48
Marc Llorente

MICROMONÓLOGOS CASI TONTOS. En boca cerrada no entran virus

Deberíamos hablar menos y pensar más. Porque cacareando no se entiende la gente, y no es lo mismo eso que dialogar con algún propósito, sin alzar tanto la voz. La vida es un gallinero infumable donde todos parlotean y quieren poner un huevo o media docena. ¿Tan difícil es un poco de calma e incluso de silencio?

Se cacarea en el hogar, dulce (o amargo) hogar, con las plumas de andar por casa. Otros cacarean en la calle sin el bozal de la pandemia en su sitio. Cacarean antes de empezar la película en el cine. Y en el teatro se cacarea cuando aún no ha empezado la representación y al terminar. Por cacarear simplemente en cualquier parte. 

Esto de cacarear parece obligatorio con pena de multa en caso de no hacerlo. También en el lugar de trabajo. El que trabaje. Para estar más entretenidos y aburrirse menos en horas laborales. ¡Cacareos y móviles del mundo entero, uníos! ¡Los cacareadores unidos jamás serán vencidos! El cacareo y el móvil nuestro de cada día dánoslos hoy y no nos impidas caer en la tentación, mas líbranos de estar callados… 

¿Qué sería del personal si nadie cacarease o mandara mensajes compulsivamente? Ahora bien, si hubiese que decir algo de verdad no se cacarearía. Se hablaría para transmitir ideas y reflexiones, que es muy distinto. O silencio. Las autoridades sanitarias advierten de que en boca cerrada no entran virus ni salen. Ni salen tampoco sandeces.

Pues sí. Deberíamos hablar menos. Pensar más y actuar mejor.   

 

Pincha este enlace de teatro  https://youtu.be/QYtWTmfR2rQ  

Publicado la semana 48. 29/11/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
48
Ranking
2 247 0