02
SBS

Mejor amigo.

Había lidiado durante años con él, su mejor amigo en el mundo.

Desde pequeño aprendió de soledad antes de tan siquiera conocer el significado de amor. A sus cuatro años llegó él, su mejor amigo. Era un amigo absolutamente normal. Tenían sus días de juegos eternos y momentos de guerra también. Pero siempre volvían a reencontrarse los juegos, aunque los desacuerdos fuesen muchos. Él siempre tenía buenas ideas y se preocupaba de maneras que ninguna persona lo haría. Era todo lo que necesitaba, y por eso jamás sintió que podía dejarle atrás, la sola idea no había surcado su mente en años.

Lo único extraño en su amigo, podía considerarse un detalle menor; él jamás estaba cerca cuando su madre o cualquier otro adulto estaba presente. Pensaba que quizás era muy tímido para eso, y tampoco podía obligarlo. Era un niño, tan inocente e incapaz de juzgar a alguien por sus acciones, que no le prestó atención a ello.

Su mejor amigo lo acompañó en la soledad de su infancia, demostrándole que podía ser su más grande apoyo. Pero la infancia acabo, y a sus trece años, acepto que su mejor amigo no era real. En algún momento, su imaginación lo había impreso a su lado, pero no era más que producto de su mente.

De igual manera, continuaría fingiendo que caminaban de la mano durante el recorrido a casa después del colegio. Supondría las respuestas que le daría a sus preguntas más privadas. Escucharía como silbaba su canción favorita mientras intentaba dormir. Seguía siendo la única persona en que podía confiar y quien le aconsejaba cuando su mundo parecía caer. Habían crecido literalmente juntos, olvidando sus rasgos infantiles en el camino y forjando personalidad. Le debía mucho a ese producto de su imaginación.

Pero vivía en un mundo de redes sociales, por lo que no tardó en encontrar un lugar en un grupo de amigos a través de lo digital. Tenían gustos similares y, sin dudas, todos tenían ese toque de soledad en su repertorio que los asemejaba. Su amigo más preciado pasó a un segundo plano, y ya ni siquiera lo imaginaba seguido. Pronto paso días enteros sin él, semanas incluso; y aprendió a no necesitarle cuando los problemas llegaban.

Sin embargo, él seguía regresando, insistiendo en su mente, como un trauma. Muchas veces con su mejor amigo viéndole, cerraba los ojos y buscó concentrarse para borrar aquella especie de alucinación.

¿Qué haces? –preguntó él, haciendo mohines.

Quiero que te vayas.

¿Por qué? No hice nada malo. –objeto.

Ya no podemos ser amigos. –insistió.

¿Por qué no? Siempre hemos sido mejores amigos.

¡Porque no eres real!

Hubo un momento de silencio absoluto, donde se atrevió a abrir los ojos. Pero su mejor amigo seguía allí, mirándole con el ceño fruncido.

¿Qué demonios dices?

Todo se tornó una fuerte pelea. Debería de ser fácil ganar  a las conjugaciones de su propia mente, pero estúpidamente le fue imposible. Su mejor amigo enfureció, y comenzó a tirar sus cosas de las repisas y el escritorio. Incluso su computadora portátil.

Pero se fue y definitivamente esta vez.

Supuso que esa discusión era el mismo aferrándose a algo que una vez le sirvió de soporte. Él, desde muy pequeños, le entrego una seguridad que no había encontrado en ninguna parte; y asumía que le fuese difícil alejarse de ello.

Usualmente, las cosas físicas que en su mente, el mejor amigo desordenaba, volvían a la normalidad cuando todo pasaba. Pero esta vez su cuarto era un desastre, todo parecía haberse vuelto realidad. Pensó que se había vuelto loco definitivamente. Su mejor amigo había tirado la portátil, y esta seguía rota en el suelo.

¿Cómo hizo eso?

Así fue como acabó en un psicólogo. Se convenció de que el mismo había hecho todo estaba en su mente y debía convencerse de ello. Profesionales y familia le habían asegurado que era un problema menor, y actuó como si realmente estuviese convencido de eso.

Sin embargo, él regresó una vez más, tras meses de tratamiento.

Algunas noches, especialmente cuando se quedaba solo en casa, podía escucharlo andar por la vivienda. La primera vez, pensó que era un ladrón. Tomó un cuchillo de la cocina y enfrentó al sujeto en la sala. Se sorprendió de verlo de nuevo, tan claro como el día, viendo televisión.

¿Qué…? –espetó, tratando de ordenar su locura.

El sujeto lo miró pero no dijo nada. Volvió a su cuarto, intentando creer que era solo uno de sus episodios de alucinaciones, como el psicólogo lo había diagnosticado. Pero el volvía cada cierto tiempo, hasta que le recetaron medicación. La amenaza de ser internado en un centro psiquiátrico existía; se estaba librando de ella solo porque su problema no había causado daños físicos a él o a otra persona.

Los tiempos entre sus visitas se extendieron poco a poco. Logró completar dos años sin alucinaciones y se sintió satisfecho. Su vida tomó un rumbo más relajado. Salía con amigos, compartía en familia, y cada vez pasaba menos horas en el consultorio de su psicólogo.

Estaba teniendo una cita ese día, donde todo parecía ir perfecto. Por fin tenía tiempo para centrar su vida y encaminarla a algo bonito. Y entonces, lo vio de nuevo. De semblante más oscuro del que recordaba; habiendo crecido tanto como él.

Los observaba unos metros más atrás de ella. Le miró directo a los ojos cuando trazó una línea de lado a lado con su índice, frente a su cuello, y la señaló a ella. Era un peligro real, y su instinto de supervivencia se alertó.

En ese momento estuvo seguro de que ese sujeto jamás estuvo solo en su mente.

Hace frio –sonrió amable-. ¿Te parece si vamos a mi departamento?

Ella aceptó sin problemas, pero él aún podía sentir a su amigo caminar detrás de ellos por el parque. En cuanto llegaron, cerró la puerta del apartamento, quedándose con la imagen de ese sujeto caminando por el pasillo del edificio, a paso firme. Directo hacia él, como un camión a toda velocidad en sentido contrario.

El tiempo pasó, y creyó que se había marchado. No podía dejar pasar ningún silencio sin concentrarse en los sonidos, a la espera de una señal. Vieron una película, comieron algo y la madrugada llegó.

Ya me voy –anunció ella, colocándose el abrigo.

No puedes –dijo impulsivamente, con su mirada fija en la hendija bajo la puerta.

Hubo un silencio cargado de confusión por parte de ella, y lleno de miedo de él. Sin embargo, fue roto por los pasos fuera, retumbando en la soledad del pasillo. Tomó la mano de la chica y la alejo de la puerta,

¿Qué está pasando? ¿Quién viene? –preguntó ella, contagiada de su miedo.

Tragó pesado ante esas palabras, ella le estaba confirmando que esos pasos no eran producto de su mente; algo que nunca nadie había ocurrido. El compás se detuvo frente a la puerta. Su corazón se aceleraba con cada segundo. Nunca fue imaginación suya, ese tipo existía.

Soy real –dijo una voz mucho más ronca y hueca de lo que la recordaba–. Tú sabes que lo soy.

Silencio. Se aferró más a la chica, y ella a él, ambos temblando de terror.

Somos mejores amigos.

Su respiración se detuvo. La voz sonó a sus espaldas inexplicablemente.

Publicado la semana 2. 17/01/2021
Etiquetas
Amigos
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
02
Ranking
0 75 0