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Lucía Belvis

ISLA

            ¿Qué es la felicidad? Eso mismo querría saber él, sentado en ese pequeño trozo de tierra, más parecido a una remota isla que a su habitación. Sus emociones nunca llegan a puerto, se quedan varadas en las rocas de la mente, donde rompen como gigantescas olas, que por mucho ruido que hagan, no son capaces de dejar huella sobre la arena. Solo es capaz de esperar la soñada hora en la que llegue el fin, que puede ser la conclusión de sufrimiento o la muerte de una estrella.

            ¿Cuándo dejaré de estar solo? Se pregunta mientras abraza sus rodillas, sin ser capaz de derramar una sola lágrima, porque en su interior, en realidad ya ha dejado este mundo, su mar ya se ha secado.

            ¿Por qué? ¿Por qué tengo que ser así? Preguntas y preguntas que nunca tendrán sus respuestas. Palabras que se escapan de una boca exigente que no sabe que la felicidad empieza en uno mismo, que dejamos de sentir cuando estamos tan dañados que tenemos miedo hasta de tratar de repararnos, tenemos miedo de vivir y de dejar de aislarnos a nosotros mismos.

            ¿Es que nadie trata de arreglar la porcelana con oro en estos días? ¿Es que nadie sabe que una pieza rota se puede convertir en la más hermosa de una colección? ¿Por qué nadie quiere apreciar las grietas que simbolizan la sabiduría y la supervivencia?

            Este chico no sabe ninguna de estas cosas, y en el fondo no es culpa suya. Porque, cuando estás tan hundido en la arena que no eres capaz de oír el agua del mar, si nadie se da cuenta y te tiende una mano salvadora, permanecerás en la oscuridad eternamente.

 

Publicado la semana 18. 03/05/2021
Etiquetas
isla, puerto, porcelana, oro
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