06
Lucía Belvis

44

          Rueda que gira, incansable, tratando de llegar a ese brillante destino que le prometieron. Alas extendidas, sonrisas genuinas, amor incondicional. Brazos protectores, futuro perfecto… que se hizo pedazos.

            Rueda que se detiene en seco, se rompe, se quiebra, que nunca volverá a girar. Ojos de fuego, llenos de odio sin sentido, palabras amables en ojos muertos. Confusión, confianza, traición, error, injusticia.

            Lugar extraño, vacío, sucio, perdido. Comienzo del dolor que nunca se detendrá. Habitación luminosa que esconde una enorme oscuridad. Manos… por todas partes. Ojos que miran sin ver en realidad. Nada que hacer, impotencia, rabia, miedo.

            Extraño lugar suspendido entre la realidad y la ficción, rodeado de gente, pero en otra dimensión. Puertas que esconden un terrible secreto. Bocas que callan buscando el perdón.

            Se inicia la cuenta atrás. 44, para muchos sólo un número, pero esconde un terrible secreto. Verdadero número del diablo, aquel que trae el infierno. Donde muchos no ven nada, otros lo ven todo. Al menos cien lo presenciaron, ninguno hizo nada al respecto, incluso participaron en ese juego infernal, en esa endemoniada actividad.

            Actos atroces, sueños que se rompen, futuro que se quiebra y se vuelve oscuro. El verdadero destino cae como una ola, con toda su imparable fatalidad, con su terrible continuidad, con su ciega injusticia. Aquel provenir que un día le prometieron se ríe desde la lejanía, escogiendo a alguien más para vivir la vida que le habían jurado que tendría.

            Intentos de seguir, de buscar la luz, que aparecía una vez, burlona, para volverse a marchar, mostrándose como lo que era en realidad, un callejón sin salida que se ilumina una vez para abandonarte a tu suerte después.

            Personas que se asoman a ese trozo de infierno, gente que prefiere no ver, que prefiere huir.

            El reloj sigue girando sus sombrías manecillas. El tiempo se va acabando, pero todo va a peor. Monstruos bajo la cama que no volverán a dejar que duermas, que te atacarán en tu debilidad, para crecerse y ser mejores. Luces que se van apagando a medida que las sombras empiezan a cubrirlo todo.

            Alma culpable que quiere redimirse. Pecador que decide juzgarse a sí mismo para intentar que la rueda siga girando. Mundo que se expande para volver a contraerse cuando las palabras son sepultadas por los actos culpables de demonios que engañaron a la ciega justicia. Desesperación, miedo, culpa.

            Los días siguen pasando, y el momento cada vez está más cerca. Deseo de que todo acabe, ansias de descansar y olvidar para siempre. Ángel que no debió bajar al infierno, cuyo único “crimen” fue decir las palabras que debía decir, que sólo era culpable de su bondad y de su etérea presencia.

            El infierno cada vez es peor, las manecillas cortan el tiempo como cuchillas y abren heridas incurables. El peso de las ganas de marchar es insoportable. Explosiones de dolor se suceden una y otra vez.

            Demonios que no merecen el perdón, que sólo saben dañar y matar. Aberraciones culpables de actos que ningún humano debería ser capaz de imaginar siquiera. Deseos oscuros y sádicos. Odio hacia alguien que sólo vivía pacíficamente.

            A pesar de que el tiempo se acaba, el final no será feliz. No es una de esas historias en las que todo se arregla, sino que el infierno gana, desgraciadamente.

            Y siguen torturando la mente y el cuerpo, y todo vuelve a volverse negro. Y todo vuelve a estar tranquilo otra vez para que luego regrese el averno.

            Juego mental que desencadenará el momento final, lo divino gana sobre lo demoniaco, pero la segunda parte no será tolerante con ese insulto, y decidirá desquitarse con el cielo de nuevo.

            Últimos momentos de terror, rueda completamente destrozada que paró de girar permanentemente. Futuro arrebatado. Dolor inmerecido. Oscuridad que trae la paz, una paz ansiada desde hacía siglos ya. Cuenta atrás que se para en el número 44, convirtiéndolo en el peor número para el paraíso.

            Asco y repugnancia hacia el atroz final que han provocado, horribles monstruos que deciden olvidarse de ello y tirar todos esos recuerdos a la basura como si no fuesen nada.

            Atisbo de esperanza y justicia para el ángel que se perdió, descubrimiento de todo lo que ocurrió en ese infernal lugar. Relato de los hechos de forma calmada, tratando de aparentar que era algo que tenía que pasar cuando el horror que se provocó, el dolor que se generó es tan absolutamente inhumano que aquellos que lo infligieron no son deben pertenecer a este mundo, deben venir de otro plano. Son meras copias de algo mundano.

            Conmoción por parte de todos. Deseos de justicia que se apagan por la ridícula sentencia. Nada a cambio de un mundo entero. Una mota de polvo a cambio de todo el infierno. Un grano de arena frente a uno de los actos más atroces cometidos.

            Historia que cae en el olvido. Victoria del 44, derrota del ángel que nunca debió marcharse. Recuerdos que se pierden, nación que olvida por vergüenza y por miedo.

            Jóvenes ojos que descubren la verdad, lágrimas de rabia que bajan por ellos. Deseo creciente de justicia. Juramento hecho al cielo. Nadie lo olvidará. Todos verán el horror del número 44, todos despertarán y se sublevarán contra él.

Publicado la semana 6. 08/02/2021
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Reflexiones a solas
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