04
SBS

Tinta.

Raspó la piel con su uña y luego restregó su mano mojada sobre lo que le pareció una mancha de tinta. No se quitó, por lo que pensó que era un lunar, uno que no había notado en 30 años. No le preocupo demasiado, pues tenía sabido que esas marcas aparecían con normalidad a todo el mundo. Y, a pesar de lo normal que era, se quedó observándolo por un tiempo más. A la altura de su corazón, parecía el puntero de un láser, trazando la futura línea de trayectoria de una bala.  

Quizás paso un mes, de la primera vez que se dio cuenta de la existencia del lunar; para percatarse de un posible cambio. ¿Había crecido? Era posible que fuese su imaginación y la paranoia subyacente de una posible enfermedad maligna. Podía ser que solo estuviese viendo mal, ya que no tenía precisión de cuanto media en un inicio. Era solo una mancha oscura, apenas perceptible; no dolía ni picaba, por lo que preocuparse sería estúpido. Se vistió, tapando la preocupación con tela, y sus pensamientos con trabajo. Siempre a la espera de que las cosas empeoraran lo suficiente para tener que buscar ayuda profesional.

Sin embargo, su imaginación dejo de jugarle malas pasadas, y el lunar se mantuvo en su lugar durante meses. No era una molestia, ni presentaba algún otro síntoma que significara que algo malo estaba pasado en su cuerpo. Su madre le había dicho que visitará a un doctor si notaba algo más, y decidió tomar en cuenta el consejo para un futuro.

Su cumpleaños pasó con normalidad y obtuvo un trabajo nuevo, con mejor pago. Su vida circulaba sobre una carretera recta y vacía de obstáculos. Como cada mañana, se observó al espejo y, de reojo, se percató de algo extraño. La piel alrededor del lunar, en un diámetro de tres o cuatro centímetros, comenzaba a tornarse oscura. Parecía la huella dejada de una quemadura o herida sanada. No era un círculo perfecto, era como si alguien dejase gotear un líquido sobre la alfombra, muy poco a poco.

Esa mañana, pidió el día libre en su nuevo trabajo y pidió un turno con un médico. Le revisaron como es debido y, a falta de más pruebas, el doctor le aseguro que seguramente era un hematoma como cualquier otro. Pero para su tranquilidad, le enviaron a hacer unos análisis simples.

Toda la semana estuvo al pendiente de cada uno, hasta el día en que regresará al mismo doctor, para verificar sus resultados. Estaba en excelente salud, y las pruebas del dermatólogo no mostraban células dañadas o algo símil. Aunque parecían buenas noticias, y su médico las contaba con entusiasmo, no podía sentirse satisfecho. No es que quisiese estar enfermo, tan solo necesitaba una explicación que le evitará perder el tiempo observando su reflejo durante horas. 

La mancha, como un café derramado sobre el mantel, fue extendiéndose hasta lograr el tono de su piel y desaparecer. Eso aparentaba, pero él sabía que allí seguía. El lunar, mientras tanto, continuo ahí, tan pequeño e imperceptible como siempre. Como un ente que pasaba desapercibido, pero que causa escalofríos.

Como un niño que marca las venas de su muñeca con un marcador negro, comenzó a notar el oscurecer de sus vasos sanguíneos en torno a su pecho. Parecía un mapa de su sistema circulatorio muy tenuemente marcado. Quizás era su piel la que se volvía más clara y simulaba este cambio, pero no estaba seguro de nada. Obvio el doctor cuando recordó que sus análisis habían dado resultados excelentes solo una semana atrás, y decidió buscar en internet. No había nada como eso en la red, aun probando todas las combinaciones de palabras que se le ocurrían.

Dos posibles causas, era la única persona padeciendo esto o no era algo de lo que presumir en internet. 

Cerró su notebook y la apartó de su regazó, para poder acurrucarse en su cama. Era muy tarde en la noche, pero no podía parar de pensar en las miles de posibilidades. ¿Estaba muriendo? Era lo más probable.

Comenzó a volverse paranoico. Sentía picazón en toda la extensión de su pecho, sin estar seguro de si existía o solo estaba en su cabeza. Al menos una vez al día, mientras estaba solo en el baño de su trabajo, levantaba su camisa para revisar las marcas extendiéndose un poco cada día. Las notaba avanzar por su cuerpo, y oscurecerse lentamente; eso creía ver.

Dejó de hablarle a su familia sobre el tema en algún punto; a sus amigos, mucho antes. Se encerró en sí mismo, como si se preparará para que nadie le extrañara. Olvidó los fines de semana en casa de su madre, y canceló cada invitación para salir de fiesta. Se quedaba en casa, en silencio, observando el techo sobre su cama y dejando una mano sobre su pecho, intentando sentir los latidos de su corazón marchito. Trataba de asegurarse que seguía con vida, porque no creía poder darse cuenta de otra manera.

No podía confirmar cuantas semanas pasaron para que esta tinta en sus venas llegará hasta sus brazos, pero tampoco tenía mucha idea del tiempo en general. Olvido los días, las horas, y todo su entornó. Se convirtieron en un tatuaje de absoluto negro, que nacía en su corazón y se extendía suavemente por todo su pecho, hasta diluirse en finas líneas a la altura de sus brazos. El sol de la mañana que se colaba por su ventana escocía en las zonas oscuras, como si su piel fuera más sensible allí.

Ya no podía usar camisetas de mangas cortas para ir a trabajar, por mucho calor que hiciese. Ese no fue un problema por mucho tiempo, ya que dejó de ir a trabajar; manteniendo la certeza de que no necesitaría el dinero a largo plazo de todas formas. Como aceptando un final. Luego de comprar suministros suficientes, cerró su casa por completo,  negándose a atender a cualquier que tocará su puerta.

Los días eran mucho más oscuros dentro de una casa con ventanas selladas, pero se sentía menos enfermo en esa tenue visión del mundo. Cambio los focos de su casa por iluminación cálida y los mantenía el mayor tiempo posible apagados. Estaba organizando las latas de su despensa cuando notó aquella sombra pasar. Fue muy rápido, sintió el aire ser empujado por esa cosa. Creyó que había alguien en la casa, y su paranoia actual no ayudo en nada. Se encerró en la despensa, respirando como si el oxígeno se drenará poco a poco de la habitación.

Una o dos horas después, tuvo la valentía de salir a la obvia soledad de su hogar. No había nadie allí, por mucho que sus sentidos le aseguraran de que algo paso corriendo por el pasillo.

Llegó a un punto en que ya no sentía sorpresa al descubrir cuanto había avanzado. Esa mancha completamente negra sobre su cuerpo se había extendido por el resto de sus brazos y parecía una camiseta. En el dorso de su mano, comenzaban a dibujarse sus venas tan claramente.

Abrió la puerta del baño y se detuvo en seco; aun con su cabello goteando agua sobre el suelo. Podía ver por el rabillo del ojo esa cosa. Había, lo que parecía, un hombre en el marco de la puerta de su habitación, solo observándole en silencio. Sabía que no pertenecía a este mundo y no iba a robarle; eso era lo que más le aterrorizaba.

Pasaron minutos que sintió como horas, mientras su corazón se aceleraba más y más, y se negaba a sí mismo a voltear. La cosa oscura dio un paso atrás y se esfumó en la penumbra de su habitación. Fue entonces que aspiró profundo, dándose cuenta de que había detenido su propia respiración, creyendo estúpidamente que así no le vería.

No pudo dormir en la habitación esa noche, por lo que se quedó viendo la televisión hasta tarde. Durante la última semana había estado sufriendo insomnio, alcanzo a dormir solo dos o tres horas. Era preocupante, porque ni siquiera se sentía cansado. Observó su reloj y verifico lo tarde que era, pero no sentía sueño. Lo atribuyo al miedo y continúo haciendo cosas por la casa sin más.

Una tarde, mientras tecleaba en su computador, sintió esa cosa detrás de él. Sabía que estaba allí sin verle y probablemente, la cosa sabía que lo sentía. Le escuchó respirar y despeinar tenuemente algunos cabellos de su peinado. No había un solo centímetro de su cuerpo que se moviera.

El supuesto hombre dio otro paso atrás, como la segunda vez que le vio y desapareció. Exhalo todo el aire que había contenido en sus pulmones y se dejó caer hacía delante. ¿Qué demonios era esa cosa? ¿Se estaba volviendo loco acaso? Hizo lo mismo que otras veces, investigar por internet. Podían ser fantasmas que nunca había visto en años viviendo allí. Quizás demonios atraídos por su soledad y mala energía. Tal vez gente sombra que se aseguraban de mantenerlo en desgracia. No lo sabía.  

Su familia llamaba, solo les decía que estaba bien y cortaba la llamada enseguida. Sabía que les preocupaba, pero había dejado de importarle. No quería hablar con nadie, la sola idea le generaba rechazó. Pero, irónicamente, comenzó a aceptar que no estaba solo en esa casa.

Día con día, se acostumbrar a oír deambular a la sombra que vivía con él por la casa. A veces escuchaba sus pasos, sentía su mirada inspeccionar sus actividades, o sentía como se movía en la oscuridad a sus espaldas. Se volvió casi parte de su familia.

Mientras tanto, el problema bajo su piel se volvía cada vez más grande. Estaba convencido de que todo acabaría cuando completará su cuerpo, llenando sus manos, pies y cabeza de un negro mate aterrador. Sus ánimos estaban vencidos y ya no podía luchar contra eso.

Se acostó a las 11pm., luego de comer apropiadamente, como lo hacía tiempo atrás. Miró el techo el resto de horas, porque no podía cerrar los ojos. Estuvo haciendo ejercicio, leyendo, malgastando su día; pensando que así agotaría las fuerzas de su mente y físico, pudiendo dormir. Pero nada funcionaba, especialmente esa noche.

Por una rendija demasiado pequeña en la ventana, se colaba un haz de luz, indicándole que era de día. Se levantó en la oscuridad de casa, sin siquiera encender las luces de su habitación, el pasillo o el baño. Se quitó la ropa para ducharse, y abrió la regadera. Pasó su mano en su cabello y se detuvo a mitad del movimiento.

No había cabello que se deslizará entre sus dedos. Encendió la luz cálida del baño y se giró hacía el espejo. Su cuerpo era de un completo negro, tan oscuro como la nada. Centro su mirar, lleno de pánico, en el espejo y observó hacia el rojo sangre de sus ojos. La negrura lo cubría hasta dejar solo dos puntos de color rojo en su rostro. Sus facciones habían sido desdibujadas y sus dedos habían sido despojado de uñas. Su hombría era un recuerdo, mientras que su piel se había vuelto gaseosa al tacto.

¿En que se había convertido? Lo pregunto en voz alta, como si alguien pudiese responder tal misterio. Entonces, a su lado, apareció su compañero de soledad, aquella sombra que había aterrorizado sus días.

 -   ¿Cómo creías que nacía la gente sombra? –dijo a su oído.

Se dio cuenta que, ahora, eran la misma cosa.

Publicado la semana 4. 31/01/2021
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