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Sergio Carrillo

La llave.

Alberto abrió la caja que guardaba en su mesilla de noche. Durante todo aquel tiempo quiso mentirse a sí mismo. Convencerse de que no recordaba que estaba allí. Pero la verdad era que no dejó nunca de pensar en volverlo a abrir. Era demasiado importante, significaba demasiado para él como para olvidarlo. Lo guardó allí porque necesitaba sentirlo cerca, dormir junto a él para velar por poder abrirlo de nuevo cuando llegara el momento.

Después de tanto tiempo, le costo mucho reconocer que le estaba volviendo a ocurrir. Pero el momento había llegado. Lo supo cuando se cruzó con Marta y sintió algo especial pero no consiguió que su corazón latiera como debía latir: bum – bum, bum – bum. Porque desde que pasó lo que pasó, su corazón nunca volvió a latir igual.

¡Ahí estaba! Las manos le temblaban cuando en la caja encontró un pequeño sobre que había en el interior. Al abrirlo un aroma dulce invadió la habitación. Volvió a flotar entre croissants y pains au chocolat. Aquel olor adictivo hizo que se volviera loco. Despertó su amor dormido y le hizo recordar todo lo que hubo entre ellos.

Era el olor de su primer amor. La primera vez que vio el sobre, estaba dentro de otro sobre. Se lo envió Nathalie con algunas instrucciones que a él le parecieron un poco confusas. Pero era joven, quería viajar y tenía ganas de aventuras. Así que le siguió el juego. Mantuvo el sobre intacto. Cogió un vuelo a París. Se perdió entre las calles de Montmartre y cuando llegó a la dirección acordada abrió el sobre. Dentro del sobre una pequeña llave.

Se enamoró perdidamente de ella cuando abrió aquella puerta. De todo lo que escondía aquel amor clandestino y tormentoso. De sus labios y su piel. De su olor y su sabor. De la montaña rusa que significaba estar a su lado y quererla tal y como era. Pero su corazón latía con fuerza bum-bum, bum-bum. No podía escuchar nada que no fueran sus palabras, ni ver más allá de lo que sus veía a través de sus ojos.

Hasta que descubrió que había más llaves y más tontos que como él veían a través de sus ojos y escuchaban atentamente sus palabras. Su corazón se gripó y dejó de latir con fuerza hasta que se fue apagando. Primero fue un bum, luego otro bum y al final un pum. Cerró su corazón con esa llave y la volvió a meter en el sobre. La guardó en aquella caja y dejó hibernando su corazón y sus ganas de amar.

Pero ahora había aparecido Marta y necesitaba que su corazón volviera a latir. Porque ella había conseguido que él tuviera la fuerza y las ganas. Introdujo la llave en su pecho, le dio un par de vueltas y entonces volvió a escuchar el bum-bum, bum-bum. Cuando volvió a ver a Marta le entregó la llave dentro del sobre y le pidió que la guardara por él para que se asegurara de que siempre tenía buen latido.

Publicado la semana 46. 21/11/2021
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