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Lucía Belvis

CAMELIA

“¿No es divertido como esta lágrima está corriendo por mi mejilla, persiguiendo a su gemela como palabras lanzadas al viento? 

Echo de menos aquello que en esta vida nunca he tenido, pero que, desde la anterior, me persigue como mi propia sombra. 

Es el recuerdo de un olor, unas manos, un color... negro, me recuerda a mi hogar, al hogar que encontré entre los brazos de una persona mucho tiempo atrás. 

Es la visión de unos ojos como el carbón cada vez que voy a dormir, de una voz que me dice que me está buscando, y yo le contesto que yo también. 

Es la sensación de que me falta algo, algo que sé que nunca he poseído, que creo que nunca he tenido. Pero, ¿acaso no son los sueños una puerta a nuestros deseos más oscuros? ¿Hacia nuestros más antiguos recuerdos? 

Me veo riendo, entre sábanas de algodón, el mundo en silencio. Unos dedos se enredan en mi pelo a la vez que la voz de la persona a la que amo canta una canción antigua, que no sé reconocer. Sé que, entonces, soy feliz. Pero luego el negro se torna rojo, espeso, doloroso. La camelia roja burlándose de mis labios. 

¡Lo echo de menos! ¡No dejo de escuchar tu voz en mis sueños! ¡Tus manos son las que me levantan cuando tengo el infierno entre las mías! 

A veces me encuentro a mí misma llorando, en mi mente solo el negro, la noche, la calma, la inteligencia. 

¿Eres tú mi destino? ¿He venido de nuevo a este plano para encontrarme contigo de nuevo, sea cual sea el cuerpo que hayas tomado prestado? 

Ojalá tus ojos sean los mismos. 

Ojalá los míos sean tal y como los recuerdes. 

¿Encontraré mi casa en tus labios o volveremos a perdernos en el abismo infinito? 

Universo, ten piedad de esta pobre alma doliente, esta a la que no has conseguido arrebatarle su recuerdo más preciado y hermoso. 

¡Mátame o devuélveme lo que sé que alguna vez fue mío! 

A veces puedo sentir el calor de tu cuerpo contra el mío cuando tiemblo, ya sea de frío, impotencia o dolor. Me acaricias el pelo y me dices que, algún día, nos encontraremos. 

Puedo sentir tu tristeza, y lloro cuando tú lo haces.  

Sé que, en el fondo, parte de las miserias que llevo dentro de mí, son también las tuyas. Siempre fuiste fuerte, pero todo te acababa sobrepasando. 

¿Has encontrado la felicidad en esta nueva oportunidad cósmica? 

¿Es cierto que me recuerdas aún? 

¿También tú me escribes canciones que cantas a la oscuridad en el silencio de la noche? 

Quiero otra oportunidad contigo. 

Quiero otro comienzo contigo. 

Quiero otra vida contigo, sin que nuestro tiempo se detenga jamás esta vez. 

Por favor, baila conmigo como lo hiciste entonces, y sonríeme como si yo fuese la verdadera causa de tu felicidad. 

A cambio, te daré todo mi ser”. 

La joven quemó la carta y rogó porque, donde quiera que estuviese su amor, las cenizas barridas por la brisa le llevasen sus palabras, y volviesen a vivir juntos de nuevo, hoy y siempre. 

Publicado la semana 50. 15/12/2021
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