45
Manuel Avilés

Los muchachos que detestan que sus gatos se orinen en la ropa

-¡No chingues, Ariel! ¿Otra vez?

-¡Otra vez qué! ¡Otra vez qué!

-Pues otra vez me measte la ropa.

-¿Cuál ropa?

-Mi sudadera guinda. Anoche la dejé sobre el sillón.

-¿El trapo mugroso?

-No es un trapo, ni está mugroso, Ariel.

-¡Pues huele a basura!

-Basura la que tiraste ayer del cesto de la cocina, ¡Pinche gato cabrón! Como si no te diera de comer.

-Me das de comer basura, basura tan asquerosa como el trapo que te oriné en la madrugada.

-¿Ya ves que sí measte mi sudadera?

-¿El trapo mugroso? Me confundes, tonto, me confundes.

-¡Cálmate! Sabes que no es bueno para tu salud comer papas fritas todos los días, además tus croquetas son de primera, me cuestan un ojo de la cara.

-Pues cómetelas.

-¡Eres un gato grosero, cabrón! Además, ¿qué necesidad tienes de orinarte en “los trapos” si tu arenero está limpio?

-Si muy limpio está, ¿por qué no te meas tú en él? Y de paso, empanizas ahí las croquetas de que tanto haces alarde, y te las comes.

-Ariel, ¿qué pedo contigo? Antes no te ponías así, y digo, nunca te he exigido que seas cariñoso, mucho menos limpio, pero ¡no manches! De un tiempo para acá estás bien agresivo y vulgar. ¿No será por esos pinches gatos callejeros con los que te vas en la noche?

-¿Quiénes? ¿Mis peones?

-Te digo.

-Tranquilízate, Rafaela.

-¡Cállate, cabrón, soy Rafael, no Rafaela!

-Y si me voy de pinta con esos vatos, es porque tu casa es tan aburrida como los guiones que escribes.

-¡Cállate! ¡Cállate!

 -Además, mira, tanto el Limón, como la Chabela agarran la peda conmigo y nos la pasamos bien. Agradece que te vengo a visitar, porque ya me enteré que la semana pasada andabas como estúpido pegando carteles en los postes por mi supuesta desaparición, ¡Ja, ja!

-¡Te dije que te callaras!

-¿Son lágrimas?

-¿Por qué eres así? Me atacas como si fuéramos enemigos. El pedo nada más es que te meas en mi ropa, cuando no debes hacerlo.

-Otra vez a joder con los trapos.

-¡Que no son trapos!

-Mira, Rafa, yo jamás pedí que me robaras de los acaudalados señores que me tenían en posesión hace tiempo;  los que limaban mis uñas todos los días y alimentaban mi preciado estómago con salmón y Acqua di Cristallo.

-¡Ariel, te rescaté del basurero!

-¿Cómo podrías rescatarme del sitio en el que vivo ahora, si tú vives en él?

-Me decepcionas, Ariel. Estoy arrepentido de haberte adoptado.

-¡Adóptame esta! ¡Ja, ja!

-Si me lo permites, lavaré tus porquerías y me pondré a escribir.

-¡No seas imbécil! Te acabo de hacer un favor, mi orina hará de tu “sudadera guinda” un imán de pasiones. ¿Y para qué mierda vas a escribir? Ni te pagan.

- ¿Tú como sabes…¿Cómo? ¿Tu meada en mi sudadera…

-Sí, tonto. Estás tan wey que haces caso omiso de los significados de mi fisionomía y los procesos biológicos de la misma. No has notado  que te estoy agradeciendo algo.

-¿Qué? ¿La comida?

-¿Tu estúpida basura?, no.

-¿Entonces?

-Que me buscaras, pues. En mi diálogo con Chabela, notamos que eras tan patético…tómalo como…mmm…sentí lástima por ti.

-¿Me quieres, Ariel? ¿Es eso?

-¡Iluso!

-…

-Vete a escribir, yo termino de lamer los trastos, ¿te parece?

-¡Ariel, no manches! ¿Gracias?

-Por cierto, ¿no lo has pensado?

-¿Qué?

-¿Cómo mierdas puedes comunicarte conmigo?

-No lo sé, usualmente me hablas y yo contesto.

-Los gatos no hablamos,  supongo que estás loco.

-Lo dudo.

-Bueno, pues ve a tu maldito escritorio.

-Gracias, Ariel.

-Miau.

Publicado la semana 45. 08/11/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
45
Ranking
1 119 0