49
Ramón Cerero

Las lluvias

Nadie recuerda cuándo comenzó la lluvia. Muchos creen que debió de ocurrir por el año 72 del pasado siglo. Ese año se inundaron los edificios del gobierno y se perdieron los registros oficiales, por lo que se cree que las lluvias pudieron comenzar unos años antes. Aunque nadie sabe exactamente que día cayeron las primeras gotas.

     Cuando mis padres nacieron, treinta años después, las tierras bajas habían desaparecido y sus casas fueron las primeras en sumergirse bajo las aguas como consecuencia del desborde de los ríos. Cuando yo aparecí en escena, las tierras altas se habían convertido en las tierras bajas y la población hacía ya más de cinco años que vivía en las estribaciones de las montañas más altas.

     Durante todo ese largo periodo de tiempo la lluvia no ha cesado de caer y los más pesimistas calculan que aún pueden quedar otros cincuenta años de lluvias.

     Los más sabios recuerdan que no es la primera vez que ocurre algo así. Es evidente que ellos no estaban allí cuando eso aconteció. Lo saben por las voces de los muertos, por lo que escribieron aquellos que vivieron hace muchos siglos. Señalan que hay numerosas referencias a los anteriores periodos lluviosos en el libro sagrado y en algunos de los primeros poemas de nuestra civilización. Basándose en estas fuentes, los sabios creen que la lluvia cesará algún día, que las aguas se retirarán y que podremos bajar de las montañas y repoblar nuevamente los valles.

     Ni la generación de mis padres ni la mía ha conocido un día sin lluvia, por lo que es inevitable que contemplemos las premoniciones de los sabios con cierto escepticismo. Para nosotros, es más razonable pensar en un futuro con lluvias, por lo que urge organizar las futuras migraciones a las montañas más altas. 

     Nuestro pueblo se encuentra ahora al límite. El poco terreno en el que vivimos estará inundado dentro de cinco años. Nuestra preocupación principal es construir embarcaciones que nos permitan desplazarnos al Gran Macizo, la zona montañosa que se encuentra a menos de treinta kilómetros de nuestra localización. Desafortunadamente, a este nivel de la montaña los árboles no abundan. La mayoría de los que existían fueron talados para la construcción de las cabañas hace treinta años, cuando la población se refugió en esta zona. Así que las embarcaciones se han de construir con la madera procedente de las viviendas. Nuestra supervivencia depende de esa madera.

     Algunos de los nuestros han perdido la razón después de un período tan largo de precipitaciones. El agua de la lluvia no sólo les ha calado los huesos, sino que también se ha filtrado a través de sus meninges y les ha reblandecido el cerebro. La secta de los calados hasta los huesos renuncia a refugiarse de la lluvia y se niegan a ayudar al resto de los nuestros en las tareas de preparación de la gran migración. Muchos de estos locos juran notar como comienzan a salirles aletas. Se pasan el día sumergidos en el agua, preparándose para la nueva era acuática. Creen firmemente que los dioses quieren que volvamos a vivir bajo el agua. Los pobres imbéciles morirán ahogados cuando no quede terreno sin inundar. Pero no se puede salvar a todo el mundo.

     En nuestro pueblo vive una anciana que aún recuerda vagamente la época seca. Nadie sabe exactamente la edad que tiene, pero muchos calculan que debe sobrepasar los cien años. Esta anciana realiza todas las mañanas el mismo ritual. Sale de su tienda y se sienta bajo el aguacero durante más de una hora, mirando en dirección al Este. Con unos ojos casi opacos por las cataratas busca en el cielo gris algún signo que delate la presencia del astro Sol. Sabe que le queda poco tiempo de vida, pero no le gustaría marcharse de este mundo sin volver a ver aquel hermoso disco amarillo de su infancia. Todas las mañanas, los piadosos hijos de esta anciana le ruegan que vuelva a refugiarse en la tienda. Solícitos, le ofrecen de beber algo caliente y secan sus ropas en el fuego del hogar.

Publicado la semana 49. 12/12/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
49
Ranking
0 52 0