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Lucía Belvis

PIDE UN DESEO

Aún me acuerdo de ese día en el que estábamos en la cima de la colina, observando las luces de la ciudad, imaginando cómo serían las vidas de las personas que habitaban esas minúsculas casas que nosotros podíamos tapar con un dedo. Esa noche nos sentíamos invencibles e infinitos, aunque supiéramos que nuestro tiempo juntos iba a ser efímero… todavía pienso que esa noche junto a ti no se ha acabado. Nos recuerdo tumbados en la hierba, observando el interminable e inconmensurable universo que se extendía sobre nuestras cabezas con una sonrisa en los labios. Tú tenías estrellas en los ojos. Apartaste tu mirada del cielo y me dijiste:

            -Pide un deseo.

            -No hay ninguna estrella fugaz a la que pedírselo.

            Respondí.

            - ¿Cómo qué no?

            Dijiste poniéndote en pie y asombrándome de la hermosa vista que apareció ante mis ojos. Tu cabello tan blanco como la luna que estaba a tu espalda y tu escuálido y bello cuerpo resplandeciendo bajo su luz.

            -Yo seré tu estrella fugaz. Me iré pronto para poder hacer realidad todos y cada uno de tus deseos. Por favor, cuando mi cuerpo ya no esté aquí contigo, cada vez que veas una estrella surcando el cielo, recuerda que seré yo, pasando para escucharte. Vamos, pídeme lo que quieras, cuando vaya a reunirme con los cuerpos celestes, haré tu deseo realidad.

            -Pues yo sólo quiero que te quedes siempre junto a mí.

            Dije con lágrimas en los ojos. Tú volviste a tumbarte y me miraste con esos verdes ojos tuyos, que hacían que mi cuerpo temblara de la cabeza a los pies sin poder controlarlo.

            -Veo que todavía no lo has entendido. Puede que la distancia que nos separe cuando me marche sea muy muy grande, pero yo nunca voy a abandonarte. Te quiero demasiado como para dejarte sola, estaré allá arriba, en Plutón, Saturno o Marte, observándote desde allí, cuidándote y amándote.

            Tus brazos me rodearon entonces, creando el único lugar seguro del mundo, un lugar al que nunca podría regresar.

            -Está bien, entonces sólo quiero que cumplas tu promesa de convertirte en mi estrella fugaz personal, en mi ángel de la guarda.

            -Ya sabes que no existe tal cosa como los ángeles, pero los inventaré para ti.

            -Sí que existen, tú eres uno de ellos.

            Continuamos abrazados hasta que las estrellas se fueron y la luz del sol lo bañó todo con su radiante iridiscencia. Tus ojos se cerraron entonces, diciéndome unas palabras que no olvidaré jamás:

            -Olvídate de mí, pero no demasiado, ¿vale?

            Me apretaste una vez más con cariño y luego te fuiste, reclamado por las estrellas. Eras un capricho para ellas. Te pidieron como deseo, y este se cumplió. Ahora estás con ellas, pero sé que me sigues observando, noto tus bellos ojos clavados en mi nuca, salvándome de las maldades y crueldades del mundo, como solías hacer. Todas las noches vuelvo a nuestro rincón secreto, para ver esa pequeña y tímida estrella fugaz que surca el cielo, sé que eres tú, ya que únicamente el hombre al que amé podría irradiar una luz tan clara y pura. Y cada noche se vuelve a cumplir mi único deseo, volverte a ver una vez más.

Publicado la semana 9. 01/03/2021
Etiquetas
Cosmos, estrellas, deseos, infinito , En cualquier momento
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