40
Ramón Cerero

La lazada

Una noche de verano. Todos los vecinos están sentados en la calle. Han sacado las sillas de casa a la acera. Hace demasiado calor aún en las casas. Es extraño ver las sillas y las mecedoras de casa en plena calle. Los niños nos sentamos en la acera y escuchamos a los mayores hablar y reír en las sombras, donde no llega la luz de la farola. Nuestra calle está a las afueras del pueblo. Después de nuestra calle sólo hay campo y olivares.

     A mi padre le gusta cazar. Caza sobre todo pájaros. No tiene escopeta. Utiliza redes y otro tipo de artes. Esa noche ha colocado una trampa. Durante unos minutos ha dado vueltas a uno hilo de alambre. Ha trabajado en silencio. Después ha colocado cuidadosamente la lazada sobre un poste de madera que soporta uno de los pocos cables de alta tensión que se ven en el barrio. Antes, durante varios noches, ha estado observando a su presa. Ha vigilado su comportamiento. Ha tomado nota de las querencias del animal.

     Se trata de un gato que lleva varias noches haciendo su aparición en nuestra calle, al anochecer. Nadie sabe de dónde proviene. Parece un gato asilvestrado. Durante varios noches seguidas se pasea por la calle y huye si alguien intenta tocarlo. Imposible acercarse. Cuando alguien se acerca tan solo unos pasos el gato se escabulle. Salta sobre el poste de madera y, con increíble agilidad, se escapa por el tejado de la casa más cercana. Es un gran gato atigrado, con unas manchas amarillas.

     Esa noche el gato vuelve a aparecer. Es una extraña presencia que todos los vecinos contemplan y que impone un silencio preñado de curiosidad en las conversaciones. Mi padre contempla al gato. Todo está preparado. Permanece en cuclillas esbozando una sonrisa. Parece regodearse con antelación por lo que va a suceder. De repente se precipita hacia el animal. El gato se espanta y salta al poste. En su fuga apresurada hacía el tejado no advierte la trampa. Su cuerpo se introduce en el nudo de alambre y este se estrecha cerrándose sobre su cuello. El gato se enfurruña y lucha por escapar, pero sólo logra que el nudo se cierre aún más. Mi padre corre hacía el poste. Ahora no puede dejar que la presa se escape. Si no se da prisa el gato se soltará. Agarra al animal de las patas traseras y tira violentamente. La trampa se suelta. Mi padre golpea varias veces al animal contra el poste. La vida escapa del gato. Unas gotas de sangre manchan el suelo de tierra apelmazada de la calle.

     Los vecinos gritan. Algunos lanzan exclamaciones admirativas, sorprendidos por la destreza del cazador. Mi padre aún mantiene el gato sin vida, cogido por las patas traseras. Después se aleja hacia el límite de casas y lanza el cuerpo a unas matas. Cuando regresa a la calle los vecinos han retomado su conversación.

Publicado la semana 40. 07/10/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
40
Ranking
0 38 0