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Lucía Belvis

SOLILOQUIO

Deja que el mar bañe mis pecados y que, al tomar la espada de la orilla, su hoja no esté oxidada o partida. 

Deja que el viento anuncie mi partida, porque no te la comunicará el lamento de la puerta. 

Blandiré el arma frente al espejo y se la entregaré a mi reflejo, quedando el mango a su alcance, la hoja lamiendo mi palma. 

¿Qué mirada me veré cuando el acero choque con el alma? ¿Qué dolor gritarán mis labios cuando el vidrio se torne latón? 

Deja que el agua lama mis tormentos, y que al tomar el sable de la orilla su curva hoja no mire hacia mí. 

Deja que el fuego cante lo que un día necesité, porque mis entrecortadas palabras no lo dirán. 

Publicado la semana 49. 10/12/2021
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