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Lucía Belvis

LA TORRE

            Hay una torre en mitad del pueblo, un portal a otro mundo reinado por el sonido. Tom se pregunta día a día cuál es la función de ese enorme armatoste sucio y tenebroso, pero no se atreve a preguntar, al igual que todos los habitantes del lugar. Ellos solo saben que está ahí, no saben por qué la construyeron, pero todos fingen saberlo, y la ignoran. Pero Tom no se siente seguro. Sabe que esa torre tiene algo extraño. La rodea un aura tenebrosa y peligrosa, y no se fía de ella. Cada que vez que pasa por su lado para ir al instituto, sus cascos captan una especie de señal. Comienza a escuchar voces de otro mundo que le piden que asesine, que arrebate las vidas de todos los habitantes del pueblo y luego los entierre en lo más profundo del bosque. Tom odia ese lugar.

            Hoy está volviendo a atravesar el sendero que le llevará a su lugar de estudios, y la torre sigue ahí, y se prepara para volver a escuchar las voces. Pero hoy es diferente. La torre no tiene planeado dejarlo escapar de nuevo. Lo que Tom escucha esta vez no es una voz demoníaca y violenta, sino la voz de una linda niña pequeña.

            —Tom. Soy yo, tu hermana.

            Nuestro chico nunca había tenido una hermana, y su madre jamás tuvo un aborto, pero por alguna razón, no pensó que la chica estuviese mintiendo.

            — ¿Quieres saber por qué nunca pudiste conocerme?

            Tom asintió, acercándose cada vez más a la antena.

            —Me asesinaron, Tom. Todos los habitantes de este horrible pueblo.

            La niña comienza a llorar desconsoladamente, y, entre sollozos, sigue contando su historia.

            —Decían que yo era una maldición, una hija de lo oculto y lo malvado. Tú no lo piensas, ¿verdad, Tom?

            Él niega, hipnotizado por la dulce y desesperada voz de la chica.

            —Un día como este, en el que estaba yendo a la escuela, unos niños vinieron a por mí y, apoyados por sus padres y abuelos, acabaron conmigo de la forma más horrible que se les ocurrió.

            Tom se lleva las manos a la cara, horrorizado.

            —Tom, ellos me arrebataron la vida. Yo quería ser enfermera. Quería ayudarlos y sanarlos, pero creo que este lugar necesita una limpieza aún más profunda. ¿Tú qué crees, hermano?

            Tom está ahora a solo tres pasos de la torre, extiende la mano, completamente inconsciente, los cascos comienzan a fundirse con su piel, penetrando en su cerebro, anidando en su mente. La torre ha entrado en él.

            — ¡Ayúdame, Tom!

            —Hermana…

            La ir se apodera del chico, tomando conciencia propia en lo más profundo de su corazón. Decide vengarse.

            Llega a clase, con los ojos apagados. Parece muerto. Sus compañeros se limitan a observarlo con desconfianza. Cuchichean a sus espaldas, asustados.

            El profesor entra y comienza a dar la clase. Tom se queda quieto hasta la quinta hora, cuando algo extraño le ocurre.

            La venganza comienza a tomar forma corpórea dentro de él, comienza a crecer y destruir a su paso. El chico cae al suelo, revolviéndose y segregando una extraña espuma por la boca. Finalmente, algo sale por su boca, un monstruo del tamaño de un perro muy largo y delgado. Sus ojos son totalmente amarillos y buscan la muerte.

            Los compañeros de clase de Tom comienzan a correr, tratando de escapar. El profesor sale por la puerta y deja a los niños atrás.

            El monstruo comienza a crecer de nuevo, y unas extrañas púas, como las de un puercoespín comienzan a aparecer sobre su lomo. Las lanza hacia los chicos, hiriendo a algunos, arrebatándoles la vida a otros.

            Tom, moribundo, puede ver como el monstruo se gira hacia él y le da las gracias antes de lanzarlo por la ventana.

 

            Las autoridades acusaron a Tom de haber llevado un arma blanca a su centro de estudios y haber causado ese horrible atentado. Sus compañeros de clase recordaban al monstruo, y se lo describieron a los policías, pero ellos decretaron que era su forma de sobrellevar el trauma. El profesor, buscando una solución lógica al problema, coincidió con las autoridades en que fue el chico. Pero todos sabemos que fue la torre, ¿verdad?

Publicado la semana 36. 06/09/2021
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