06
SuHa

Anillos Nupciales

    El dedo le picaba de tal modo, y desde hacía tanto soportaba con tal estoicismo la tentativa de rascarse que, cuando finalmente se dejó a merced de tan primario instinto, no pudo ya parar hasta despellejárselo y hacerse sangrar. Fue el orgasmo más intenso que había sentido jamás. Claramente, debía de estar pecando.

 

    — ¡Carmen! — era su marido, que la zarandeaba tratando de despertarla. Pero ella se resistía a abandonar el paralelo universo de los sueños — ¿Pero qué ha pasado? ¿Has estado sangrando?

    — Ay… — balbuceó ella finalmente — Es que picaba tanto…

 

    Cuando por fin estuvo completamente consciente charlaron y él la persuadió para que fuera a consultar a un médico, o a la farmacia al menos, a que le dieran una pomada o le buscaran una solución para aquel único dedo que tanto sufrimiento le causaba. Era cierto, en ocasiones incluso había deseado amputárselo. Ese maldito miembro no hacía más que provocarla, como cuando despiezaba el cordero con la macheta y comenzaba inesperadamente a escocer. Decidida a hacer lo posible por hacerle entrar en razón, aceptó que la viera un doctor. 

 

    — No parece que sea algo alérgico, la verdad…

    — ¿Y qué, si no? Usted hágame las pruebas y salimos de dudas.

    — La comprendo, pero es extraño que el jabón o alguno de sus componentes le dé alergia solamente en un dedo, como plantea. 

    — Oiga, en ese dedo llevo la alianza. Puede que el jabón se acumule ahí cuando friego y sea por eso que el dedo se me pone así. 

    — Sí, pero en la otra mano también lleva usted anillos y no le ocurre igual.

    — Claro, porque soy diestra y uso más ésta. O quizá me dé alergia el oro. Verá, es que lo demás son sólo baratijas. 

    — Mire, vamos a hacerle las pruebas de alergia, tal como pide, y después vamos viendo. También sería conveniente que se quitase el anillo durante unos días. 

    — ¡Ni hablar!

    — ¿Perdón?

    — ¡No se atreva a proponerme tales herejías! 

    — Puede llevar la alianza al cuello; con una cadenita, por ejemplo.

    — Eso no me parece hacer las cosas como Dios manda.

    — Sólo digo que ayudaría a la cicatrización. 

    — Prescríbamelo por escrito eso. 

 

    Y así descubrió Carmen que era alérgica, como ella sospechaba; pero no al jabón, sino al matrimonio. Esa fue, al menos, la conclusión a la que llegó al analizar los hechos:

   EVIDENCIA 1: los prick test, que no contemplaban la alergia al casamiento, dieron negativo.

    EVIDENCIA 2: mientras el escoriado dedo sanaba, el pecho, en el que colgaba lustroso su anillo de casada  junto a la medalla de la virgen del Pilar desde que viera al médico, comenzó a inflamársele en una erupción que picaba con más intensidad de la que lo hiciera su dedo anular. A punto estuvo un día de arrancarse la piel a tiras.

    EVIDENCIA 3: no podía olvidar el momento en el que aquel problema había surgido, precisamente cuando conoció al semidiós que se había mudado a su mismo bloque poniendo en cuestión el sentido de estar atada a algo tan terrenal. 

    EVIDENCIA 4: cuando no pudo aguantar más y se quitó la alianza, empezó sentirse más ligera y de mejor humor. Dejó de sentirse cansada y casada todo a una. 

    Aunque el médico jamás respaldó su inapelable sentencia, ella arguía que no se podían cerrar los ojos ante tan claras señales.

    No vio otra salida más que el divorcio; ella que, como buena católica, no creía en él; porque se convenció de que Él le enviaba señales que la iglesia no sabía ver.

    — Señor, si es tu voluntad...

Publicado la semana 6. 14/02/2021
Etiquetas
El amor en tiempos de cólera ( Gabriel García Márquez) , Amor, Relatos, médico, Dios, iglesia, Infidelidad, Matrimonio, Alergia, Tentación, Divorcio, Católico, Pecado
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