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Manuel Avilés

Líneas de mariposa

Eran tono cenizo, casi al punto de tostarse. Un par de alas decoradas con manchitas pardas, atadas en el pedestal de un invierno crudo; alas que decaían como su voluntad de volar. Dos alas cansadas por la incertidumbre, alojando polen sin matiz ni brillo. Alas pálidas y muertas, alas sin gracia. Alas que dejaron de posarse en el viento mecedor de notas, por caminos salvajes y nuevos.

 

Las alas de una mariposa Monarca, quien terminó en el sigilo y la torpeza, en la impotencia del que vuela queriendo a su vez arrastrarse.

El verano le otorgó un brote de fe para fortalecer sus patas y que aprendiese a caminar, pero la insensata tormenta hundió sus pasos en fango una y otra vez.

 

Todos los días sobornó a la vida con migajas de dicha anestesiada y en las tardes de ocio y ansiedad se perdió en la estela burda de pensamientos de llanto y resta.

Entró  en el coma de la soledad sin repudio y en un soplo irreversible de iracundo delirio dejó caer su espíritu en un charco de agua salada.

 

(La noche era calurosa, había estrellas y un puñado de mosquitos en esporádico tránsito. Derrotada por la duda y el complejo, se desplazó al árbol que la vio nacer. Posó su cuerpo a un lado de la bellota y, sin dar retroceso ni prórroga a la duda, cerró los ojos y se transformó en oruga).

 

Publicado la semana 25. 21/06/2021
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