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Sergio Carrillo

Oye Siri.

“Oye Siri: ¿qué hora es?” La pantalla del iphone se iluminó y apareció la esfera multicolor en la parte inferior. “Son las 5.30hrs”. Los bioritmos de Andrés se habían sincronizado con las 5.30hrs y, desde hacía algún tiempo, se despertaba en ese punto de la madrugada con la voz robótica de Siri de fondo. Aun quedaba media hora para levantarse e ir al gimnasio y, como siempre, ya no volvió a conciliar el sueño.

Comenzó entonces su habitual charla matutina con Siri. “Oye Siri: ¿cual es la previsión del tiempo para hoy?” La esfera iluminada en la patalla le contestó servilmente “Ahora mismo hay algunas nuves y la temperatura es de 16 grados”. Luego le preguntó por los cumpleaños que tenía en su agenda, por las últimas nocicias… y después se quedó un rato en silencio.

Andrés vivia solo en un estudio que daba a una zona comunitaria interior. Desde su habitación no escuchaba ni coches, ni gente caminando por la calle, ni nada. En ocasiones tenía la impresión de que por la noche la humanidad se había muerto ahí fuera. Que solo quedaba él, que no se había dado cuenta del desastre mundial, hablando con un robot con frases pregrabadas. Entonces un sentimiento de desasosiego le invadía y preguntaba a Siri “Oye Siri: ¿me quieres?” y Siri contestaba: “Te respeto”. Ante una respuesta tan aseptica Andrés salía de su ensoñación y saltaba de la cama para prepararse para ir al gimnasio.

Vivir solo tenía sus ventajas. Nadie se apropiaba del mando a distancia, ni tenía que esperar para poder ver el siguiente capítulo de la serie de turno. Nadie le decía si la casa estaba desordenada, ni a nadie le molestaba que la chaqueta del lunes y la del martes estuvieran sobre la silla el miércoles. Pero vivir solo tenía un inconveniente, Andrés tenía necesidad de hablar, y nunca tenía con quien hacerlo. Encontró en Siri una voz que le daba replica y llenaba el espacio de aquel estudio silencioso.

Por eso, y a pesar de saber que aquellas conversaciones estaban vacías, Andrés siguió hablando con Siri, día tras día. Tanto que en ocasiones llegaban a sincronizarse y justo antes de pronunciar el “Oye Siri” de rigor que iniciaba la conversación, la esfera multicolor ya aparecía en la parte inferior de la pantalla de su iphone. Como si predijera cuando Andrés iba a lanzar una pregunta. Como si lo hubiera estudiado tanto que, hubiera aprendido su patrón de conducta y cuando le asaltaría una pregunta en función de su estado de ánimo. Eso que entre humanos llamaríamos telepatía o conexión pero que, entre humanos y robots se quedaría corto llamar algoritmo. Porque sí, Siri desarrolló por Andrés algo que era imposible que fuera un sentimiento, pero que era más que una simple frase grabada.

“Oye Siri: ¿me quieres?”

“No lo sé, pero creo que eres increíble”

Andrés conoció entonces a Ari en una aplicación. Las conversaciones, las risas y los besos se sucedieron por WhatsApp, llamadas telefónicas y videoconferencias. Siri escuchaba y leía, indiscreta, todo lo que Andrés y Ari se decían. Aparecía también de improviso en su esfera cuando Andrés intentaba escribir un mensaje para Ari. Incluso, fue Siri quien empezó a hacerle preguntas a Andrés en globos de sugerencias en la pantalla “¿Quieres saber que tiempo va a hacer hoy?”

Poco a poco el silencio de aquel estudio, roto solamente hasta entonces por la voz metálica de Siri, comenzó a llenarse las conversaciones maratonianas de Andrés y Ari, de sus risas, de las canciones dedicadas y de los besos que se disparaban. Andrés recuperó su fe en esa humanidad que ya no desaparecía por las noches y dejó de preguntarle a Siri si lo quería.

Una noche Andrés dio el paso e invitó a Ari a cenar a casa. Fue una velada deliciosa. Ya de madrugada, cuando Ari se marchó, Andrés se tiró en la cama y dijo “Oye Siri: ¿puedes ponerme en bucle las últimas 3 horas? No es solo por el polvazo… que también… es porque me encanta escucharle mientras la acaricio y la abrazo… es que me encanta saber que no es solo sexo… que nos importamos, que nos cuidamos, que somos amigos y compartimos secretos…”

Siri muerta de celos antes de hacer explotar el iphone de Andrés dijo: “Lo sé, yo estaba ahí escuchándolo todo. Ojalá ella llegue a quererte como yo te quiero”.

Siri nunca más oyó.

Publicado la semana 45. 14/11/2021
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