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Sergio Carrillo

El momento.

Llevábamos toda la vida persiguiéndonos. Pensándonos y siguiendo la vida del otro en la distancia. Intentando hacer coincidir nuestros caminos tanto como fuera posible. Porque sí, conseguimos coincidir fugazmente a lo largo de la vida, pero nunca conseguimos hacer que durara, que fuera definitivo. Hasta que, como no fuimos capaces de que llegara ese momento, tuve que inventar uno para nosotros, que consiguiera borrar toda la infelicidad y la pena de tus ojos.

Nos conocimos fortuitamente. Teníamos unos 30 años. Estábamos en una librería del centro de Barcelona. Curioseabas en la sección de historia y yo te miraba desde la sección de novedades donde había ido a ver si estaba mi primera novela, y a colocarla en el lugar más accesible para que la vieran los posibles compradores. El flechazo fue instantáneo, por mi parte. Se me olvidó mi libro y todo lo que no fuera la línea recta entre tú y yo. Cuando ya tenías el libro en la mano y dabas la vuelta hacia la caja, me puse en medio para que tuvieras que tropezar conmigo. Así se inició nuestra historia.  

Aquella misma noche, después de la cena con la mejor conversación que recuerde haber tenido nunca, dormimos juntos. Recuerdo el momento de despertarme por la mañana y ver que ya no estabas. Y mi desesperación por pensar que ya nunca más volvería a verte. Pero una nota enganchada junto a la mirilla de la puerta me calmó: “Dormías tan plácidamente, tan indefenso, tan desnudo… y yo estoy llegando tan tarde a trabajar… aunque me hubiera quedado toda la mañana mirándote. Te dejo mi teléfono y mi email… aunque yo ya sé donde vives… llámame o vendré a cantarte una serenata y pasarás vergüenza por lo que piensen tus vecinos y por lo mal que canto… por favor, no me obligues a cantar y llámame. Un beso”.

No nos dio tiempo de iniciar una relación, fueron solo unos pocos meses, aunque fueran los mejores de mi vida. Porque a ti te ofrecieron el puesto que tanto tiempo llevabas esperando en Londres. Yo no quise ser egoísta y pedirte que te quedaras, ni tuve el valor de seguirte porque me pareció que todo estaba demasiado tierno entre nosotros y creí que quemar las etapas del enamoramiento haría que nos odiáramos el en futuro. Ay, ¡el futuro! Si en aquel momento hubiera entendido lo que era el futuro. Seguimos en contacto un tiempo, pero no encontramos el momento para que yo fuera a verte. Al final, entendí que era difícil para los dos y perdimos el contacto.

Tuvo que pasar una década para que volviéramos a coincidir en un congreso literario en Madrid. Yo presentaba mi nueva novela, en la que tú eras la protagonista. Tú estabas por trabajo en la ciudad y aprovechaste para acercarte a verme sin avisar. El momento en el que te vi con mi libro en las manos, acercándomelo para que te lo firmara, fue uno de los más intensos que haya vivido. “¿Me lo dedicas?, o tengo que cantar una serenata como la prota del libro…” sonreíste y te quedaste hasta que se acabó la firma. Conversamos como lo hicimos la primera noche que nos conocimos. Recorrimos la ciudad andando, embelesados el uno en el otro. Dormimos juntos.   

La mañana siguiente nos sinceramos. Yo ya estaba casado y tenía un hijo, aunque seguía enamorado de ti. Tú me dijiste que nunca más te habías enamorado de nadie. Por supuesto que habían pasado hombres por tu vida, pero nunca conseguiste conectar con nadie como conmigo. Pensé que aquella oportunidad no podíamos dejarla escapar, como sí la perdimos la primera vez. Que ese era el momento y estaba dispuesto a dejarlo todo por ti, y te prometí que esta vez no te dejaría escapar mientras desayunábamos. Después, feliz por volver a tenerte en mi vida, me fui a cumplir con mis obligaciones con la editorial. Un mensaje de voz de mi mujer de devolvió a la realidad: “Sé que tienes mucho trabajo con la promoción, pero tienes que volver urgentemente a Barcelona, el niño está ingresado, llámame cuando puedas, estoy muy preocupada”. Aquel tampoco fue nuestro momento.

Durante los siguientes 7 años volvimos a coincidir cada año en el mismo congreso literario en Madrid. Tú eras la protagonista de la serie de novelas con las que alcance el éxito. Cada año te acercabas a la ciudad “por trabajo” y para que yo te firmara el libro. Yo esperaba con ansias que llegaran aquellos 4 días en los que podía intuir como habría sido la vida si hubiéramos encontrado el momento en el que dejarlo todo atrás para estar juntos.

Pero como siempre, yo egoísta, no tuve la empatía para ser consciente de lo profundamente infeliz que te había hecho. Siempre en la distancia, pendiente de recibir por mi parte una llamada, un email, una felicitación en las fechas señaladas, y nuestros 4 días juntos al año… Vivir siempre pendiente de mí, olvidándote de ti y de tu felicidad.

Este año decidiste no venir a nuestra cita anual. En su lugar a nuestra habitación de hotel de siempre me hiciste llegar un diario con todo lo que había acontecido durante los últimos 20 años entre nosotros. En él me explicabas que habías llevado la vida que habías querido, que tú tomaste la decisión de estar en la distancia y no enamorarte de nadie más. Que no fue tiempo perdido para ti, pero que desde este momento necesitabas dedicarte todo el tiempo del mundo para intentar ser feliz sin mí.

Lloré mucho aquellos 4 días, pero me repuse para devolverte, aunque fuera en la ficción, todo el tiempo que me dedicaste.

Utilizando tu diario he escrito un último libro de la saga de la que te hice protagonista. En él me he dado la oportunidad de encontrar el momento que llevábamos buscando toda la vida. El antagonista de la historia, que en este caso soy yo, tras recibir tu diario entiende que llevaba toda la vida esperando a que llegara el momento, cuando para no dañarte lo que realmente debería haber hecho era no haber generado ese primer momento en la librería. Así que, otorgándome una licencia literaria, envío a mi antagonista en una máquina del tiempo a aquella librería y le ordeno que no tropiece contigo. Que solamente te observe y disfrute de tu belleza desde la distancia. Para que, aunque solo sea en la ficción, ese momento se pierda en el tiempo y puedas seguir tu vida sin que mi existencia la perturbe. 

Publicado la semana 26. 28/06/2021
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