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Ramón Cerero

El barco de negro casco

  

Desde que desembarcaron los extranjeros en nuestra isla reina la anarquía. Ya no se respetan las leyes que nuestro consejo de ancianos, año tras año, acordaba y aprobaba en sus reuniones. Los extranjeros, tan diferentes a nosotros, no pueden entender el valor de nuestras tradiciones establecidas siglos antes de su llegada. Ahora nuestra gente ya no sabe a quién seguir. Los jóvenes, desorientados, optan por abrazar las  nuevas ideas traídas por los hombres de rubias cabezas. Por otro lado, los mayores se afanan, quizá inútilmente, por mantener lo anterior.

   Los extranjeros visten ropajes oscuros y calzas de cuero hasta las rodillas. La mayoría tienen las cabelleras del color del fuego. Sus ojos son de un extraño color azul, signo probado de crueldad entre los hombres. Además, tienen el rostro oculto por tupidas barbas rubias que les dan un aspecto fiero que aterroriza a nuestras pacíficas gentes. Algunos adornan sus cabezas con cascos rematados con cuernos de animal. Adoran los objetos dorados y los metales rojizos. Muchos de los nuestros dicen haber visto en las grandes bodegas de su barco infinidad de objetos curiosos. Unos hablan de máquinas capaces de medir el tiempo y el espacio; otros dicen que allí se encuentran grandes animales que les permiten recorrer largas distancias, e incluso se habla de bebidas que quitan la tristeza y tienen un color rojo violáceo.

   Tras el desembarco, muchos de los nuestros, imitando a los recién llegados, cubren su cuerpo con ropas traídas por el extranjero. Las mujeres, poseídas de una extraña vergüenza, cubren su desnudez con ropajes. Muchas de nuestras hijas yacen con esos seres venidos de más allá de la barrera de coral. Fruto de estas uniones bestiales, en poco tiempo, una nueva generación de hombres y mujeres mezclados poblaran nuestras tierras.

   Nuestro templo del Gran Sol no recibe las ofrendas que se le deben por la protección de sus hijos. Los más insolentes de los nuestros, herejes de nuestra fe, dan sus bienes a los extranjeros rubios y rechazan a Gran Sol. Incluso algunos se enorgullecen de haberse unido a sus filas. Aunque entre sus gentes el jefe de los extranjeros es llamado Erik, estos herejes lo han bautizado con el nombre de Quetzalcóatl. Hablan de la profecía. Anuncian que este dios ha desembarcado en nuestra tierra siguiendo designios divinos. Consideran a nuestro pueblo como el pueblo elegido. Los traidores dicen que debemos adorar a Quetzalcoaltl y reconocerlo como nuestro único dios.

   Si las cosas continúan así, veo claramente que nuestro pueblo está condenado a la lucha y a la desaparición, como lo está todo aquel pueblo en el que sus jóvenes se enfrentan a sus mayores. Tras la llegada del barco de negro casco, la desunión, como una sierpe venenosa, ha anidado en nuestras gentes. Alertados por esta situación, un valiente comité de leales nos hemos reunido en secreto y hemos decidido que el extranjero de cabeza rubia debe morir. Esta noche, con la ayuda de Gran Sol, visitaremos al extranjero mientras duerme. Entonces descubriremos realmente si es un dios inmortal. Nuestro pueblo recuperará la paz.

Publicado la semana 12. 22/03/2021
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