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Sergio Carrillo

El destino.

María nació el día once de diciembre de 1991 a las 11:02 en la maternidad de Barcelona. Mario nació el mismo día en el mismo sitio, solamente con 15 minutos de diferencia, a las 11:17. Sus madres estuvieron ingresadas en habitaciones contiguas, la 305 y la 306. Ambas fueron dadas de alta el día siguiente, también con 15 minutos de diferencia. Hasta aquí todo normal, en la maternidad las madres ingresan, paren y se van con sus bebés a casa. Sin embargo, algo pasó aquel día en la nursery, cuando Mario fue colocado en la cuna que había junto a la que ocupaba María. Se miraron y ambos dejaron de llorar. Se creó entre ellos un vínculo de familiaridad, una serendipia fugaz, que marcó aquel instante y el resto de sus vidas.

Ambas familias vivían en el barrio de Sant Antoni. La familia de María a la izquierda de la Ronda Sant Pau, la de Mario a la derecha. Esa leve, aunque densamente transitada, frontera hizo que no coincidieran. Ni siquiera en el colegio. Cuando María terminó tercero de primaria cambió del colegio de los escolapios al público del barrio. Mario en septiembre hizo el camino inverso del público al de los escolapios para iniciar cuarto de primaria.

En la adolescencia intercambiaron indirectamente más de 80 millones de bacterias. El chico que salía con María, una noche de fiesta con amigos se enrolló con la chica que salía con Mario. Ambos padecieron a la vez mononucleosis provocada por ese beso en cadena que, a través de la elipsis de esos dos eslabones intermedios, los unió virtualmente.

Cuando ambos estaban a punto de licenciarse en comunicación audiovisual, uno en la Universidad de Barcelona y la otra en la Pompeu Fabra, ambos comenzaron a hacer prácticas en la misma emisora de radio. Mario en el magazine radiofónico de la mañana y María en el de la tarde. Podrían haberse cruzado en el ascensor, cuando Mario salía y María entraba, pero no se encontraron nunca.

Después pasaron por los brazos de varios amores pasajeros que nunca llegaron a cuajar. El algoritmo de la app de citas que utilizaban nunca los emparejó, ni siquiera les dió la opción de aparecer como posible match del otro. Encadenaron colecciones de pretendientes por los que, en realidad, no quisieron ser pretendidos. Ambos se dieron de baja en la aplicación el mismo día.

Un tiempo después, Mario recibió una oferta de trabajo que no pudo rechazar. El día que ambos cumplían 30 años, el once de diciembre de 2021, se mudaba a Madrid. Antes de arrancar el coche, con todo el equipaje cargado, pensó que no tenía muy claro si se iba para siempre o solo para unos meses. Sin embargo, no notó que eso fuera a pesarle. Sin saberlo volvió a tener aquella sensación de serendipia del día que nació. Unos días antes que él, María se había mudado también a Madrid, a la misma finca y al apartamento contiguo al suyo.

Cuando Mario llegó a Madrid, entrando por su calle el GPS dijo: “A la derecha, a 100 metros ha llegado a su destino”. Cuando Mario miró por la ventanilla de la derecha se encontró con los ojos de María. Y el destino que siempre nos alcanza, aunque sea caprichoso y en su caso tardara 30 años en juntarles, ya nunca más los volvió a separar.

Publicado la semana 49. 12/12/2021
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