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Sergio Carrillo

El beso y el mar.

Mirando al techo fijamente intento distinguir el infinito de grises que producen mi vista cansada y la ausencia de luz. Es enero otra vez. Mi cama hace años que está vacía. Cuando hace frío y me siento solo, pienso en ti. Es un pensamiento recurrente al que vuelvo cuando necesito sentir el calor que se siente cuando alguien te ama. Eres el pensamiento que elijo porque no creo que nadie me haya amado, excepto tú. Lástima que, aunque peleaste por mí, yo te obligara a rendirte.

El techo se abre y comienza a entrar claridad. Dejo de estar perdido en la tiniebla de grises. Comienzo a oír el rumor de las olas rompiendo en la orilla. La brisa suave y calidad secando mi piel. La luz del sol bañándolo todo. Tú estás sentado junto a mi compartiendo la toalla. Es agosto a última hora de la tarde. Estamos frente al mar. Me miras como no conseguí que nadie lo volviera a hacer. Somos adolescentes y todo nos parece un juego, aunque en el fondo ambos sabemos que no lo es.

Te acercas y me besas en la mejilla y sales corriendo hacia el agua. Yo te sigo. Lo único que quiero es seguirte y poseer ese candor de hombre a medio hacer. La brisa cesa. El mar quieto se convierte en un lienzo de tonos cobres con un sol muy bajo desapareciendo en el horizonte. Yo te abrazo por la espalda y tú retrasas la cabeza para decirme al oído: “me gustas mucho”. Acompaño con mis manos tu cintura para darte la vuelta y dejarte frente a mí. Todos los colores posibles enmarcan ese momento lleno de luz y de vida. Te acercas a mi boca mientras acaricias mi nuca y me besas.

Aquel fue tu primer beso, mi primer beso. Beso de calor, de pasión, de amor. Beso que no vuelve nunca atrás porque ese instante fue único e irrepetible. Qué suerte haberlo quemado contigo. Qué suerte que fueran tus labios. Qué suerte que sea eterno en mi memoria y pueda volver a él una y otra vez.     

            El techo vuelve a cerrarse y vuelvo a quedarme atrapado en la penumbra. Vuelve a hacer frío. Tras volver a separarme de ti otra vez, hay días que todo me parece mentira. Hay días que parece que nunca ocurrió y que ni tú puedes curarme. Pero esta vez he notado en mi pecho algo vibrar y después crujir. Era la melancolía hecha añicos, que rugía y me pedía que saliera corriendo como una fiera a buscarte y que no te dejara ir nunca más.

            Conduzco nervioso, no sé dónde voy. Solo deseo que siempre sea agosto. Que siempre estés sentado junto a mi compartiendo la toalla. Que siempre tengas un beso para mi en la recamara y me lo dispares mientras el sol desaparece en el horizonte de un mar de fuego.

            He estado conduciendo horas hasta llegar a nuestra playa. No es verano. No hay sol. El mar está picado. El viento arrastra el agua que hiela la piel. Yo solo quería sentir de nuevo que estabas conmigo. Me desplomo en la arena y pierdo mi vista en los grises que confunden el mar y el cielo en el horizonte.

            Me sobresalta un calor conocido. Me abrazas por la espalda. Te quedaste a vivir junto a nuestro mar esperando a que volviera. Acercas tu boca a mi oído y pronuncias tres palabras: “me gustas mucho”. Vuelve a ser agosto. Vuelve a lucir el sol y a soplar la brisa cálida. Vuelves a acercarte a mi boca, mientras acaricias mi nuca. Quema de nuevo el beso que me devuelve a la vida.

Publicado la semana 2. 11/01/2021
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Encuentro - Alberto Iglesias (BSO Lucía y el Sexo)
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