32
Lucía Belvis

CEREZO

Se levantó, extrañando el roce de unas manos que hace tiempo que están frías.

No hay buenos días.

No hay quejas en el desayuno.

No hay ruido.

Solo existe el silencio.

Vuelve a mirar por la ventana.

Los cerezos han florecido, pero ya no puede distinguir su rosado color.

La primavera trae su olor dulzón, pero se olvidó de traer con ella la sonrisa que un día perdió.

Ninguna lágrima acude a su llamada, su cuerpo está tan cansado y gastado que ya nada puede salir de él.

Ni siquiera una palabra se digna a abandonar sus labios.

Mira hacia la pared, donde puede encontrar de nuevo esa sonrisa, aunque esté atrapada en el papel y no pueda abrazar su alma.

¿Dónde se quedaron esas noches en las que el mundo se quedaba atrás?

¿Dónde se quedaron todas las cosas que su amor le enseñó?

¿Dónde quedaron las lágrimas que derramó en su regazo?

¿Dónde quedaron los abrazos y las caricias en la madrugada, cuando las pesadillas eran tan reales que podrían haberlos atrapado?

Estaba cansado.

Estaba triste.

Estaba solo.

Salió a la calle, pero el sonido y los olores seguían desaparecidos.

Abrió sus brazos y expulsó un suspiro.

Formuló su deseo al aire de primavera y por fin, pudo perderse en sus ojos y su sonrisa.

 

Publicado la semana 32. 09/08/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
32
Ranking
0 742 0