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Sergio Carrillo

Aunque tú no lo sepas.

Aunque tú no lo sepas, me enamoré de ti solo 5 minutos después de conocerte. Cuando llegué a tu casa y te lanzaste a desabrochar mi camisa, yo necesité que todo fuera un poco más despacio. Te pedí que habláramos un poco y tú soltaste un suspiro en el que pude leer un subtítulo que decía “menos mal que antes quiere hablar un poco”. Me conquistaste cuando me confesaste que estabas un poco nervioso, porque no solías quedar con nadie por internet. Que tú pensabas que lanzarte de esa forma era lo que yo esperaba de ti. Te relajaste y preparaste un café. Estuvimos hablando y riendo media tarde, convirtiendo tu sofá en un bunker en el que me hubiera quedado a vivir. Y por supuesto, después de ese receso intimamos aquella misma tarde, pero para entonces ya tenía una idea de quien eras y me había quedado colgado de ti.

Aunque tú no lo sepas, desde entonces viví pendiente de tus redes sociales, para darte un like en cuanto colgaras un post. Para que supieras que estaba pendiente de ti. Me hice adicto a esas fotos que colgabas en las que estabas tan guapo y sexy. Incluso sabiendo que esas fotos te las hacía algún fotógrafo accidental, del que yo sentía unos celos terribles, por no haber sido yo quien disparara la foto.

Aunque tú no lo sepas, me rompiste el corazón después de nuestra tercera o cuarta cita. Cuando me dijiste que no querías nada serio, porque te habían hecho mucho daño. Que no querías amar para que no volvieran a herirte. Que solo buscabas alguien con quien pasar buenos momentos, un amigo con derecho a roce, pero nada más. Yo disimulé mintiéndote con un “sí, sí, claro… yo también”. Para entonces yo ya era un adicto a tus besos, a tus caricias, a quedarme embobado mirándote, a tus audios de Whatsapp a primera hora de la mañana. Me pareció entonces que, con la perspectiva del tiempo que llevábamos viéndonos, fingir que solamente quería ser, como algunos dirían, tu “follamigo”, aunque realmente yo quisiera más, era un mal menor para poder seguir viéndote.

Aunque tú no lo sepas, cuando salgo a dar una vuelta por el barrio, visito siempre los lugares en los que hemos estado juntos. Cuando lo hago mantengo viva la esperanza de que voy a cruzarme contigo y vamos a charlar un rato. Me da igual si es en el supermercado, en la cafetería o en el parque. Porque cuando nos encontramos verte, hablarte, sonreírte y darte un par de golpes en el brazo, que esconden una caricia velada, es uno de los mayores placeres que experimento desde que te conozco. Quizás porque en muchas ocasiones tu espontaneidad convierte ese encuentro casual en una aventura. Se te ocurre que hagamos cualquier cosa juntos, que cambia el rumbo del día y a mí me encanta que tu locura haga que todo se convierta en algo espectacular. Aunque lo realmente espectacular es pasar tiempo contigo.

Aunque tú no lo sepas, yo sé que toda esa locura te sirve de escape de todo lo que te hace daño. Que lo que quieres es pasarlo bien y olvidar todo lo que te duele. En ocasiones te quedas callado y con la mirada perdida, suspirando. Y como yo sé que lo que no va en lágrimas va en suspiros, en esos momentos intento ser yo el espontáneo y sacarte de tu pensamiento negativo. Cuando lo consigo, me hace feliz verte volver a la vida. Verte volver a mi lado.  

Aunque tú no lo sepas, cuando me invitas a tu casa, pulso el rec solo cruzar la puerta. Mi mente va grabando todo lo que pasa. El olor cítrico del ambientador en el recibidor. Tu sofá confortable. Las escaleras que llevan a tu habitación. Una ducha juntos con abrazos y besos en el cuello. Unas caricias cuando llegamos a la cama. El calor de tu pasión. El sudor de nuestros cuerpos. El grito de placer. El abrazo y la sonrisa para recuperarnos. Nuestra charla y de nuevo a la ducha. Salir a pasear y cenar. Compartir el postre. Y cuando llego a casa veo de nuevo la película de todo lo que ha pasado las últimas horas, una y otra vez hasta que volvemos a quedar.

Aunque tú no lo sepas, siento por ti algo que nunca había sentido por nadie. Quizás sea yo quien pueda curarte y mimarte. Quizás sea yo quien pueda poner un bálsamo en ese desengaño que te duele. Quizás yo pueda ser quien te devuelva la fe para poder confiar de nuevo y entregarte del todo. Yo estoy dispuesto a intentarlo para conseguir que seas feliz.

Ahora que ya lo sabes todo, ¿me darás la oportunidad de quererte como te mereces?

Publicado la semana 14. 05/04/2021
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