15
Sergio Carrillo

Playback y subtítulos.

La mujer que no sabe decir te quiero, me observa desde el otro lado de la mesa. Puedo leer sus pensamientos. Creo que ella ya se ha dado cuenta y precisamente por eso me mira con ira. Pero sus pensamientos no dejan de hacer ruido viajando rápidamente del neocórtex a la amígdala. Viajando de la razón a la lucha por la supervivencia. Adivino en el gesto de su cara que está dispuesta a defenderse con uñas y dientes, ahora que yo ya he descubierto su secreto. Pero todavía se mantiene expectante, esperando que yo haga el primer movimiento para abalanzarse sobre mi dejando ir toda la artillería. Porque ella solamente sabe enfrentarse a los problemas huyendo hacia adelante.

Es cierto que ella era así desde que nos conocimos. Pero no por eso deja de sorprenderme. Porque yo pensé que eso era solamente una fachada para no darse del todo en el primer momento. Para no mostrarse vulnerable. Pero me equivoqué, otra vez. Cuando yo ya estaba enamorado de ella hasta las trancas, y ya no había nadie más en el mundo que no fuera ella… las palabras brotaron de mi garganta con mucha fuerza: “te quiero”. Ella no supo reaccionar y corriendo hacia adelante ahogó el conato de tragedia con un beso, ahora entiendo, nada sincero.

Yo que aún no sabía nada seguí amándola, incluso ella accedió a vivir conmigo. Me hacía feliz amarla y compartir con ella mi vida. Parecía que a ella también, pero solo lo parecía. Yo cada vez tenía más necesidad de decirle “te quiero”, pero notaba que cuando se lo decía ella esbozaba un gesto torcido. No entendía entonces que estaba pasando. Me esforcé mucho por entrar en su mente, por entender que pasaba en su cabeza cuando yo pronunciaba esas dos palabras.

Cuando ya parecía imposible hacer más esfuerzos por entender, entonces pasó algo inesperado. Ella desarrolló una habilidad increíble. Al principio, yo me puse muy contento, porque por fin parecía que ella conseguía verbalizar lo que sentía por mí. Por fin, pude leer en sus labios las dos palabras. La emoción y la felicidad me cegaron, por eso tuvieron que pasar un par de semanas hasta descubrir el trampantojo.

La habilidad que desarrolló fue adivinar el momento en el que yo iba a pronunciar las dos palabras. Entonces en un acto reflejo automático, como si fuera una cantante sin voz, cuando yo pronunciaba las dos palabras ella también las pronunciaba sin emitir ningún sonido. Como si fuera un playback. Así que, en realidad, ella nunca me dijo “te quiero”, fui yo quien seguía diciéndolo. Es decir, lo que ocurría ya no solo era que no pudiera decírmelo, es que estaba fingiendo que me lo estaba diciendo. Pero aún tuve que recorrer un poco más del camino para descubrir que no solo fingía al decirlo, sino que también fingía en el sentimiento.

Se dice que el amor es ciego, pero a mí me hizo un regalo que me ayudó a abrir los ojos que me habían cerrado la emoción y la felicidad de pensar que ella pronunciaba las dos palabras. Para que terminara de entender todo lo que estaba pasando, mi amor por ella me convirtió en el hombre que podía leer subtítulos debajo de su sonrisa. Fue así como conseguí descubrir su secreto.

Fue así como conseguí saber que cuando ella decía “estoy bien, no me pasa nada”, en realidad en subtítulos yo podía leer “déjame en paz, no quiero verte”. O cuando yo le decía “te quiero”, y ella simulaba decirlo en playback sobre mi voz, yo podía leer en subtítulos “yo nunca te he querido”. ¿Por qué no lo dejé estar en aquel momento? Porque quería, y necesitaba, saberlo todo. Quería llegar al fondo y descubrir toda la verdad.

Y aquí estamos sentados en esta mesa, uno frente al otro, yo leyendo en subtítulos sus pensamientos y ella con la amígdala a punto de estallar, dispuesta a atacar. Todo porque he descubierto su secreto. Todo porque lo último que he leído en subtítulos debajo de su sonrisa es “te quiero” pero no se estaba refiriendo a mí. Se estaba refiriendo a nuestro amigo Carlos, que está cenando con nosotros, sentado a mi lado, con su esposa enfrente, sentada junto a ella. Y tiene miedo de que yo rompa la baraja y descubra todo allí mismo.

Así que la fuerzo a que sea ella quien lo descubra todo. Yo pronuncio un “te quiero” muy bajito, y sus labios no tienen más remedio que pronunciarlo en silencio, mientras leo en subtítulos bajo su mentón “te odio”. Carlos, que la está mirando, cambia el semblante, no entiende porqué su amante delante de él me hace una muestra de cariño. Se levanta airado y excusándose se va al baño. Ella sale corriendo tras él. La esposa de Carlos no entiende nada y yo me siento junto a ella y le digo: “Mira, el amor no es solo aguantar. El amor no es repetir un playback que no sientes. El amor no es forzar a quien quieres a que te confiese lo que piensa a través de subtítulos. Si necesitas playback y subtítulos para entender el amor, entonces no es amor”.

A pesar de que creo que la he dejado más confundida, por lo menos le he enseñado el inicio del camino que yo termino hoy de recorrer. El resto ya es cosa suya.  

Publicado la semana 15. 12/04/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
15
Ranking
0 200 1