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Lucía Belvis

ÁLVARO Y SU INCAPACIDAD COMO ESCRITOR

Álvaro es un chico corriente.  Le gusta emborracharse y enamorarse, bueno, si a un momento de éxtasis pasajero puede llamársele amor. Vive una vida de excesos, porque no puede tenerlo a él… o pensaba que no podía.

Cuando Alfredo prácticamente se le declaró delante de todos, sintió como si su corazón volviese a la vida. El único sentimiento que considera puro es aquello que él le provoca. Cada vez que lo ve, quiere abrazarlo, estrecharlo tan fuerte contra su pecho que se fundan y nunca puedan separarlos…

Ahora mismo, sentado en esa mesa, maquinando cuál será la mejor estrategia para hacer que Alfredo se funda de amor por él con sus mejores aliados, siente que, quizá, pueda hacerlo.

一Bueno, chicas y Rodolfo, comencemos.

一 ¿Cuál es tu plan, Álvaro?

一Me alegro de que me lo preguntes, Julieta. Mi plan es hablar con ese grupo de bardos que van a emborracharse en la taberna de Borja y…

一No.

一Plan B, hablo con Emilia para que escriba un poema para Alfredo que describa lo que siento por él y…

一Descartado.

一 ¡Pero! ¡Marla!

一Es una mala idea, Álvaro.

一De acuerdo. ¡Hmph! Entonces podría traer a…

一No sé a quién quieres traer, pero no.

一 ¡Lidia!

La mesa se queda en silencio, siente la desesperación arañando su pecho. ¿Por qué ninguna de sus ideas es buena? ¿Qué tienen de malo?

一Verás, Álvaro, nuestro jefe es un hombre sencillo, que odia ser el centro de las miradas y al que todo lo ostentoso le parece una pérdida de tiempo y un símbolo de la ineptitud y la baja capacidad intelectual一. Dice Marla.

一Ama las cosas caseras y pequeñas, aquellos secretos en los que nadie repara, la luz que se esconde en la sombra, y la mota de oscuridad que nace del rayo de la aurora…

一Háblame en castellano, Rodolfo.

一Lo que Marla y Rodolfo quieren decir, Álvaro, es que no puedes ser exagerado. Debes hacer algo por ti mismo. Piensa en algo privado, pequeño pero inolvidable. Algo que solo vosotros dos podáis compartir en un futuro.

Nuestro joven se queda pensando, preso de la incertidumbre. Algo pequeño… él, que piensa a lo grande, no sabe qué hacer. “Estoy perdido”, piensa. Y entonces es cuando la llama de la soledad vuelve a llamar a su puerta, y piensa que no podrá cumplir la promesa que le hizo a Alfredo, que no será capaz de conquistarlo.

一Cariño, si me permites un consejo, creo que si pones por escrito tus pensamientos y le entregas el documento a Alfredo, él podría enamorarse un poco más de ti. Ama leer, y seguro que analizará cada palabra que hayas puesto en el papel con gran detalle.

Julieta estaba ahora junto a Álvaro, de pie, alta y majestuosa.

一Pero, yo no sé escribir, Julieta.

一Inténtalo por él, Álvaro. Seguro que hay algo que se te ocurra.

Dichas estas palabras, Lidia le tendió papel y pluma, para que pudiese comenzar, y Marla y Rodolfo le miraron con compasión y ternura.

一No me miréis como si fuese un niño al que le han puesto un examen que no pudiese completar.

一Es lo que pareces ahora mismo一. Dice Rodolfo con una risita.

Álvaro entrecierra los ojos y maldice internamente al chico.

一Vale, lo intentaré. Dejadme solo para que pueda pensar.

Las chicas y el novio de Marla dejaron la habitación, no sin antes ponerle una protectora mano sobre el hombro, tratando de darle ánimos.

一Veamos…

El joven escribía y escribía, pero no encontraba las palabras correctas para describir lo que Alfredo le hacía sentir y todo lo que había sufrido esos años por no tenerle.

Rompía y arrugaba páginas sin parar, hasta que su mano sufrió un terrible calambre y tuvo que parar, envuelto en llanto. 

一Nunca lo lograré, no seré capaz.

Lloró y lloró, y no solo por Alfredo, si no por todo lo que había perdido a lo largo de su vida por su incapacidad para mantener a las personas junto a él. Siempre solo, siempre abandonado. ¡Pobre criatura de la noche! ¡Pobre chico embriagado por el aroma del estupefaciente de la mente! ¡Pobre hombre del pajar que por mucho dinero que gane siempre paja será! ¡Pobre hijo de la luna proveniente de la ciudad que nunca debió ver la luz! ¡Pobre bastardo de aquel que no volvió!

Llora por su padre, por la deshonra de su madre, por el desprecio de su gente, por la decadencia de su pueblo, por las noches arando y los días al sol, por todo aquello que consiguió pero que nunca pudo darle a la mujer que le dio la vida. 

Se dirige hacia la ventana y en la luna solo puede ver la perdición de su pobre madre, la enfermedad, la palidez de su piel cuando tuvo que enterrarla con sus propias manos…

一Ni siquiera voy a ser capaz de decirle lo que siento, igual que no fui capaz de salvarla…

Se sienta en el suelo, aturdido y perdido, sin saber qué hacer.

Y diréis, ¡qué chico tan extraño! ¡Es un mero papel en blanco, fácil de rellenar! Pero para él es mucho más que eso. Es el fin de una etapa y el comienzo de su vida, es la bienvenida a una dicha que le ha sido negada por los mismo dioses, que llevan tropezando en su camino desde que nació. Para él es la puerta al cielo terrenal, la redención, el esperado descanso. La plenitud.

Pasan las horas, pero Álvaro está paralizado. 

一 ¿Álvaro?

El aludido mira hacia arriba y encuentra a Alfredo, mirándolo con preocupación.

一Vaya, Alfredo, qué sorpresa…

一 ¿Estás bien?

一Perfectamente.

Se ríe, levantándose y volviéndose a sentar en la silla que horas antes había ocupado.

一No lo parece.

一Pues lo estoy.

Pasan unos minutos observándose mutuamente. Álvaro sabe que Alfredo no se cree lo que le ha dicho, pero él sigue intentando parecer seguro de sí mismo, fuerte. Deseable.

一Yo… venía a por un libro.

一Cógelo, claro.

Alfredo recoge lo que había venido a buscar y luego se vuelve a acercar a él.

一Pues, me voy.

一Que pases una buena noche, Alfredo.

Otros minutos en silencio, el uno frente al otro, pero sin atreverse a dar un solo paso. Cuando Alfredo se va, Álvaro por fin puede respirar.

一Este chico va a matarme cualquier día, de verdad.

Niega con la cabeza mientras sonríe, y decide volver a intentarlo, porque algo le dice que, por fin, el universo está de su parte. Su pluma se movió así:

Alfredo, hace mucho tiempo ya que quiero dedicarte estas humildes palabras.

Los últimos dos años ha estado creciendo en mí un sentimiento hermoso y puro, diferente a todo aquello que sentí antes.

Tú eres la única persona que me hace desear ser un buen hombre. Y no la imagen de buen hombre que todo el mundo tiene en su cabeza, un hombre fuerte y amable que es capaz de dar su vida por su ser amado. Que sería capaz de arder y nadar en el hielo si así consigue que su enamorado reciba el cielo que merece. Me haces desear despertar cada mañana encontrando tu cabeza junto a mí, apoyada en tu trozo de almohada, soñando con el paraíso que los dos podemos crear juntos. Me hace querer besar tus ojos dormidos y abrazar tu cuerpo inconsciente, echando a todo mal que te aceche y protegiéndote del crudo frío de la mañana. Quiero ser capaz de compartir contigo aquello que nunca le he contado a nadie, y que tú puedas confiar en mí del mismo modo, creando una burbuja a nuestro alrededor, dibujando un mundo aparte, una dimensión en la que todo es perfecto y onírico.

Alfredo, eres la única persona con la que compartiría cada día de mi vida, el único al que quiero mostrarle quién soy realmente, y cuál es la melodía de mi corazón.

Me gustaría escuchar la tuya.

Me gustaría que vibrásemos juntos.

Te amo, Alfredo.

Publicado la semana 40. 04/10/2021
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