontrado el equilibrio. No había sido fácil, porque tras la marcha de su padre nuestra familia se había quedado un poco coja y cada una de nosotras tuvo que buscar una nueva posición para que todo volviera a funcionar. Aquel fin de semana sentí que, al fin, todo volvía  a fluir. 


    Habíamos decidido dedicar aquellos dos días a hacer cosas juntas: ir de compras, una salida al monte, pizza casera… Lo mejor: lo que nos reíamos, cómo nos reíamos (sin forzar, como hasta entonces, con naturalidad). 


    El domingo a la tarde me acompañaron a practicar mi hobby particular: sacar fotos; congelar momentos, perfectos o imperfectos, pero de cualquier manera temporales y perecederos, únicos e irrepetibles. Adoraba ser notaria de momentos cualesquiera, que de otra manera sabía nadie recordaría. 


    Y llegó la noche, y quisimos ponerle la guinda al pastel con “una de peli y manta”, como decían ellas. Una de miedo, por supuesto, para recordar que, afortunadamente, todo lo malo ocurría siempre en la ficción o, al menos, de puertas para afuera. Una de miedo, para abrazarnos bien fuerte y notar cómo la magia, más que nunca, fluía entre nosotras. Y tan de mentira, tan ajeno, les debía ser el miedo, que se quedaron dormidas apoyadas en mí, como cuando eran pequeñas. 


    Me sentía plena, como nunca antes, quizás; como nunca más, se me vino a la cabeza entonces. Y esa idea me estrujó de repente el cuello, cortándome la respiración. Me tensé, de cabeza a pies. Era un pensamiento oscuro y terrible que se clavaba con pinchos a mi mente: la idea de que aquel momento era perfecto, y que jamás volvería a repetirse. La idea de que comenzaría entonces la decadencia, inevitablemente. La idea de que la magia explotaría, no como una pompa de jabón sino como una bomba nuclear, y lo haría en mi cara. “Deberías eternizar este momento, ¿no crees? Como en tus fotografías”. Intenté disuadir a aquella voz, pero me oprimía los sesos, me apretaba los intestinos, me agarraba del cuello. Me libré del abrazo de ellas como pude; necesitaba lavarme la cara y relajarme. Las miré: qué bonitas eran…

 

    La noticia apareció en todos los medios nacionales: “… la explosión de gas  deja cinco fallecidos y diez heridos, dos de ellos graves. Se cree que el origen de la deflagración está en una bombona de butano situada en la cocina de una de las viviendas… “. 

Publicado la semana 7. 21/02/2021
Etiquetas
Locura, Familia
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
07
Ranking
0 96 0