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Sergio Carrillo

Connotación.

Es un hecho: el lenguaje transforma nuestra realidad y, más aun, lo que somos. Es increíble como la connotación de cada una de las palabras que pronunciamos puede hacer variar la percepción de lo que acontece a nuestro alrededor. La connotación fue lo que se acabó interponiendo entre Lucía y David.

Cuando Lucía conoció a David sabía que éste tenía pareja. Por su cabeza pasaron las excusas típicas. Pasó del “yo no estoy haciendo nada malo”, al “el que debería tener un problema en todo caso sería él”, pasando por “en realidad solo lo pasamos bien un rato y luego desaparece de mi vida hasta la próxima”.

Visto así parecería que Lucía estaba conforme con esta situación. Puede que sí durante los primeros meses. Pero después el “lo pasamos bien un rato y luego desaparece de mi vida hasta la próxima” comenzó a pesarle. Cada vez quería ver más a menudo a David, aunque en realidad intuía que no podría tenerlo para siempre.

Cuando David se refería a lo que había entre él y Lucía hablaba de amistad. Amistad con ejercicio cardiovascular en posición horizontal, pero amistad, al fin y al cabo. En cambio, cuando Lucía se refería a lo que había entre ella y David hablaba de cariño. Cariño, sentimiento, conexión… estaba enmascarando la palabra amor.

Es ahí donde la connotación de la palabra que cada uno usaba para referirse a su historia difería. A pesar de estar refiriéndose a la misma historia, era evidente que cada uno la estaba entendiendo de una manera diferente.

Un primer matiz de esa manera diferenciada de entender lo que había entre ellos sería el afecto. Lucía podía percibir que David sentía afecto por ella. Sin embargo, incluso ella tenía claro que, el afecto que se siente por un amigo no es el mismo que se siente por la persona amada. Lucía siempre tenía el sentimiento de que ella entregaba más de lo que recibía. David tenía siempre el sentimiento de que le estaba regalando a Lucía afectos que deberían ser para su pareja. Ese siempre fue su freno.

Un segundo matiz sería el sexo. Para Lucía compartir su cama con David, significaba una entrega más allá de lo físico. Era un acto de amor en forma de besos, caricias y carne que conseguían que por un momento fueran una sola persona. Para David era gimnasia. Era posiciones y movimientos. Era aumentar el ritmo cuando llegaba el momento y derramarse como gratificación de la sesión de ejercicio bien hecha.   

El último matiz sería el tiempo. Para Lucía pasar cuanto más tiempo con David era su objetivo. Anhelaba poder pasar una noche entera con él. Amarse y después dormir juntos era lo más parecido a la felicidad para ella. Sin embargo, para David regalarle tiempo a Lucía significaba robarle tiempo al tiempo, estar siempre pendiente del reloj. Significaba mentir, siempre con un ojo puesto donde se suponía que debía estar y no estaba.

Al final, la connotación sobre lo que sentían destruyó lo que había entre ambos. Dolorosamente para Lucía dejaron de verse. Porque la amistad no requiere ese afecto único, ni que el sexo sea más que sexo, ni frecuencia; el amor sí. 

Publicado la semana 34. 26/08/2021
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