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Lucía Belvis

¿VIDA?

Susurró en mi oído: ven. Y yo no tuve el valor de acudir, a pesar de que ya era un fantasma en mi propia casa. 

Extendió sus brazos hacia mí y yo no pude refugiarme en ellos, a pesar de que todo mi cuerpo estaba helado y necesitaba algo de calor. 

Decepcioné a su alma y me perdí en la mía, buscando algo de contenido en ella, encontrando solo la nada y el silencio. El dolor y el hielo. 

Vagué por mis llanuras buscando el río, pero el lecho incesante hacía tiempo que seco se quedó. 

Cogí las canicas y quise jugar, pero me dio miedo que su sueño no fuese lo suficientemente profundo, que pudiese volver del paraíso, que al otro lado la luz me cegase y tuviese que volver al infierno. 

Visité el hogar del relámpago como en un sueño febril, pero de su luz y fuerza al final me previne. 

Adoré al dios de lava, al del ingenio afilado, pero sus cortantes palabras un mal sabor me dejaron. 

Fui a ver a la hija de Medusa, que me acogió sensualmente. En ese entonces tuve la esperanza de que sus manos sobre mi cuello consiguiesen hacerme respirar de nuevo, pero su piel resbalaba, no era capaz de agarrarme. Finalmente nos separamos mientras ella se deshacía en llanto. 

Me asomé al mundo subterráneo, cuyas graciosas criaturas abrieron sus brazos. Estaba impaciente por reunirme con ellas, con formar parte de su pueblo, pero sus cuellos estaban torcidos, por lo que los dejé atrás en su sobrenatural consuelo. 

La cobardía me hizo transformarme en mitad mujer mitad ánima, que vive entre este plano y el de sombras, siendo una espectadora de su propia vida, sin saber si está viva o está muerta. 

La muerte me sigue, es mi amante, con la que me gusta bailar en la madrugada, cuando sé que no hay nadie al que le importe que la música esté alta. 

Nadie la ve, es mía, solo mía. Me abraza y me besa, me acompaña a la cama cada noche, y una vez más intenta que estemos por siempre juntas. 

¿Cuándo comenzó a llenarse de agua mi habitación? Es imposible saberlo, pero el agua está ya casi en mi cuello. 

Las caras son borrosas, las palabras hirientes. Cada segundo es una aguja más que se clava en mi piel desnuda. 

Pasé tanto tiempo intentando abrazar figuras de humo que ya incluso mis manos se están desdibujando contra el gris de la existencia. 

Y quizá lo peor es que grité por auxilio, pero la llamada solo volvió a mis oídos. 

Y quizá lo peor es que quiero vivir, pero no sé cómo convivir con el monstruo que reside dentro de mí. 

No dejo de ver una figura oscura por el rabillo del ojo, y sé que nunca dejaré de verla, y quizá lo peor es que me asusta que no sea capaz de ver sus ojos. 

¿No hay corderos en este mundo de lobos?  

¿Por qué todos tienen dientes como puñales y prueban un pedazo de mi piel?  

¿Por qué me siento insegura en mi propio cuerpo?  

¿Por qué me repugna y me asusta que otra persona me toque?  

¿Por qué quiero convertirme en piedra? 

¿Por qué mi mente es un espacio en blanco en el que todo lo que entra es engullido por la misma idea? 

El agua llega a mis pulmones, pero sigo respirando, y si pensaba que no se podía estar peor, no podía estar más equivocada. 

¿Es así como se siente ser enterrada en vida? 

Ya lo veo, esta es la muerte psíquica antes de la corporal. 

Mis manos se sienten extrañas. No puedo sentir mi propio cuerpo, ya no me pertenece. Mi propia voz suena distorsionada.  

No quiero salir.  

No quiero ver a nadie.  

Nadie quiere verme a mí. 

¿Qué es peor, morir en vida o vivir en la muerte? 

Creo que quiero irme. Estoy cansada, he caminado demasiado, mis pies sangran y mis piernas se están rompiendo. Mis venas se están vaciando y mi corazón está en completo silencio. 

Ninguna melodía es capaz de emocionarme, ningún verso es capaz de recordarme que estoy viva, quizá porque ya he partido hacia mi otra existencia. 

¿Cómo será mi próxima madre? ¿Y mi siguiente padre? ¿Tendré hermanos o hermanas? ¿Seré capaz de sonreír? ¿Seré el mismo cordero? ¿Seré capaz de defenderme de los ataques de la vida? ¿Seré capaz de ser feliz? 

¡Blasfemia!  

¡Todo lo que digo es una blasfemia! 

¡Sé feliz!  

¡Destroza tu cara para formar una sonrisa!  

¡Guarda tus lágrimas, que nadie sepa que lloras!  

¡No digas eso!  

¡No te pongas eso!  

¡No comas!  

¡Come!  

¡Duerme a pesar de que tus pesadillas sean tan horribles que te dejan temblando!  

¡No huyas, deja que te devoren las hienas!  

¡Sé valiente!  

¡Sé fuerte!  

¡No te rompas aún, todavía puedo sacar algo de ti!  

¡Todavía puedo exprimirte!  

¡Todavía puedo romper tus huesos!  

¡Aún te veo respirar!  

¡Sigues teniendo brillo en los ojos!  

¡Sigues viva!  

¡Sigue saliendo sangre de la herida!  

¡Siguen quedando marcas sobre tu piel!  

¡Aún no estás muerta!  

¡Todavía puedo seguir asesinándote! 

¡BASTA! 

Todo es tan silencioso aquí... 

Se está tan en paz en este lugar... 

¿Por qué debo ir hacia la luz cuando en el fondo del mar todo es tan hermoso? 

Por qué... 

Porque debo levantarme.  

Debo seguir adelante.  

¿Por quién?  

Por mí.  

¡No puedo simplemente hundirme y abandonarme!  

No soy una criatura abisal, soy una golondrina.  

Puedo salir de aquí, algún día podré ver el color de mis plumas. 

Solo debo llegar a la superficie... 

Soy la hoja que cae y, aunque aún no quiere ver su reflejo, es consciente de que la gota de agua ya la está humedeciendo, haciendo que su hundimiento sea suave, placentero y absoluto. Haciendo que se funda con esa acuosa superficie llena de color, de vida. Aunque aún no esté lista para extrañar al árbol, sabe que el río la llevará lenta y plácidamente hacia el mar. 

Un poco más lejos, yo también quiero ser libre... 

A partir de ahora no soy la chica de todos, soy mi propia mujer, mi propia deidad. 

Ya casi estoy... 

Quiero llegar... 

¿Puedo llegar?

Publicado la semana 46. 17/11/2021
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