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Manuel Avilés

Hoy me di cuenta de algo

Todos suelen ser individuos tontos, me sumo:

los lentos, los cabizbajos, los cerdos,

los que entre canciones y poderes secos,

hacen lío, hacen morbo.

 

¿Pero qué si "el soneto?”,

que si “verte puesta en un camisón que no encaja”,

que si la pauta vive en una maldita caja,

hay consuelo,

y el que con suelas se moja, no sabe, no sabe nada.

 

No digo que predicciones me hagan de recomendarme,

ni siquiera soy quien me recomienda.

Tómalo de manera falsa, busca al gendarme, al hacendado,

al que sirve de recomendaciones lustres.

 

¿En serio debo volver?

¿Acaso por no entender renglón pasado?

 

No, yo sé que no.

Pero sé que es por los diálogos que hoy, con mi sensata, con mi cómplice directa,

según creo,

sucumben a la situación primera.

 

Tal por cual, es manifiesto,

ni de situaciones banas,

sin saber la “S” mayúscula,

ni las canciones buenas para las situaciones buenas.

Es por la situación, quizá, reitero.

 

Así pasaba antes, y lo presagio sin recelo.

El hielo, el hielo, el hielo.

Las partes, las partes, el hielo.

No es lo mismo con sentidos huecos.

 

Recuerdo una milésima de lo que me hizo querer la milésima parte de las mil, y punto mil, partes de esto,

pero se va,

se mete al río.

 

Quiero volver a Dios, es malo,

es malo Dios, es malo lo que quiero.

Adopté la maldad como fundamento principal.

 

Pero vienes tú, nuevamente.

Juegas a lanzar piedras sobre la laguna,

imaginando que son patos que saben volar.

Una vez aprendimos que si observamos,

otra vez no habrá patos voladores.

 

Los vampiros no se enamoran,

los humanos no se enamoran,

¡Qué terrible paraíso!

Los ángeles son seres solitarios y bellos.

 

 Pero “el soneto”, pero si nada.

Ojalá tanto él, como el relatillo común pasaran de largo.

¡Extraño tanto el bolígrafo de Satán!

 

De ahí todo. Vuelve, no vuelvas;

de las partidas y los recuerdos, vivo;

de lo que se hace, de lo que se dice, de lo que se promete, vivo;

de lo que se promete, cuando se dice que se hace, muero;

de lo que vuelve, cuando no vuelve y se dice que es todo, renazco.

 

¡Otra vez no! ¡No, otra vez!

¡Otra no!, ¿Ves?, ¿Ves que otra vez no?

No, las veces ni siquiera se ven cuando el ciego también es mudo,

y es mudo por vez primera,

y por vez primera hace con lo que ves, y al mismo tiempo con lo que te cuesta ver.

 

Todo es eterno cuando no te encuentro:

amigo, pareja, hermana,

llaves fuera del llavero.

 

Siempre cambié títulos a mi antojo, y hoy cambié la última débil por la segunda fuerte;

me da fortaleza;

de algún modo, el “man” fue con mi personalidad, antaño.

 

Has de saber que no eres todo,

eres uno;

y precisamente, al uno es al que busco,

y al que busco, te lo juro encontraré antes de que la noche se apague,

pero no me buscas, y yo, sí. De eso me di cuenta hoy.

Publicado la semana 38. 21/09/2021
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Poesía
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I
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