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Manuel Avilés

Diálogos al costado de un río apestoso

Hay cosas que nunca suceden, y si suceden, posiblemente ocurrieron al revés, en tiempos sin medición, o con la sombra de espacios en donde ahora construyen enormes rascacielos.

 

-No digo que la familia no sea importante, Memo, pero siempre es bueno comenzar a sembrar tus propias semillas.

-Pero apenas tienes 19.

-¿Y qué?

-Pues yo tengo 19 y no creo que deba de sembrar nuevas semillas.

-Lo estás haciendo ahora, conmigo.

-¿Sembrar semillas significa fumar cigarros contigo a un lado de este río apestoso?

-No se trata de fumar cigarros  a un lado de este río apestoso. Tú lo has dicho, los fumas conmigo.

-Lo entiendo, pero quizá el problema esté en tu familia, ¿no te gusta?

-La amo.

-¿Entonces?

-Por eso necesito sembrar nuevas semillas.

-Eso no lo entiendo, Olivia. ¿Te paso otra cerveza?

-Sí, ¿cuántas quedan?

-Cuatro.

-Menos mal. ¿Ya notaste que dejó de molestarnos el aroma del río?

-A mí sí me molesta.

-¿Y entonces por qué estás aquí?

-Porque tú estás aquí, y no por eso estoy sembrando cilantro o pepinos contigo.

- ¡Ja, ja!, ¡eres un tonto! Quizá tú no te das cuenta, pero no es necesario decir que siembras algo para que ya lo estés haciendo.

-¿Qué pasa entonces si llueve y el agua echa a perder las semillas?

-La sequía también puede echarlas a perder.

-¿Preferirías morir ahogada o calcinada?

-¡Atragantada con un pepino!

-¡Ja, ja! Si pudiera elegirlo, elegiría morir en casa.

-¿Los extrañas mucho?

-Un buen.

-No deberías, Memo, de cualquier modo los ves dos veces por año.

-Lo sé, a lo mejor me precipité demasiado.

-Además estás sembrando tus propias semillas.

-No creo ser un buen agricultor.

-Puedes serlo, y si lo piensas, esa precipitación de la que hablas fue responsable de que nos conociéramos.

-Bueno, tienes razón, con nadie más  podría disfrutar de la pestilencia de un río como este. ¿Me prestas tu encendedor?

-Toma, y esconde bien eso, no pueden vernos fumando.

-De hecho no pueden ni vernos juntos.

-Las semillas no se pueden injertar hasta que son plantas.

-¡Tú y tus pinches semillas!

-Alguna razón tendrán para no querer vernos juntos.

-Supongo que tienes razón. Por cierto, deberías  de estudiar botánica o una de esas cosas en lugar de comunicación.

-Si no sé de comunicación ¿cómo podré expresarte mi amor por las semillas y las plantas?

-Hablando, Olivia, hablando.

-¿Has visto a una semilla hablar?

-Pero tú no eres una semilla.

-De eso se trata, no necesitas escuchar a una semilla, sólo regarla lo suficiente y darle sus buenas dosis de sol.

-Tú tratas de hacerme pendejo sólo porque no te entiendo.

-¿Has visto a una semilla tratando de entender?

-¡¿Ves?!

-¡Ja, ja! Pásame otra cerveza,  por favor.

-Toma.

-Y tú, ¿planeas estudiar algo un día?

-No lo sé aun, quizá cuando tengo 24 ó 25.

-Pues entonces tú estudia botánica y yo comunicación para que podamos entendernos.

-No me gustan las plantas, sobre todo éstas que me pican las piernas con sus espinas.

-Pero sí te gustan las frutas.

-Obviamente. Y no necesito saber cómo crece una manzana cuando la puedo comprar en el mercado.

-¿Te gustaría tener hijos?

-¿Eso qué tiene que ver?

-Contesta, ¿te gustaría tener hijos?

-Pues, supongo que sí, no había pensado en eso.

-A mí también, me gusta pensar en la trillada metáfora de las semillas y los hijos.

-¿Y crees que serías una buena madre?

-No existe fruto bueno que provenga de un mal árbol.

-¿…ni fruto malo que provenga de un árbol bueno?

-Eso sí lo dudo, por eso aprovecho ahora que todavía no me convierto en un árbol con chanclas y tubos en la cabeza.

-Creo que eso sí lo entendí.

-¿Viste? Te estás convirtiendo en un botánico experto, ya hasta siento que me gustas.

-Supongo que de ahí parte el que quieras sembrar manzanas conmigo. Tú también me gustas, y mucho.

-No dije que tú me gustaras mucho, sólo me gustas y es agradable sembrar recuerdos con la gente que te gusta.

-¿Te parece que juntos podemos sembrar recuerdos agradables?

-Mi respuesta se encuentra quitando la interrogante de tu oración.

-¿Cómo?

¡Si, tontito! Creo que podemos sembrar recuerdos agradables.

-Quedan dos, cada quien una, ¿te parece?

-Destápalas.

-Están por terminarse los cigarros, habremos de ir por otros, ¿no?

-Ya casi obscurece, quizá ya no hagan falta.

-Está bien, Olivia. Si pude entenderte algo, creo que  piensas que las semillas no duran para siempre, ¿verdad?

-Tú lo has dicho, pero nadie puede arrancar la imagen de una semilla bien sembrada en el pasado.

-¿ Y eso en que nos convierte?

-En testigos, Memito, sólo en eso.

-Tengo muchas ganas de besarte.

-Hazlo.

-Lo haré

-Y apresúrate porque mi padre comenzará a buscarme en un par de minutos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado la semana 21. 24/05/2021
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