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Sergio Carrillo

Camino y huellas.

El camino no es recto, serpentea, gira sobre sí mismo, hay pendientes y desniveles. No tiene inicio ni fin, ni una única dirección. Por momentos es angosto y después vuelve a ensancharse. 

A pesar de lo aparentemente indomable del camino, lo cierto es que el camino es nuestro. Nosotros decidimos a dónde ir a través de cruces infinitos que encontramos al caminar por él.

En esos cruces hay miles de huellas de otros que pasaron antes por allí. Encontré las tuyas y tuve que seguirlas porque al conocerte pensé que no podría vivir sin dejar mis huellas junto a las tuyas. 

Al caminar a tu lado aprendí, reí, compartí, caí, me levanté, amé… y conseguí que todo lo mío fuera tuyo y todo lo tuyo fuera mío. Porque yo no sería quien soy sin la huella que dejaste en mí.

A pesar de todo lo que nos regalamos mutuamente, has decidido que nuestra travesía juntos acabe aquí. Porque el camino es eterno, pero el amor en ocasiones tiene los pasos contados. Lo importante es haber disfrutado de esos pasos y eso es lo que voy a grabar en mi recuerdo.

Cuando vuelvas a partir sola siguiendo otras huellas, podré continuar mi camino, otra vez solo, gracias a todo lo que has compartido conmigo. Llevo en mi equipaje todo lo que me has regalado para vestirme con ello y disfrutarlo de nuevo. Para compartirlo con otros y ver cómo queda en otras pieles. Y finalmente, para transformarlo en algo diferente y mejor, pero imposible sin esa primera huella que dejaste junto a la mía, y a todas las que vinieron después hasta hoy.

Ojalá que las huellas que hoy sigues te lleven a un lugar tan maravilloso como el que hemos compartido durante nuestra travesía juntos. Solo prométeme que, si al seguir caminando nos volvemos a encontrar en un cruce, me sonreirás y dejaremos algunas huellas juntos mientras nos ponemos al día, antes de que cada uno siga por su camino. 

Publicado la semana 32. 10/08/2021
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