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Sergio Carrillo

Deseos de cosas imposibles.

Hoy es mi cumpleaños. Estoy mirando la vida pasar por la ventana de esta cafetería, con una taza de café en las manos. Con la corazonada de que algo está a punto de pasar. Con la necesidad de que hoy la vida me sonría y me regale algo.

Tú has aparecido en la escena que enmarca la ventana por la que ahora vivo, esperando ver qué ocurre. Pareces tan feliz, distraída, pendiente de tu móvil y sonriendo con la conversación que va entrando por la pantalla. En ese momento mi corazón ha dado un vuelco. De repente me he sentido pequeño y tu visión ha hecho que se me salten un par de lágrimas.

El destino ha querido que hoy, justo hoy, entres en esta cafetería y te acerques al mostrador para pedir un café con leche para llevar. Yo intento esconderme detrás de esta taza, que parece que va menguando por segundos. Hace dos años un día como hoy, el día de mi cumpleaños, fue la última vez que nos vimos.

Cuando los dos éramos uno, yo era el hombre más valiente del mundo, y no me escondía detrás de tazas de cafés menguantes. Me sentía invencible. Tu amor hacía que pudiera con todo. Pero esa atalaya, donde vivíamos juntos y desde donde no dejábamos que la vida pasara por pasar, se desmoronó porque te fallé. Sólo recordarlo vuelvo a sentir el dolor de la herida que abrieron entre nosotros mi error y tu tristeza.

Ya has cogido tu café, y si yo fuera el hombre valiente que conocías, ahora que sigues pendiente de la pantalla de tu móvil, podría escribirte un WhatsApp y decirte: “¡Hola!, ¿qué tal estás? Necesito hablar contigo para pedirte perdón”. Pero antes de darle al botón de enviar pienso; que cuando recibas este mensaje voy a fastidiarte el día y que esa cara de felicidad despreocupada se tornará en gesto torcido o peor, en asco. Tú no te lo mereces y yo soy demasiado cobarde. Entonces dejo te marches ajena a todo, dejando que sigas disfrutando de este día.  

Después, escondido detrás de la taza de café, pido un deseo por mi cumpleaños. Sé que este deseo obviamente no se va a cumplir, pero sería estupendo que, por una vez, se cumpliera y pudiera tomar las riendas de esta historia y reescribirla.

La convertiría en algo circular, y volvería a levantarme esta mañana en mi cama, solo, pero ¡eh! Es mi cumpleaños, todo puede pasar. Me afeitaría bien apurado, como a ti te gustaba. Tras una ducha, me pondría una camisa blanca y radiante, para que me vieras bien al entrar en la cafetería. Y antes de salir de casa unas gotas del perfume que me regalaste y que nunca más me puse.

Al llegar a la cafetería me volvería a sentar en aquella ventana, con una taza de café en las manos, esperando a que aparecieras en escena. Y tu volverías a aparecer feliz y despreocupada, pendiente de tu móvil y… sí, ¡volverás a entrar a esta cafetería! Hoy, justo hoy.

Al ir a pagar tu café, yo me adelantaría y le diría a la camarera: “Invito yo”. Y tú al girarte te quedarías un poco fría, porque no soy un extraño que te invita a un café porque tú eres tú. Soy yo, y ser yo es lo que menos te gusta de mí. Pero aceptarías sentarte conmigo en esa ventana para tomarte el café con leche, que ya no será para llevar. Y aunque yo lo desee, sé que mi error no tiene remedio y que después de dos años es imposible que volvamos a estar juntos. Pero me escucharías y me dejarías decirte todo lo que tengo que decir… y al final esbozarías una media sonrisa, parecida a aquella con la que yo soñaba y me sentía valiente e invencible. Nos acabaríamos de tomar el café, tranquilos, mirando la vida pasar desde esa ventana que no es nuestra atalaya. Sin embargo, estar ahí sentado contigo sería el mejor regalo de cumpleaños que hoy hubiera podido imaginar.

Aunque, si realmente esta historia la estuviera reescribiendo yo, y no ESE que está tecleando ahí fuera, mi deseo hubiera sido uno muy diferente. Ahora que he recobrado algo de mi valentía, mi deseo sería más osado, menos melancólico y definitivamente mucho menos conformista. ¿Por qué conformarme con que ese círculo me llevara solo unas horas atrás? Oye, ¿tú no tienes una corazonada? ¡Espabila! ¿No quieres que ocurra algo especial hoy que es tu cumpleaños? ¡Piensa a lo grande!

Volvería a despertarme en mi cama, y no estaría solo porque habría retrocedido dos años. Tú estarías a mi lado, dormida todavía. Y yo no habría hecho la estupidez que hice, no te habría fallado y no tendrías nada que perdonarme. No habría herida que curar entre nosotros.

Al despertarte me felicitarías y me besarías, justo antes de meternos en la ducha y hacer el amor bajo el agua tibia. Nos vestiríamos, yo con mi camisa blanca y tú con tu vestido de flores. Saldríamos de casa caminando juntos hacia el trabajo. Pararíamos en nuestra cafetería y al sentarnos con las tazas entre las manos pensaría, qué suerte tengo, y las palabras saldrían de mi boca sin pensarlas: ¿Quieres pasar el resto de tu vida conmigo?

De repente… toc, toc, toc... alguien golpea el vidrio de mi ventana y desvanece mis deseos. Eres tú que, a pesar de mis esfuerzos por esconderme detrás de la taza de café, me has descubierto. Con una sonrisa me miras y leo en tus labios ¡Feliz cumpleaños! Después, escribiéndome un WhatsApp me regalas un “Aún me duele lo que pasó entre nosotros, pero ¿podemos volver a ser amigos y ya vamos viendo?”. Y vuelves a entrar para sentarte a mi lado y mirar por esta ventana, desde donde hoy he descubierto que las corazonadas existen y algunos deseos quizás no sean tan imposibles.

Publicado la semana 11. 15/03/2021
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