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Marc Llorente

MICROMONÓLOGOS CASI TONTOS. De profesión, sus labores sexuales

Soy prostituta, sí. ¡A mucha honra! Ejerzo esa labor porque me place, nunca mejor dicho. No porque me obligue nadie. No estoy secuestrada en un campo de prostitución. Trabajo en un club de unas cuántas estrellas. Pero podría trabajar por cuenta propia. Tengo contrato y Seguridad Social como cualquier trabajadora. O en mejores condiciones. También existen irregularidades en determinados clubes, sí.  

Sin tener una marcada vocación hacia este oficio, tomé esa decisión y me defiendo notablemente. No me siento en condiciones de esclavitud. Una está bien considerada. No todo el mundo puede decir lo mismo. Qué quieren que les diga… ¡Nadie abusa de mí! El respeto mutuo es la norma de la casa. Otra cosa muy diferente es la explotación sexual pura y dura. Un delito que debe perseguirse, por supuesto.

No es mi caso, ya digo, ni el de otras compañeras, lo cual no quiere decir que no exista. De manera que no quiero que me salven. Ni pretendo tener otra profesión. Gano un buen sueldo, tengo tiempo libre… ¡No! No prefiero fregar escaleras ni limpiar habitaciones, con todos mis respetos a las señoras de la limpieza. Ni trabajar en una oficina por la mañana y por la tarde. Francamente, no me encuentro mal así.  

Es verdad que tal vez sería mejor haber sido ministra o tener algún otro alto cargo. Pues no. Y aquí está una con lo suyo, que no me meto con nadie. Es preciso la descriminalización. Sentirse más protegidas y con mayor dignidad. Pertenezco a uno de los sindicatos de trabajadoras sexuales, constituido legalmente, y reclamamos nuestros derechos laborales, sociales y sanitarios en un adecuado modelo de prostitución. ¿Esto no es también feminismo?    

Lo que tienen que hacer los abolicionistas es ocuparse de sus problemas y escuchar nuestras voces. Prohibir la prostitución no significa que desaparezca. Existirá siempre de todas formas. Por eso es mejor que exista en las mejores condiciones para todos. Unas lo hacen por imperiosa necesidad, inmigrantes o no, y otras lo hacemos porque nos da la gana y porque hay que vivir, claro.  

Eso sí, bueno es erradicar la pobreza y la precariedad para que las que quieran dejarlo tengan alternativas reales. Que se deje de identificar prostitución con trata de mujeres. Con la necesidad de ser rescatadas de la explotación, las amenazas, la violencia o las drogas por parte de organizaciones criminales. De mafias que trafican. Repito. Yo ejerzo libremente. No se debe criminalizar a todo el colectivo, a la clientela y generar odio.   

No queremos que suplanten nuestra voz. Sabemos decidir por nosotras mismas. ¿Somos mercancía que se vende y se compra? Todo se compra y se vende. Todos lo somos de alguna manera. ¿Ustedes no? Hay tantas formas de ser explotados… Por cierto, los clientes suelen ser tipos normales. Ni monstruos ni ángeles. Buscan compañía y algo más. No somos mujeres perdidas, ni víctimas. Y no digo que no las haya.

Cumplimos una función social y creo que hay cosas más sórdidas. No quiero que me protejan de un enemigo fantasma. Es indudable que cualquier crisis económica hace que más mujeres se dediquen a esto. El confinamiento puso todo muy difícil. Muchas quedaron desprotegidas. Y la vuelta a la normalidad tampoco va mucho mejor para más de una. La cuestión es que soy trabajadora sexual. ¿De acuerdo? ¡Pase el siguiente!   

 

Pincha estos enlaces de cine 

https://youtu.be/tUjTEzq7ROU  https://youtu.be/dnYA6mj9hDU 

Publicado la semana 40. 05/10/2021
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