48
Sergio Carrillo

Pocas palabras.

Si en realidad las palabras mataran, hubiera jurado que contigo yo tenía un seguro de vida. Porque tú siempre economizabas en tus respuestas con un monosílabo, y en tus argumentos con pocas palabras. Básicamente nuestra relación se cimentaba en que yo hablaba y tú escuchabas. Cuanto más hablaba yo, más callabas tú. Alguno podría decir, yo podría haber dicho, que este era el binomio perfecto. Por lo menos, lo fue hasta que tú decidiste hablar.

Cuando comenzaste a hablar lo hiciste en un tono sereno y tranquilo. Estabas convencida de que lo que estabas diciendo era lo que querías decir. Yo te escuchaba atento y perplejo. Como si tú fueras otra persona, diferente de la que yo creía. Qué equivocado estaba. Tú siempre habías sido tú, pero yo no me había dado cuenta hasta ese momento, de que nunca te había dejado serlo.

Seguiste hablando, sin abandonar ese tono suave pero firme. Tus palabras se impulsaban con fuerza por el aire. Pasaban a mi alrededor rozándome y arañándome la piel. Después aumentó la intensidad de tu discurso y tus palabras comenzaron a hacer diana, clavándose en mí, como si fueran cuchillos.

Cuando cogiste carrerilla te poseyó un adverbio de tiempo que canalizó tu ira, un verbo lleno de pólvora, un nombre que apretó el gatillo y un adjetivo que calificó el estruendo acompañando la bala dirigida velozmente hacia mi pecho.

Pero antes de impactar, cerraste los ojos y me dijiste que lo sentías. La bala cayó al suelo un par de centímetros antes de alcanzarme. Antes de irte para siempre me pediste que escuchara siempre a quien estuviera a mi lado, que eso me acabaría salvando. Porque las palabras que no mueren al salir de los labios y llegar al oído, se pudren en un mar de veneno al no poder ser pronunciadas. Si un día ese mar de veneno se agita consiguen escapar sin control por la boca y, aunque sean pocas, mueren matando.

Publicado la semana 48. 05/12/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
48
Ranking
0 160 0