07
LLH

Próximo inning

Cuando decía que no, te burlabas en mi cara. Buscabas la forma de seducir todos los poros de mi cuerpo y hacerlos tuyos con un roce. Te encantaba que hiciera gestos con mis labios cuando mordías mis pezones, y cerrabas los ojos después de observarme, como quien se deleitara con un fruto dulce. Me fascinaba ver tu desespero y escuchar tu corazón latir a mil por segundo, más aún cuando volvías a la sutileza del vaivén de tus glúteos, los cuales amo acariciar, aunque ahora te moleste. 

No te costaba tanto convencerme, tampoco es que mostrara mucha resistencia, al contrario, me complacía desvanecerme ante el sostén de tus brazos. Forcejeaba segura de que no podría siquiera hacerte aflojar el más mínimo músculo, pero hacía brotar entonces mis dotes de guerrera y luchaba para que me dejaras ir, mientras gritaba en silencio que me detuvieras con más fuerza. 
Esperabas el momento más complicado del día, ese en el que todos andaban como locos corriendo tras el transporte y luchando contra las rayas rojas de las llegadas tardes. No importaba cuán retrasados llegáramos a nuestro destino, tu meta era el placer de un orgasmo y la felicidad el resto de la jornada. 
Pero el tiempo pasa, y los años van desgastándonos por fuera, y por dentro. Ahora prefieres madrugar e irte corriendo, la raya roja en la tarjeta es más potente que el deseo de hacerme tuya. Me quedo entonces en casa, pensando, ¡que despertares aquellos tan diferentes a estos! Apenas noto ni cuando despiertas y dejas la cama vacía.
Lo niños ya son mayores, cada uno va rumbo a lo suyo y yo, que he dejado de trabajar, me dedico entonces a remodelar cada detalle en casa, a hacer dulces, a leer, y en las tardes, después del almuerzo, escribo, escribo, escribo. Eres joven, me dice Laura, sal a divertirte, vístete bonita, arréglate y nos vamos a tomar algo. Pero no, necesito estar ahí en las tardes para verte llegar e ir a tu encuentro, que me des entonces un beso frío y me digas siempre lo mismo, estoy cansado. Pero yo no me canso de escucharlo. Voy y te paso la mano por el pecho una vez que he desabotonado tu camisa, y te pregunto qué tal te fue, cómo van los negocios, y tú respondes sin muchas ganas, ahí, como siempre. Cierras los ojos y recuestas la cabeza en el sofá, yo me quedo observándote. Luego voy y te preparo el baño, te quito las botas y me dedico a la cocina. 
Hace días vengo pensando que tal vez, si pruebo algunos trucos en la cama, las cosas vuelvan a ser como antes, por eso esta noche lo haré diferente. Me siento joven y estoy segura de que te haré tener un orgasmo digno de historia. Comenzaré por ponerme sata como antes cuando me dabas tiempo al previo jugueteo. Luego te masturbaré hasta que la tengas tan dura como un poste, sabes desde siempre que solo así es que me gusta metérmela en la boca, para sentir que me ahogo mientras esa cabezota enorme se ensancha cada vez más y más y más hasta que por fin, cuando ya está a punto, abrir bien las piernas y en cuclillas subir y bajar a la par de tus vaivenes púbicos. Después, cuando desbordes ese líquido sobre mis tetas, como sabes que siempre he querido y nunca has hecho, podré entonces recostarme tranquila, satisfecha. 
Ya estoy casi lista. Te grito desde el baño mientras tú estás en la cama viendo los deportes, como siempre. No imaginas la sorpresa que te he preparado, demoré afeitándome las piernas, las axilas, y lo mejor, “la cascada”, como solías llamarle a esa parte de mi cuerpo que una vez tanto adoraste.
Aquí estoy, amor, te digo, y fríamente respondes “ujum”, mientras con las manos me pides que me aparte del medio. El mando del televisor reposa sobre tu pecho y tu barbilla descansa sobre él. He comenzado a darte besitos húmedos por los brazos, jugueteando con tus pelos, luego he ido hasta tus dedos y los he introducido uno a uno en mi boca, pero sigues inerte ante mis caricias. 
Mientras me bañaba pensé en ir directo al tema, pero es mejor ir seduciéndote poco a poco, si no te me tirarás encima como un cerdo en celo y en menos de tres minutos habrá acabado todo. Sigo con mi repertorio de besos hasta llegar a tu pubis, entonces noto que no hay elevación alguna. Decido ayudar en cuanto a eso y meto mi mano, froto mientras observo, pero no hay respuesta. Ya yo estoy lista para lanzarme a tu carne, me quito la poca ropa y mis pechos quedan a tu alcance, pero no los tocas. Roberto, bésame, te pido, ¿Roberto? Enciendo la luz y estás dormido, o tal vez pretendes estarlo. La rabia me carcome y un instinto me hace querer lanzarte el mando por la cara, pero no lo hago. Me quito de encima de ti y acto seguido te volteas dispuesto a tirarme la pierna encima como cada noche. Aprovecho entonces y con desdén te aparto. Estoy sudando, los deseos no me dejan dormir, he vuelto a encender la tele para refrescar, pero todo lo que veo me excita. Los chicos del béisbol, con esos bates tan grandes y duros, esas manos potentes que agarran firmes y ¡esas nalgas, Oh dios esas nalgas!... 

Ya van por el tercer inning. Me los he tirado a todos.

Publicado la semana 7. 16/02/2021
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