32
Manuel Avilés

Tarjeta de Cumpleaños

Justo antes de que el amanecer sedujera a los indicios medianos de una tierra humedecida por el sereno, Joaquín abrió los ojos y miró el techo de su habitación. Estaba de un excelente humor, mosquito alguno hizo acto negativo de presencia durante la madrugada. La temperatura ambiental pintó perfecta para una velada deliciosa: ni fría, ni caliente; ni turbia, ni agobiante.

Joaquín se levantó de la cama, el gallo cantó y un chorro de agua, bajo una regadera recién comprada, le acarició la melena lacia, recorriendo su cuerpo hasta llegar a los pies. Los elementos vitales guardan una sensación espontánea cuando la cabeza calla, sino pregúntele al diablo.

Una vez con ropas de formales colores puestas, Joaco, como le decían los pocos allegados, consumió un desayuno rico en carbohidratos, aseó su dentadura blanquizca y salió de casa, no sin antes revisar el buzón mudo que alojaba el verde y frondoso jardín que construyó, solitario, un par de semanas antes. Sonrió, dio la vuelta, y sus pies calzados con material de cuero marcharon hacia el horizonte.

Domingo fue el día anterior. Se le hizo raro recibir cuatro llamadas telefónicas cuando el dicho popular determina que el séptimo, el sagrado, es en el que todos permean en el núcleo de lo confortable, sino pregúntenle a dios.

La primera, muy temprano, era del hospital. Todo estaba bien, la madre estaba bien, error de la enfermera. Hay que aprender a no confiar en las predeterminaciones de un seguro social y sus deficientes colaboradores, sobre todo cuando se trata de un tumor maligno.

La segunda, menos temprano, vino de un fulano irrelevante. Año, tras año; semana, tras semana; mes, tras mes; Joaquín fue un tipo solitario, desprendido de la cruel banalidad de la recurrencia social. A las 12:35 del día, Michelle, una vieja mejor amiga de la infancia, le pidió apadrinar a su primogénito. Digo, el tiempo suele ser paciente, Joaquín lo sabe.

La tercera, la que parte de la constancia, viene de Lolita, la mujer que implícita en un enamoramiento romántico del protagonista en mención, ha sido cortejada durante 15 semanas. A veces llega la oportunidad. A veces la séptima opción es la que vuelve el romance, antes dicho, en verdadero romance. Joaquín casi muere de alegría, pero un sentimiento guardado en sus adentros le inhibe de ser expresivo. Ha conseguido una cita para el fin de semana siguiente. Quizá, incluso el séptimo, el del verdadero romance, merece una oportunidad.

La cuarta amerita signos de admiración: ¡Por fin SELE CORP. Y ASOCIADOS devolvió la llamada! Existe un interés muy amplio para alojar a una persona con las íntegras capacidades de Joaquín en el interior de su organización. Vístase adecuado para la entrevista, y de paso contemple que es probable que se quede desde mañana.

La regadera fue un valor agregado que surgió de una oferta manifiesta en la publicidad de la madrugada, por supuesto producto de la emoción. El traje formal y los zapatos de cuero sí fueron planificados. Cena ligera. Repelente de insectos. Alarma matutina que será sustituida por un espécimen poseído por el vecino amante de las apuestas. Ilusiones que se cierran paralelas a los ojos.

Por la mañana, minutos después de partir hacia al horizonte, Joaquín ha de ser despojado de sus posesiones antes de haber tomado el autobús. Luego, considerando el nerviosismo que el precoz y desviado adolescente  emerge con su primera vez, Joaquín ha de morir desangrado a causa de 4 puñaladas en el pecho.

Quizá no valga la pena mencionarlo, pero por la tarde el buzón que alojaba el verde y frondoso jardín que construyó unas semanas antes, tendrá dentro de sí dos o tres tarjetas de cumpleaños.

     “¿Una apuesta por Joaquín?” Preguntó el diablo a dios, y ambos se rieron a carcajadas.    

Publicado la semana 32. 09/08/2021
Etiquetas
Enrique Serna
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
32
Ranking
2 275 0