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Lucía Belvis

NO

Y cada poema de amor es frío y carente de emoción al compararlos con la explosión intermitente que surge de mi pecho cada vez que tu sonrisa roza mi corazón.

Y aunque el mundo haga polvo el marfil y muela el calcio, aunque desgarre el cuero y robe la vida de los hilos del ser, sé que tus ojos seguirán ahí mañana, inamovibles, irrompibles, inalcanzables.

Y aunque el polvo estelar desaparezca en la penumbra de la infinidad, aunque los vientos solares se batan en huida hacia la lejanía inconmensurable, sé que tu rostro seguirá ahí, con esa hermosa expresión de alegría que te caracteriza.

¡Si tú supieses cuántas veces he estado al pie del precipicio y me has salvado de entre las garras del más terrible monstruo del Tártaro!

Dice el tópico que las rosas son rojas y las lilas púrpura, nunca he entendido el porqué... O al menos no lo entendía, hasta que vi el tono de tu cabello y los juegos que la luz caprichosa hace en él cuando la luna comienza a despuntar por la orilla de la mente de ese dios que nunca está.

Déjame abrazarte, aunque sea solo por un efímero instante, déjame saber que no eres de humo y cieno, que eres real y no ocupas solo un pequeño espacio en mis pensamientos.

Déjame llegar a ti, alcanzarte, sentir que por una vez, estoy en el lugar correcto.

El negro cubrirá nuestros cuerpos y nos protegerá de la vida.

Recorramos la distancia que nos separa sin andar demasiado deprisa, que la eternidad no nos alcance, que el mundo siga siendo una borrosa visión a mi espalda.

Sonríeme una vez más y mátame de nuevo con esa hermosa arma de doble filo que portas en tus labios.

Cántame de nuevo, viaja conmigo al sueño en el que estoy sumida, oblígame a mirar hacia adelante, hacia el lugar que siempre quise evitar.

Solo te pediré que no me olvides.

Te daré todo lo que tengo, estas humildes palabras arrancadas a mordiscos en una suave mañana de junio, estas sucias manos que solo saben ahorcar un cuello que hace tiempo que está roto, esta boca insolente y mentirosa, que a todos miente menos a la luz de la aurora; estos ojos por los que muchos ríos han pasado, dejando surcos en las yermas llanuras que los separan del universo. Te daré incluso una sonrisa, esa que no regalo a nadie a no ser que esté muy ciega o muy desesperada.

Te entregaré también mi vida y mi memoria, que es lo más preciado y lo más odiado que poseo.

En intercambio equivalente, solo te pido que no me olvides.

No seas como el hada que al amanecer desaparece entre los árboles, dejando tras de sí un engañoso rastro de luz que esconde la sombra.

No me olvides.

Si vas a abandonarme y dejarme atrás, al menos hazlo dulcemente y despacio, guardando aunque sea una única memoria de mí en lo más profundo de tu alma.

No me olvides, no me olvides nunca.

Publicado la semana 45. 08/11/2021
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