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SBS

Aprendizaje.

Se cree que, para ser superior, debes estar por encima de los demás y saltar el camino que todos hacen en la vida. Pero no es tan así, en especial cuando necesitas entender el porqué de los de inferior nivel. “Dios está entre nosotros”, solía decir una de sus abuelas, y no podía estar más en lo cierto.  

Todas las especies y formas de vida en su haber, habían sido experimentadas. En estos tiempos, centraba su atención en la que parecía más compleja, los seres humanos. Con 10 años aparentados, fingía las actitudes que se esperaban de él, observando y copiando las de sus pares. Había aprendido mucho de la humanidad, viviendo y muriendo entre sus manos como el resto.

Observó a la restricción que aseguraba que sus pasos no fueran más allá de lo permitido por una cadena corta, y pensó que aprendería que tan malo y cruel podían ser los hombres. Su propia madre, aquella que le concibió, fue también quien le vendió a esas personas atroces, siendo aún más cruel que ellos. Cosas muy malas le pasaban en esta vida, pero serían parte de su aprendizaje, que le enseñaría lo que debía cambiar en sus siguientes creaciones.

En una bandeja plástica descartable, un hombre le dejo sobras de comida, luego de un día entero sin alimentarlo. Hizo aparecer una libreta entre sus manos, en cuanto se vio solo, para anotar los detalles de su lección. Había vivido lo suficiente de este entorno; siendo objeto sexual,  vendedor de drogas o cómplice en algún otro delito. Los niños podían servir de muchas formas para el mercado ilegal. Se preguntó cuántos de ellos realmente regresaban a casa, o tan siquiera habían pertenecido a alguna.

Pretendió alimentarse de las sobras y espero otras horas más. La puerta volvió a abrirse y otro niño fue empujado dentro de la pequeña y destrozada habitación. Ajustaron una cadena a su tobillo, y les dejaron solos. El niño era un poco menor que él, y no paraba de llorar. Su plan inicial era quedarse hasta el final con estos malvivientes, pero no podía si había otra víctima en medio.

A cuatro patas, se acercó lo más lejos que las cadenas le permitían. Posó su mano sobre el desesperado niño y calmo sus pesares en segundos, llego paz a su mente e hizo que se sintiera seguro de nuevo.

Mathias, ¿Cierto? –preguntó sonriéndole.

¿Cómo sabes mi nombre?

Sé muchas cosas –habló con sinceridad-, pero no todo.

El niño pareció sorprendido de esa respuesta, pero su inocencia no le permitía repensar sobre lo dicho.

Quiero ir con mi mamá –dijo el humano, sin dejar de sentir ese pesar, por mucha paz que Dios intentaba darle.

Solo tienes que esperar un poco.

La precaria puerta se abrió por tercera vez en el día. El hombre que entro, libero de las cadenas al mayor de los niños y se lo llevo. Cosas malas pasaban en esa vida y volvían a pasarle cada día; pero no dejaría que ese fin le llegará a Mathias.

De repente, alguien denunció haber visto algo. Tenían una pista, un nombre, un porqué. Lugares fueron registrados con rapidez y todo iba de acuerdo a lo requerido. La justicia actuaba tan veloz como Dios podía hacerlo. En cuestión de horas, estarían tocando a la puerta de ese lúgubre escondite.

En el silencio de la noche, levanto la mirada hacia el cielo, como intentando escuchar algo.

Vienen por él –susurro en el último respiro de esta vida.  

La policía se encargó de los delincuentes, que pasarían mucho tiempo en prisión. Rescataron al niño sano y salvo, quien apenas recordaría lo sucedido. Más, insistiría en que había otro niño con él dentro del pequeño cuarto. Encontraron el cuerpo del niño, descubriendo que su madre le había vendido a cambio de drogas, siendo cómplice de su calvario y triste muerte.

Dios regresó a la vida, sintiéndose incapaz de respirar correctamente. Los médicos lucharon por mantenerle en este mundo y su nuevo hogar fue una incubadora. Dos días después de nacer, abrió sus ojos y vio a su padre por primera vez, a través del plástico y un respirador pegado a su rostro. Su madre había muerto durante un duro parto y él sería todo lo que tendría en esa vida.

Una semana después, permitieron que su padre sujetará su mano por primera vez. Estas eran las vidas bonitas, las que tenían sus altibajos pero casi siempre acababan bien. Fue bautizado con el nombre de Milagros, debido a su difícil comienzo.

Muchos pueden llegar a pensar que Dios lo sabe todo, pero el aprende de la vida como cualquier otro. Caminando entre nosotros como uno más, se pasea a sus anchas y analiza el porqué de vivir. Quizás le quedaran mil destinos diferentes que experimentar para comprender el complejo mecanismo de la humanidad, pero toda perfección requiere de un delicado pulir.

Y tal vez, un día Dios aprenda la suficiente de nosotros para salvarnos.  

Publicado la semana 10. 14/03/2021
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Dios
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