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Lucía Belvis

ÁNGEL

La joven se preguntaba cuál era el nombre del viento, mientras que el rocío de la mañana perlaba sus manos.

Una sonrisa perfilada en sus labios hizo nacer un diente de león, que lejos voló acompañado por la brisa.

Los recuerdos acudían en tropel a su mente, que estaba cansada ya de miserias.

Y cuando pensó que en ese mundo fantástico también iba a alcanzarla la oscuridad, la sonrisa de un ángel la trajo de vuelta a la luz.

Con sus gentiles manos tomó las suyas, guiando a la chica a través de las casi invisibles sombras.

Sus alas eran casi imperceptibles, cambiaban de color con la luz, fundiéndose con el paisaje.

La ayudó a salir del jardín que, aunque era hermoso, la estaba asfixiando con la fragancia de sus flores.

La puerta de cuarzo se abrió para ellos, mientras que la luz del sol se reflejaba en sus aristas.

Sin poder soltar su mano, la joven se dejó llevar, sin poder ver nada más allá del luminoso ángel.

Sus labios se abrieron para formular una pregunta, pero él puso un dedo en sus labios, ya que no era el momento, no estaba preparada para saber la verdad.

Cruzaron la puerta y la chica vislumbró un hermoso lago, tan claro y limpio que parecía un espejo.

Sus pasos se encaminaron hacia la cristalina superficie, donde pudo verse a sí misma, acompañada por el ángel.

Este ya no sonreía, la miraba tristemente.

Entonces no hubo dedo que pudo callarla, se sentía perdida sin su sonrisa, y debía saber por qué la había perdido.

Nunca se esperó que la respuesta a su pregunta fuese tan oscura.

"No puedo sonreír porque he recordado el por qué estoy aquí, y tú allí. El mundo no debió separarnos, es injusto que tuviese que abandonarte para venir aquí. La verdad de por qué perdimos nuestra visión y nos fueron dadas alas, es tan terrible que no debe ser contada. Nos fue dado el universo, pero se nos arrebató nuestro mundo.

Echo de menos nuestras charlas a media voz en mitad de la noche, cuando me hablabas de tu vida y de lo que harías cuando todo acabase.

Entonces tus labios se curvaban en una sonrisa, olvidando las tinieblas, iluminando la sala, haciéndome recordar que la vida podía ser hermosa.

Recuerdo cuando el frío era tan voraz que nos mordía el cuerpo, y decidíamos juntarnos tanto que parecíamos uno solo.

Recuerdo la primera y última vez que besé tus labios. Pensé que tendría el infinito para rozarlos, pero ese derecho me fue arrebatado.

Cuando llegué a aquí te busqué en el bosque, sonriente y pensando que por fin podría amarte, sin sombras en las esquinas y ojos en todas partes; vi que no estabas, que no podía encontrarte, que el mundo reclamó tu alma por no poder olvidarme.

Eso era absurdo, yo tampoco te había olvidado, y en el momento del final, tu nombre formaron mis labios.

¿Acaso mi amor no era lo que yo pensaba?

¿En realidad no era amor esta calidez alojada en mi pecho?

Y los astros me respondieron, que no habías podido olvidarme, que no habías perdonado a los demonios bajo la cama, que no eras lo suficientemente pura aún para volver conmigo... y entonces le declaré la guerra al firmamento.

Busqué tu alma entre todas las existentes y cuando te encontré, decidí acompañarte.

Vi tristeza dentro de ti, añoranza de un amor que creías nunca haber tenido, pero que había sido yo, y me habías perdido.

Acudí a ti como un susurro en la noche, intentando que recordaras tu vida y tu nombre, que recordaras la luz que creé para ti, esa que brillaba más que la estrella más brillante.

Tenías miedo, querías saber, pero tu alma estaba a punto de romperse.

Tuve que alejarme, pero nunca te dejé sola, alentándote a seguir en la hora más oscura.

'¡Quiero que me recuerde!'

Gritaba a la luna. Reclamando la voz de la mujer que amé.

Y entonces lo sentí, querías verme. Gritabas mi nombre y ni siquiera sabías el por qué.

Y en ese momento, caprichosamente me colé en tu vida, mostrándote nuestro cielo nacido de las brasas.

Te abracé toda la noche, mientras tu alma lloraba, y a la mañana siguiente, casi no recordabas nada.

He logrado encontrarte aquí, y no pienso perderte, te busqué a través del tiempo para lograr tenerte.

Yo soy ese amor que siempre extrañaste, el que nunca te olvidó y ahora va a adorarte".

Y en ese mundo perdido, las dos almas lloraron, al reencontrarse tras tanto tiempo habiendo estado separados.

Hasta la luna y el sol acunaron su llanto, protegiendo a los amantes y bendiciendo su descanso.

Publicado la semana 22. 31/05/2021
Etiquetas
ángeles, reencarnación
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