19
Sergio Carrillo

Crack & Crash.

En ocasiones Mario necesitaba desenfocarse, hasta desaparecer. Esa necesidad aparecía cuando estaba realmente enfadado por algo. Porque Mario no sabía externalizar ese enfado. No sabía expresar con palabras lo que estaba sintiendo por dentro. Se hacía pequeño delante de aquel que le estaba causando ese malestar o enfado.  

Mario odiaba tener esos sentimientos, y al no poder sacarlos de sí, necesitaba distraer su mente con algo que lo calmara. ¿Cuál era la solución que Mario encontraba para volver a enfocarse? Conducir. Mario era un gran conductor, prudente y respetuoso con las normas de tráfico. Hacía trayectos de varias horas rodeando Barcelona, recorriendo las Rondas, una y otra vez, del nudo de la Trinidad a Hospitalet y de Hospitalet al nudo de la Trinidad. Cuando ya había dado algunas vueltas entraba por la Meridiana, cogía Diagonal, bajaba por Numancia hasta Plaza España y volvía por la Gran Vía. Una y otra, y otra, y otra vez.

Señales, límites de velocidad, preferencias de paso… seguir las normas del código de circulación hacía que Mario recuperara su orden interior. Que su enfado se fuera disipando, olvidando el motivo por el que se enfadó con aquella persona de turno, o con el mundo en general. Que dejara de tener la necesidad de desenfocarse para desaparecer y volviera a enfocarse para volver a ser él.

Pero cuando eso pasaba, y a pesar de que Mario volvía a su ser, reprimía una parte de él mismo. Entonces una gota de materia oscura se alojaba en su pecho, llenando un depósito que hacía tiempo que empezaba a estar casi lleno, amenazando con desbordarse.

El día en cuestión, Mario volvió a subirse al coche para dar vueltas alrededor de la ciudad. Pero aquel día era diferente, nunca había estado tan enfadado, nunca se había sentido tan ofendido, nunca pensó que pudiera sentirse tan triste. Se podría decir, aunque Mario no se lo permitiera, que aquel día no estaba enfadado, aquel día estaba muy cabreado.

Cuando dio el primer rodeo a la ciudad por las Rondas, sintió que algo no iba bien. No le importaba conducir mal, no poner los intermitentes, no ceder el paso cambiando de carril en las incorporaciones o superar el límite de velocidad… Mario estaba realmente mal. Su mente, en un bucle muy veloz, repetía continuamente la discusión que tuvo. Fue entonces cuando el depósito de materia oscura hizo CRACK. Estalló y liberó aquel veneno que su pecho bombeó en pocos segundos invadiendo todo el cuerpo de Mario.

Con todo ese veneno corriendo desbocado y sin control, Mario comenzó a hervir por dentro y a pensar qué dulce sería dejar de sentir. Aceleró, CRASH, cielo, asfalto, cielo, asfalto, cielo, asfalto, un dolor muy agudo recorriendo todo el cuerpo, ojos en blanco, silencio negro.

En esos pocos minutos hasta que empezaron a sonar las sirenas, aquella materia oscura se filtró por las heridas de Mario, saliendo de su cuerpo. Tomó su forma, lo miró y se acercó a su oído para decirle: “Solo tenías que liberarme para ser capaz de expresar tu enfadado con los demás y no dejar que se pudra en tu interior. Enfádate, expresa lo que sientes, grita si es necesario, pero sácalo de ti. Forma parte de estar vivo, si no lo haces acabas así, invadido por tu amargura, haciendo la mayor tontería que se te haya ocurrido. Me voy para que tengas una nueva oportunidad. ¡Aprovéchala y no me hagas volver nunca más!”. Salió reptando por la ventanilla rota del copiloto, y recuperando su estado líquido, desapareció por una alcantarilla cercana a la cuneta.

Todo volvió a ser como debería haber sido. El silencio volvió a tener color y las sirenas volvieron a alejarse. Sus ojos recuperaron iris y pupilas. Dejó de sentir dolor. Asfalto, cielo, asfalto, cielo, asfalto cielo. HSARC y deceleró.

Mario volvía a estar conduciendo y seguía muy enfadado, pero sabía lo que tenía que hacer. Comenzó a gritar y a dar golpes al volante. Consiguió desahogarse y sacar la parte más visceral de su enfado. Así, cuando llegó de nuevo al lugar de los hechos, de donde salió huyendo, pudo explicar cómo se sentía y su disconformidad con lo que había pasado aquel día.

Mario consiguió dos cosas aquel día. Por un lado, ser capaz de expresar lo que sentía sin crear un monstruo en su interior. Y por otro, dejar de dar vueltas a la ciudad, haciendo que sus enfados fueran, además de liberadores, más ecológicos.   

Publicado la semana 19. 10/05/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
19
Ranking
0 430 0