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Manuel Avilés

Parto natural

                                                                        Para Mimi

 

Mucha era mi esperanza de tenerte pronto entre mis brazos, pequeña creatura de Dios. Sabes bien que si te caes siete veces, te levantas ocho, o por lo menos eso se dice entre dientes. No alardeaba con ser la mejor madre del mundo, ni siquiera que fuera yo “el ancla que sostuviera tu vida”, pero mis ganas eran latentes; tanta publicidad maternal en televisión, y vecinas fodongas llorando en los festivales de primaria, poco a poco van enterrando la espina. Puedo asegurarte que en la medida de lo posible, siempre estuve preparada para ti, digo, no por nada a mis 21 había consolidado la mayor parte de mi preparación académica, los medios no me faltaban y tenía, en virtud de tu difunto progenitor, una perspectiva maravillosa de la vida familiar que mis padres tanto me acervaron.

Si te digo que fuiste producto de la casualidad, estaría vomitando, mitómana, en las líneas que trazo como preludio. Te intentamos torrencialmente más de 250 noches y 112 mañanas. Entre sollozos y llanto, encapsulé dentro de mi alma el amargo pesar de la imposibilidad, pero todo a su tiempo, mi amor, que lo mejor de la vida no se planea, simplemente sucede.

Me remito de compartir la felicidad de saberte, milimétrica, coexistiendo, al final, como un ser vivo en mi interior, tú lo sabes perfectamente, la industria médica lo sabe, no hay sentimiento que a partir de ese día, un 17 de febrero, dejara de ser ajeno para ambas. Más prudente es consolidar la justicia celestial que con trabajo constante, ilusiones truncas y testarazos semiperpetuos llegó para entender que los caminos de lo indivisible y la realidad abogan con eufóricas alegrías…agridulces alegrías.

Creciste en mi vientre cual árbol de bambú en territorio fértil. Pude darme cuenta del tabú y el beneficio del cuchicheo local: Ni las patadas son dolorosas, ni el vaticinio enfocado al sexo, preciso. “Que la barriga redonda es machito, y que la alargada, hembrita”. No somos vacas, hermosa, tampoco conjeturas apostadas en la minuciosa baraja del hablar de la gente. Somos lo que somos, y existimos porque no queremos, pero así las cosas, la felicidad es la antesala de la muerte.

Esa madrugada, un agudo dolor me despertó, estaba soñando contigo, tenías unos ojos enormes, cabello rizado y pequitas en la nariz; tus manos diminutas embelecían mi felicidad y se entrelazaban con mis dedos, eras perfecta. La primera contracción retumbó profunda en mi vientre y me hiciste desprender un alargado grito de dolor. No desangré, mis piernas se petrificaron y mi alma salió volando de la cama, directa al frío suelo de mi habitación. ¿Por qué te aferrabas, sol de mis ojos? No era necesario que escaparas de la placenta por tu cuenta, que para eso está tu madre, mas debí suponerlo, serías una trotamundos que va en contra de los arroyos del hombre. Siempre hacia arriba, nunca hacia abajo. Diste una maroma sobrenatural que te impulsó por donde debías, siguiendo el camino del cielo. Utilizaste tus dedos prodigiosos al notar que mis intestinos estorbaban tu paso. No los necesito teniéndote a ti. Aguantaste la respiración y te deslizaste con toda la fuerza que tus brazos delicados permitían para desgarrar el decenar y medio de músculos que llevaban hacía el hígado y posteriormente, a mi corazón, el que hasta los últimos segundos siguió latiendo para ti. Eres la caminante del sol, amada hija mía. Tus precoces piernas se las arreglaron para sostenerse del cuerpo infestado de sangre. Un salto más, un salto más. Llegaste a mi garganta, mi cielo, ¡Tú puedes!, ¡Resiste! ¡La tráquea! ¡Rompe el pliegue! ¡Continúa, por favor! ¡Te regalo mi vida!

Llegaste a las amígdalas y mi lengua no gesticuló palabra alguna, ahora es tuya. Tus manos desgarraron mi boca flexible y tu cabeza salió, mis dientes volaron. Tu cuerpecito es libre ahora.

Es nuestro destino, todo está escrito. Un alma más, un cuerpo menos. Mucha era mi esperanza de tenerte entre mis brazos, pequeña creatura de Dios, pero las cosas son así, ahora eres tú quien me abraza. Es tu herencia, corre con mi fortaleza, y de tu padre, mejora tu capacidad de escapar.

  

 

Publicado la semana 4. 25/01/2021
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