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Sergio Carrillo

Abrazos a medida.

Echaba de menos mis brazos rodeando tu cuerpo. Tu mejilla acariciando la mía. Mi “te quiero” susurrado al oído y tu aliento cálido en mi cuello. Nuestra fragancia envolviendo el momento. Tu pecho contra mi pecho, hasta que el calor de tu cuerpo conseguía acompasar los latidos de nuestros corazones. Tus brazos tenían el don de hacerme sentir en casa.

Sin embargo, tú ya no estabas, y nunca más ibas a estar. El mundo iba a perderse tus palabras, tus gestos y tu luz. Y yo seguía necesitando que alguien me abrazara. No como tú lo hacías, porque eso era imposible. Pero sí, con las mismas ganas, con la misma intensidad, con el mismo efecto: sentirme en casa. No, no estoy hablando de volverme a enamorar, ni siquiera estoy hablando de tener sexo con otras personas. Estoy hablando simplemente de abrazos que intenten curarme, y consigan curar a alguien que los necesiten igual que yo.

Así inicié la búsqueda de ese alguien a quien le quedaran bien todos aquellos abrazos que confeccioné a tu medida. Que cupiera en la elipsis entre mis brazos y el viento escapando entre ellos. En aquel espacio en el que tú encajabas a la perfección, porque los medí, los corté, los hilvané y los cosí para que te sentaran como un guante. Para que solo fueran para ti. Para que solo nosotros pudiéramos disfrutarlos.

Por eso, como te imaginarás, la búsqueda no fue nada sencilla. Porque el estándar de abrazo que estaba buscando, el nuestro, superaba todas las expectativas. Porque estaba buscando reeditar algo único, sublime, imposible de expresar con palabras. Tanto que, aunque encontrara a alguien que encajara en el hueco que tú dejaste, solo sería eso alguien que encaja, pero nada más. Como cuando encuentras una pieza del puzle que encaja con la que tienes en la mano, pero te das cuenta de que, en realidad, el dibujo no se corresponde con el de tu pieza.

Comencé a probar mis abrazos a tu medida entre nuestros amigos. Pensé que, si conseguía que uno de ellos encajara en tu vacío, conseguiría matar dos pájaros de un tiro: abrazar a alguien a quien ambos queríamos y que no me tomaran por el loco de los abrazos. Pero era un plan abocado al fracaso desde el primer momento. Los abrazos que yo buscaba debían tener fuerza y pasión. Y los abrazos que me ofrecían nuestros amigos estaban llenos de compasión y pena. Necesitaba seguir buscando fuera de todo lo que habíamos construido juntos.

Se me ocurrió entonces encaminar mi búsqueda a la estrategia totalmente opuesta. Quizás usando redes sociales, o alguna app de contactos, conseguiría encontrar a alguien que quisiera ser abrazado. Tuve que ser muy firme y cribar bien. Desechar a los que prometían abrazos y cuando te descuidabas intentaban que todo evolucionara a un plano más sexual. Pero también tuve que deshacerme de quien se quedó colgado de mi abrazo, pero yo no sentí nada con el suyo. Yo solo quería abrazos, un nudo de brazos que consiguieran que dos corazones latieran al unísono, nada más.  

La búsqueda empezó a afectarme y pensé que era mejor dejarlo por un tiempo. Pero como tú solías decir: “deja de buscarlo y lo encontrarás”. Paseaba distraído con el móvil por el parque y me acercaba peligrosamente al borde del estanque. Cuando ya estaba a punto de perder el equilibrio y caerme, me cogió del brazo. Tiró fuerte de mi para que no me cayera y acabé entre sus brazos, mientras caíamos al suelo. Sentí algo totalmente diferente en ese abrazo accidental a lo que sentía con los tuyos. Cuando levanté la mirada me preguntó si estaba bien y después soltó una carcajada contagiosa por la situación en la que estábamos. Aquel fue el momento en el que empecé a entenderlo todo.

Mientras yo lo entendía, él cuidó de mí y confeccionó nuevos abrazos a mi medida, que era una nueva porque yo había cambiado. Entendí que mi problema era que estaba probando en otros cuerpos abrazos que había confeccionado sólo para ti, solo a tu medida. Así, era imposible que esos abrazos encajaran en ningún otro cuerpo que no fuera el tuyo. Superar los abrazos que hice a tu medida me dio la fuerza para volver a amar y sentirme atraído por quien me regalaba otros abrazos diferentes pero que también me hacían sentir en casa.   

Tomé medidas nuevas y confeccioné nuevos abrazos para él sin traicionar los nuestros, porque ya no intentaba probar los tuyos en alguien no fueras tú.  Y los tuyos los guardé con mucho cariño en un recodo de mi corazón, porque fueron los primeros que me hicieron sentir y me enseñaron como abrazar para que otros se sintieran en casa.

Publicado la semana 10. 08/03/2021
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