14
Lucía Belvis

¡VIVAN LOS NOVIOS!

            —Esto es ridículo…

            Miré hacia mi hermana, que estaba probándose su vestido de novia. Parecía que la pomposidad y la suntuosidad del atuendo no la convencían.

            — ¡Estás preciosa! —Exclama mi madre.

            —Impresionante—. Dicen sus amigas.

            —Brutal—. Asienten Emma y Sara.

            —Es muy bonito—. Apunta Mía levantando la vista de los ojos de su novio, Carlos.

            Uno de los empleados de la tienda, ataviado con un ligero traje unisex asintió con sus inexpresivos ojos, mientras su mirada se encontraba un momento con la mía en el espejo.

            — ¿Qué me dice, señorita Martínez? ¿Se lo llevará?

            —No, no me gusta. Es demasiado… vamos a dejarlo ahí. Sigo queriendo llevar un traje.

            Un suspiro colectivo.

            Llevábamos ya seis horas en la tienda, y nuestra paciencia comenzaba a agotarse.

            El empleado chasqueó los dedos y otro chico fue a buscar un traje para mi hermana.

            La tienda era muy extraña. Las paredes estaban pintadas de un rosa ridículamente pálido, el lugar estaba plagado de columnas de estilo corintio de un tono turquesa (muchas de ellas eran meramente decorativas). Las ropas que se exhibían eran de tonos pastel o de colores extremadamente oscuros. Espejos de marcos dorados decoraban todas y cada una de las paredes del lugar.

            Otro empleado, de cabello oscuro y ojos de un tono aún más azul que el mar salió de alguna parte, acompañado del novio de mi hermana, que estaba ataviado con un vestido de novia lila, plagado de volantes y detalles florales.

            —Aquí está el novio. ¿Qué os parece? —Preguntó el trabajador.

            — ¿Y bien, cariño?

            Paquito era el novio de mi hermana desde hacía cuatro años. Un hombre extraño de veras. Las únicas cosas que amaba de verdad eran el pan y mi hermana, en ese orden. Comía este alimento a cantidades industriales, y nunca engordaba. Sólo puedo decir que se debía a la brujería, si no, no me lo explico.

            — ¡Estás absolutamente despampanante, cielo!

            —No tanto como tú vas a estarlo con tu traje, querida. Tiene que ser verde, para que vayamos a juego.

            —Lo será, lo están buscando ahora mismo.

            Nuestras caras eran de sorpresa total, no nos esperábamos que él fuese a llevar ese tipo de atuendo. Incluso Mía dejó de morrearse con Carlos para echarle una mirada sorprendida a Paquito.

            La puerta de la tienda se abrió, y apareció el mejor amigo de mi hermana, Luis, que había ido a por el desayuno. Se quitó sus gafas de sol, sacudió su pelo y empezó a lanzarnos las cosas que habíamos pedido.

            —Bueno, veo que la novedad es que Paquito ha decidido cambiarse de género. Te queda bien, Paquito.

            — ¡LOS VESTIDOS NO SON SÓLO PARA LAS MUJERES! —Replica el novio.

            —La verdad es que te ves bastante masculino, a mi pesar. ¿Y tú que haces vestida con un simple traje como ese todavía, Trini? ¿Es que no se trabaja en esta tienda?

            El empleado que había estado ayudando a mi hermana asesinó al carismático Luis con la mirada.

            —Relájate, peliverde.

            —Tengo nombre, ¿sabes?

            — ¿Ah sí?

            —Sí, soy Raimundo.

            —Me da igual, no te pregunté.

            Se sentó junto a mí mientras resoplaba y se pasaba la mano por la frente, como para quitarse el sudor.

            — ¿Sigue limpio este sitio? ¿Se ha sentado alguien más?

            —Puedes estar tranquilo, compañero. Lo he mantenido virgen e impoluto sólo para ti.

            Luis suspiró aliviado.

            Cuando trajeron el que iba a ser el atuendo de Trini para que se lo probara, todos respiramos aliviados, por fin íbamos a salir de ese lugar infernal.

            — ¡Este es mi traje! ¡Sí señor! ¡De esto estaba hablando! ¿Te gusta Paquito?

            — ¡Me súper encanta, Trini!

            — ¡Pues ya está, decidido! ¡Me lo llevo!

            Hasta Raimundo se vio aliviado.

            Todos empezamos a levantarnos cuando mi hermana dijo:

            — ¿A dónde vais? ¡Queda decidir los trajes de las damas de honor!

            —Pues yo me voy, que he quedado con Miguel. Y ha estado muerto los últimos meses, así que…— Dijo Luis encogiéndose de hombros.

            Miguel era el novio de Luis desde hacía cinco años, hacían una pareja perfecta. Las noches de juerga que organizaban con Paquito y Trini eran legendarias, y conocidas en toda la ciudad.

            — ¿Muerto?

            —Sí, en casa de sus padres, sin WIFI.

            —Ah, bueno, como quieras.

            Cuando Luis se fue, otras interminables tres horas se sucedieron.

            Por fin llegó el gran día, y yo me estaba preparando para salir con Mía, Emma, Sara y Carlos para ir a buscar a Ricardo, un amigo nuestro que también estaba invitado a la boda. Iba a ser un día muy especial, y nunca se sabe a quién puedes conocer en una celebración así…

            — ¿Nos vamos?

            Emma y Sara se levantaron, mientras que Mía y Carlos seguían dándose el lote en el sofá.

            —Vosotros dos, que Ricardo se va a hacer viejo esperando si no paráis de hacer eso.

            —Vale, tranquila mujer—. Replicó Mía.

            —Que la vida hay que vivirla—. Dijo Carlos.

            Sara, Emma y yo pusimos los ojos en blanco y salimos en busca de nuestro enorme amigo Ricardo, que medía dos metros y pico y estaba hambriento de fiesta.

            La ceremonia iba a ser en Chiclana, y el trayecto hacia allí fue… interesante. Lo que quiere decir que Ricardo, Emma, Sara y yo hablábamos o, al menos, intentábamos hacerlo, por encima del ruido que hacían Carlos y Mía mientras se besaban. A veces participaban en las conversaciones, pero en seguida volvían a lo suyo.

            Cuando llegamos a la hermosa playa donde iba a celebrarse el acto, el olor a mar nos azotó. Era un día precioso. Mis ojos viajaron hacia el improvisado altar, en el que estaba el hombre que iba a oficiar la ceremonia. Qué raro, era Lucio. Ese hombre había sido acusado de homicidio, pero fue declarado inocente por falta de pruebas. Las vueltas que da la vida. Un día eres acusado de un crimen grave y al siguiente estás oficiando bodas en Chiclana.

            — ¿Ricardo? ¿Estás bien? —Preguntó Emma.

            —No, la verdad es que no. Me duele un montón la cabeza, ayer apenas dormí…

            —Túmbate en algún sitio—. Sugirió Sara.

            —Sí, será lo mejor.

            Acompañamos a nuestro pobre amigo hacia una fila de cinco sillas y lo tumbamos allí. Unos minutos más tarde, estaba completamente dormido.

            El resto tomamos asiento en este orden, Emma, Carlos, Mía y yo. Sara había huido al límite del lugar, junto a una de las columnas decorativas que habían colocado allí. Sentado sobre una de ellas (quién sabe cómo narices había llegado allí), había un chico bastante guapo, vestido de manera bastante informal para estar en una boda. Sara estaba ligando con él.

            —Genial, Sara intentando ganarse al rarito de la columna, Mía y Carlos dándose el lote justo a mi lado y ningún sitio a donde huir—. Gruñó Emma.

            Asentí con la cabeza mientras nuestros amigos parecían hacer oídos sordos a nuestras observaciones.

            Luis entró en escena, con su estilo habitual, y se dirigió hacia una esquina, en la que estaba Miguel, con su coro. Se besaron y la música empezó a sonar.

            — ¡Cuando calienta el sol, aquí en la playa…!

            Genial, una boda al ritmo de Luis Miguel, lo último que me quedaba por ver.

            El primero en aparecer fue Paquito, moviéndose con soltura a pesar de la arena y de lo suntuoso que era su vestido.

            Todos contuvieron el aliento mientras que él paseaba hacia el altar con gracia y elegancia.

            Cuando llegó a su destino, Trini entró en escena, entre los suspiros de todos, que quedaron asombrados con los novios.

            El traje verde de mi hermana destacaba por completo sobre el paisaje y los atuendos de los invitados. Desfilaba con esa sobriedad y realeza que la caracterizaban.

            Una vez que los dos llegaron a su destino, la verdadera ceremonia comenzó.

            El sobrino de mi hermana, Toni, llevaba los anillos. Era hijo de Luis y su exnovia, una activista medioambiental que estaba bastante loca. Muchos pensaban que era mudo, pero era solo que no le gustaba hablar. Cuando abría la boca, era para decir palabras hirientes, pero en el fondo era un buen chaval con los que le caían bien, sólo tenías que esforzarte por conocerlo un poco.

            Al pasar por mi lado me sonrió y yo le devolví el gesto.

            Todo iba bien, estaba siendo una celebración medianamente normal, hasta que alguien inesperado llegó.

            — ¡DETENGAN ESTA BODA AHORA MISMO!

            Los gritos de sorpresa de los invitados acompañaron la llegada de este completo desconocido.

            — ¡Me dan igual los novios, es más, no los conozco, pero debo llevarme a ese hombre! —Dijo señalando a Carlos.

            — ¿Javier? ¡Ya te he dicho que a mí me gusta Mía! ¿Es que no puedes dejarme en paz?

            — ¡No! ¡Eres el amor de mi vida, Carlos!

            — ¿Amor de su vida? ¿Qué significa esto, Carlos?

            —Cariño, es ese amigo de la secundaria que te dije. No sé por qué, pero está obsesionado conmigo y…

            El tal Javier comenzó a abrirse paso entre los invitados, derribando algunas de las sillas en las que reposaba Ricardo. Toni lo estaba trasmitiendo todo en vivo en su cuenta de Instagram.

            — ¿Es que no se puede dormir en paz en este siglo o qué?

            — ¡Ricardo! ¿Estás bien? —Pregunté.

            —Sí, es sólo qué…

            — ¡BÁJAME AHORA MISMO, JAVIER!

            — ¡Te amo, Carlos!

            — ¡Mía, ayuda!

            El intruso (que tenía unos músculos bastante prominentes, por cierto) se llevó a Carlos en brazos, bajo la horrorizada mirada de todos los invitados.

            La música había parado.

            Mía, salió corriendo tras ellos, y Trini y Paquito intercambiaron los anillos.

            — ¡Ea! ¡Ya estamos casados! Alguien debería seguir al tal Javier, por cierto…

            Varios invitados se pusieron manos a la obra, mientras los recién casados se fugaban en su furgoneta.

            Menuda ceremonia más loca.

            Si os interesa, encontramos a Carlos, y estaba perfectamente, podéis estar tranquilos. Sigue estando junto a Mía, y pusieron una orden de alejamiento contra el acosador de Javier.

            Ricardo se recuperó de su dolor de cabeza.

            Sara consiguió ligarse al chico raro de la columna, cuyo nombre era Manuel.

            Emma y yo seguimos solteras y enteras, y dentro de cuatro semanas, se casan Luis y Miguel.

            ¿Será una ceremonia tan movidita como la anterior? Lo dudo, pero estoy emocionada…

Publicado la semana 14. 05/04/2021
Etiquetas
comedia, bodas , primera parte
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