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Sergio Carrillo

Roja & Feroz.

Esta noche lo he invitado a cenar a casa. Visto lo visto, creo que no conseguiré nada con sutilezas. Necesito ser más explícita, dejarle ver claramente cuáles son mis intenciones y, si es necesario, dárselo incluso masticado. Aunque, con la dentadura perfecta y afilada que gasta, lo que realmente deseo es que sea él quien empiece a morder de una vez. Despierta en mí un instinto animal del que ni quiero, ni puedo escaparme. Con él no pienso quedarme con las ganas, pienso desplegar todas mis armas de seducción en cuanto cruce la puerta.

Digo lo de dejar las sutilezas a un lado porque en nuestra primera cita no me funcionaron. Yo, que ya llevaba un tiempo interesada en él, me hice la encontradiza a la entrada del bosque. Con la esperanza de que él convirtiera el bosque en el huerto al que yo quería llevármelo. Pero en realidad fue romántico y tierno. Es cierto que me gustó lo bien que me trató, fue cortés y formal. Pero tanta hipercorrección, lo hizo todo aburrido, yo quería que realmente hubiera sido feroz conmigo. Pero tengo la suerte de que el chico parece que también está interesado en mí y no quiere forzar nada porque en temas de amoríos me han dicho que es ingenuo e inexperto.

Nada, que al final el plan fue cenita romántica con velas en una fonda que hay en el bosque… mucho mirarnos a los ojos, mucho acariciarme la mano… pero del momento feroz ni rastro. Así que, cuando se lo expliqué a mis amigas, para no menoscabar su fama tuve que inventarme una película que al final se me fue de las manos y que todo el mundo sabe porque se ha publicado en Twitter, Instagram y Facebook, y existen miles de versiones y memes… que si el camino más corto y el más largo, que si la abuela, que si los cazadores… en fin seguro que os habrán contado o habréis leído alguna versión.

Ya está aquí. Es puntual. Cuando abro encuentro al Feroz que yo quería ver en nuestra primera cita. Viene despeinado, con la camisa desabrochada dejando ver un pecho peludo frondoso. Se acerca y me besa en la mejilla. Huele salvajemente bien. Cuando entra, recorriendo el pasillo, puedo ver que mueve la cola, viene contento. Parece que la noche empieza bien. Le sirvo una copa de vino y le pido que se ponga cómodo.

Está sentado en el sofá, me devora con la mirada. Me pide que me siente a su lado para verme mejor. Hay entre nosotros una atracción muy fuerte de la que no puedo escapar. Cuando me siento a su lado retira con sus garras los bucles rubios de mi cara acomodándolos detrás de mi oreja dejando al descubierto mi cuello al que se acerca para olerme mejor. Yo recuesto mi cabeza en su hombro y con mis dedos comienzo a hacer remolinos en los pelos de su pecho. Entonces él deja caer su hocico sobre mi cabeza mientras me rodea con sus poderosos brazos. Puedo ver por el rabillo del ojo sus dientes afilados, que espero que use para comerme mejor. Suspira y me parece que se le escapa un pequeño aullido que ahoga entre los dientes.    

¿Qué le ha pasado? Porque no estuvo así de sugerente en nuestra primera cita. ¿Cuál es el de verdad? Mientras me dejo llevar. Éste es el Feroz con el que yo quería comenzar algo.

La cena en el horno comienza a oler bien, parece que está en su punto. Casi como aquí en el sofá que estamos a punto de caramelo. Quiero quedarme en ese calor que se ha generado en el sofá. Parece que él también. Me besa y me acaricia. Me encanta como lo hace. ¿Qué ha pasado con el chico ingenuo e inexperto de la cita de hace unos días? El calor sigue subiendo, usa sus dientes conmigo. Siento perder la cabeza hasta que juntos comenzamos a aullar de placer. Se acaba así de forma tórrida y poco discreta la escena de seducción que esta vez sí que ha llegado hasta el final.

Todo está impregnado de su olor salvaje mezclado con el olor de la cena quemada en el horno. Le propongo hacer algo de cenar improvisado o pedir algo para que nos lo traigan. Pero ese no es su plan. Sin cambiar su sonrisa de los labios, mientras se sube los pantalones, me dice que se tiene que ir. Yo no entiendo nada, ¿por qué se va si lo acabamos de pasar genial y le estoy pidiendo que se quede a cenar?

Antes de salir por la puerta me ha dicho que tenía otra cita con otra chica. También me ha agradecido que haya inventado todas esas historias sobre él que lo han convertido en el objeto del deseo del momento.

Parece ser que fui yo quien convirtió al chico educado en monstruo al engordar su ego. Con todas esas historias que inventé sobre él y que lo convirtieron en alguien peligroso pero apetecible para el resto de las chicas. Todo porque con aquellas historias lo forcé a ser como yo quería que fuera y no como él era de verdad.  

Y colorín colorado, Roja se ha quedado compuesta y sin Feroz, comiendo pollo quemado.

Publicado la semana 25. 21/06/2021
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