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Manuel Avilés

Sudor Agridulce

- ¡Gracias, María Fernanda! Sé que pronto ya no tendré voz para decir esto.

 

-La decisión fue tuya. Fuiste el hombre de letras, el de las palabras tibias…de imágenes sin acción. Es un buen momento para recrear lo que imaginabas.

 

-Sí, aun así, gracias. La calidad de mis historias sin sentido moró y morará siempre en ti. Gracias por ser el producto de mi eyaculación precoz, la magia de mis noches con ron blanco, mi droga, mi maldita enfermedad sin cura.

 

- ¡Calla!

 

-No, ojalá que mi alma desnuda permaneciera contigo en el charco que pisabas la tarde de junio en que te conocí. No hay más cólera en un corazón, cuya sangre escapa por el orificio de los años…por el hueco de la melancolía.

 

- ¡Calla!

 

- Ya no importa. Es mi alma arrastrando este cuerpo. Es momento, ¡hazlo! Pero por amor de Dios, hazlo en la yugular, justo donde culminará lo que nunca comenzó. ¡Mátame y vete!

 

-Lo haré, amor mío, pero en el vientre, así el cuchillo prolongará tu agonía las siguientes doce horas.

 

Publicado la semana 39. 27/09/2021
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Género
Relato
Año
I
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39
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