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Lucía Belvis

CUANDO ME VAYA

Cuando me vaya, no quiero que nadie llore por ello, porque nadie debería sufrir por lo que no pueden cambiar.

            Cuando me vaya, quiero que sólo sonrían al recordarme, y que, si no pueden dibujar una sonrisa en su rostro cada vez que mi recuerdo los asole, que se olviden de mí, porque nadie debería sentirse triste al recordar a alguien que se ha ido irremediablemente,

            Cuando me vaya, quiero que me transformen en un árbol, para poder estar conectada con la tierra que permitió que viviese, para poder crecer mucho más fuerte de lo que podría haber hecho en vida. Para que mis ramas florezcan, y sirvan de refugio a muchas aves, como no pudieron florecer mis brazos.

            Cuando me vaya, quiero que sigan leyendo mis escritos, que mi alma siga tocando a la gente, y que todos sean capaces de sentirse una parte de mí al mirar las palabras que sangré sobre el teclado de un ordenador.

            Cuando me vaya, quiero que mi alma se transforme en aire, para poder volar libre por todo el mundo, sin tener que preocuparme por ser vista, porque estaré alejada de los ojos de otros. Porque por fin conseguiré ser completamente libre, sin estar atada a la gravedad, sin estar anclada a este sucio y mundano suelo que tantas tragedias ha visto.

            Cuando me vaya, quiero ascender al firmamento y fundar mi propio universo, en el que las sonrisas sean gratis y las lágrimas no existan, donde todos sean dignos de alcanzar sus sueños y donde nadie sea capaz de alzar una mano contra su semejante. Una dimensión sin guerras, hambre o muerte, en la que reinen la paz y el arte, donde todos sean capaces de expresarse en un papel, un trozo de mármol, un lienzo o una canción.

            Cuando me vaya, quiero que alguien ayude a todos los que yo no pude, que alguien se ocupe de todas esas personas que siguen sintiéndose desoladas por las noches, cuyas almas siguen derramando mares y mares de miserias en silencio, con la profunda oscuridad como compañera. Quiero que los hagan sonreír, que alguien les muestre lo bueno que puede ser el mundo…

            Cuando me vaya, quiero que todos los que alguna vez me hicieron daño sean capaces de reconocer sus errores y crecer. Quiero que puedan darse cuenta de todos sus pecados y encontrar la salvación, porque, supongo que todos podemos arrepentirnos de lo que hemos hecho.

            Cuando me vaya, quiero que todos los que creyeron conocerme intenten entenderme, como no lo hicieron cuando estaba aquí. Me gustaría que mirasen alguno de mis relatos y encontrasen mi verdad, que se diesen cuenta de que todo lo que creyeron de mí no eran más que las mentiras que fui construyendo a mi alrededor, que son sencillas de atravesar para aquellos que de verdad quieren entrar.

            Cuando me vaya, quiero que los que me conocieron se den cuenta de que hay aspectos de mí que ni yo conocía, que hay otra yo dentro de mí a la que estoy empezando a conocer, y que puede que nunca muestre al mundo, puede que ese sea mi secreto, esa pequeña parte de mí que esconderé de todos. Esa parte que está rodeada de sombras para que su luz sea todavía más evidente…

            Cuando me vaya, quiero que alguien se tome la molestia de escuchar mi canción favorita en mi honor y que brinde con el firmamento, porque yo estaré alzando mi vaso desde el otro lado del universo, desde mi dimensión personal, sonriendo al fin, y siendo libre.

            Cuando me vaya quiero que alguien lea mi pasaje preferido de cada libro que he leído, porque en ellos están escondidas mis más secretas verdades, aquellas que nunca le dije a nadie, mis miedos y grandezas, mis caídas y mis vueltas al ruedo.

            Cuando me vaya necesito que alguien se de cuenta de cuál era mi mayor miedo y haga algo al respecto por todos aquellos que tienen el mismo. Que una persona, o varias, descifren el gran enigma de mi existencia, y decidan cambiar ese sentimiento.

            Cuando me vaya quiero que hagan una fiesta para celebrar los momentos en los que me reí, y olvidar todos aquellos en los que lloré. Que todos cuenten sus historias más divertidas conmigo y me recuerden como siempre me mostré ante ellos, como una huraña chica con un oscuro sentido del humor. Alguien bueno que era capaz de llorar por tus desgracias y celebrar tus victorias, que podía sentirlas como suyas.

            Cuando me vaya quiero que el mundo sea un lugar feliz, porque todos merecemos sentirnos amados y arropados, todos merecemos una mano que nos ayude a avanzar entre las tinieblas, aunque el dueño de esa mano esté tan perdido como nosotros.

            Cuando me vaya no quiero que haya ningún minuto de silencio, porque siempre odie la falta de ruido, ya que esta significaba que estaba sola de nuevo. Quiero que todos rían tan fuerte que cuando dejen de hacerlo, el eco de su felicidad siga resonando a su alrededor, de modo que, si alguna vez están solos, encontrarán en su risa a una amiga y una compañera que nunca les faltará.

            Y puede que estas palabras no signifiquen nada para ti, querido lector, pero significan el mundo para mí. Porque lo que para ti son los desvaríos de una joven loca, para mí son los deseos de hacer algo grande, de cambiar el lugar en el que vivimos y hacerlo brillante y hermoso, un lugar para todos. Porque cuando yo no esté, no habrá nadie que cuente mi historia por mí, así que dejaré mis pensamientos encerrados entre estas líneas, para que perduren y ayuden a todos aquellos que se sientan perdidos. Porque quiero ser una amiga para ellos, una compañera incansable, alguien a quien pueden dirigir sus oraciones, porque no soy ninguna diosa, pero sí que tengo tiempo y ganas de escuchar lo que otros sienten. Quiero que todos se sientan amados y escuchados, y si para eso tengo que desnudarme en forma de palabras, párrafos y textos, lo haré, sólo para que un alma como la mía sienta que, por fin, ha encontrado su hogar.

Publicado la semana 12. 22/03/2021
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