27
Ramón Cerero

El descendiente (5 y 6)

5. Se da algún consejo sobre decoración.

Perdonen que interrumpa tanto lo que estoy contando, pero a uno le vienen cosas a la cabeza que es mejor decirlas y que salgan a la luz, que algún provecho pueden tener. Como les iba diciendo, esto de no haber sido capaz de terminar el famoso libro es lo que llevo peor. Y mucha casualidad es, me parece a mí, que siendo El Quijote el libro que en España más gente ha leído (algunas personas juran incluso que lo han hecho varias veces) yo, sangre de la sangre del mismo Miguel de Cervantes, sea de los pocos que hay incapaz de terminarlo. Muchas veces lo he comenzado y muchas otras lo he dejado. Y así como Antonio, mi compañero de trabajo, anda siempre dejando de fumar y nunca lo consigue, yo ando siempre tomando y dejando el dichoso libro. Por si acaso, en todo momento lo tengo a mano. Lo llevo siempre en el coche y cuando María, mi mujer, y yo nos vamos de vacaciones, se viene con nosotros. He llegado incluso a comprar varios ejemplares. Uno tengo eterno en la mesita de noche. Lo ultimo que veo antes de acostarme, y lo primero antes de levantarme, todos los días del año, es ese ejemplar azul tan bonito de la editorial Anaya. Tal es mi obsesión.

Aprovecho para dar aquí un humilde consejo a los que se dedican a la decoración. Declaro por adelantado, como dije más arriba, que no es mi intención hablar de lo que no es lo mío; Dios me libre de meterme en las cosas de otros, pero no creo que haga ningún mal a nadie que diga lo que yo he descubierto con respecto a esto de la forma en que se ha de decorar una casa. Y es que a mí, al ver ese mamotreto encima de mi mesita de noche, se me hace que produce un buen efecto. María opina lo mismo; y hasta tal punto nos gusta el efecto que produce, que pensamos poner alguno más por la sala. Bien sencilla cosa es colocar un libro encima de una mesa, de una estantería o en una repisa. Nada más elegante como elemento decorativo que un libro bien gordo, y si es posible de tapa dura, para dar un toque de distinción en una casa. Y si además se lee, miel sobre hojuelas. Digo esto porque los decoradores parecen olvidar este sencillo elemento y muchos dicen que las casas cuanto mas desnudas más hermosas. E insisten en que menos es más, y muchas otras cosas difíciles de entender y que me gustaría que algún día me explicaran. ¿Y qué me dicen del precio? Nada cuestan hoy los libros viejos, pues no tienen que ser nuevos para producir el efecto. Y el motivo por el que la gente alega no tener libros es que ya no quieren trastos en casa. Antonio, ese que se pasa la vida dejando de fumar, me contó hace unos meses que murió un tío suyo sin descendencia. Este tío suyo era hombre muy culto y al que gustaba mucho la lectura. Como hubo que vaciar la casa para venderla, Antonio tuvo que disponer de todas las cosas que contenía. Lo más difícil de colocar fueron los libros. Todo se lo recogieron los traperos menos los libros, pues decían que no tenían ningún valor y que nadie los quiere ni regalados. Y ahí le ves a Antonio haciendo viajes al contenedor de papel durante todo el fin de semana. El pobre acabó con la espalda hecha cisco y casi no podía moverse en el taller el lunes siguiente. Hasta aquí lo que tenía que decir sobre el tema estético.

6. Se pide paciencia, se reflexiona sobre las mudanzas de costumbres que trae el tiempo y se declaran ciertas sospechas:

Dicen que el papel tiene más paciencia que las personas. Yo en este punto me gustaría que no fuera así y que me permitieran añadir algo más a la reflexión expresada más arriba, sin que se agotara su paciencia, que ya hace rato que estoy poniendo a prueba. Antes de que les continúe relatando el caso objeto de estas líneas, permítanme que les hable de lo mucho que cambian los tiempos. Pues decían de Cervantes que leía cualquier papel que llegaba a sus manos, y que cualquier libro, por muy malo que fuera, decía él que tenía en su interior algo de provecho. ¡Qué diferente de lo que hoy pasa! Por un lado, tenemos a mi compañero Antonio tirando libros a la basura a peso y sin mirar en títulos ni autores, y por otro a Cervantes encareciendo incluso la más humilde hoja volandera y honrando cualquier cosa con letra impresa. ¿Son mejores estos tiempos que los pasados? No lo sé. Seguro que no para los libros…

Se habrán dado cuenta ustedes, por lo dicho más arriba, que, aunque no he leído El Quijote, si que me he empapado bien de lo que se sabe de don Miguel de Cervantes. Esto es algo totalmente normal, si lo piensan bien. En mi caso era una obligación el conocer lo máximo que pudiese de la vida de mi ilustre pariente. Además, las muchas biografías que hay de don Miguel se leen bien y son más asequibles para mí, un simple trabajador manual o no cualificado. Fíjense bien que término, trabajador no cualificado, palabra casi ofensiva, es la que emplean los poderosos para referirse a los honestos y humildes trabajadores.

Y en este punto quería parar yo. Pues, aunque aún no he llegado yo ha contar todavía como pasó eso de que me descubrieran a mí el heredero vivo de don Miguel, esto que les acabo de comentar ahora me ha dado una idea de la causa por la cual algunos envidiosos propagan que yo soy un impostor. Y dicen ahora que no tiene ni pies ni cabeza eso de que un chapista de Valladolid, que trabaja en un taller de chapa y pintura cabe el Río Pisuerga, sea el último emparentado con el escritor universal. Y dan por cierto que algún error ha debido producirse en el proceso de identificación, o denuncian que todo ha sido una maniobra publicitaria de una famosa editorial. Sospecho yo que lo que les pica a esos que protestan, a esos que siembran la confusión, es que sea yo trabajador manual, y honrado, sobre todo muy honrado. Y no les parece bien a los poderosos, a los potentados, que un humilde ciudadano sea el que tenga el honor de ser el último descendiente conocido de Cervantes. En resumen, lo que les quería decir aquí es que todo esto de que yo no soy el descendiente de don Miguel es un asunto de lucha de clases. Como lo oyen.

Pero yo voy a intentar no dejarme llevar por el enfado que tengo con todos esos envidiosos y voy a contarles el caso con un poco de orden, para que ustedes puedan juzgar por sí mismos quién es el que tiene la razón. Además, a mí no me gustan esos libros o películas que no cuentan la historia como dios manda, desde el principio hasta el final, y que comienzan por el final o por la mitad, o que le complican a uno la vida con trucos narrativos de esos tan modernos o postmodernos, y que tan de moda están. Pues si lo que se dice vale la pena, no creo yo que haya que hacer trucos ni juegos de manos cuando se cuenta lo que se quiere dar a conocer. Y me parece a mí que esos libros tan modernos y esas películas tan complicadas son como mercancía mala envuelta en papeles muy vistosos. Voy al grano.

Publicado la semana 27. 06/07/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
27
Ranking
0 31 0