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LLH

Alma

He dado el beso más profundo de mi vida, sí, así de cursi, porque no encuentro otro adjetivo más adecuado para catalogar ese toque de labios, que me produjo estremecimientos y aceleró mi ritmo cardíaco de forma tan brusca. Tuve que detenerme porque pensé por un segundo que perdía el alma, sentí como si cayera en la boca de mi estómago habiéndoseme zafado del pecho, digo, si es en el pecho donde se aloja, porque la verdad, no tengo idea de dónde pueda ser, pero creo que sí, que es ahí.

Algo dentro se me sacudió con tal fuerza que casi grité. Luego, cuando separé mis labios de los de ella, pensé en una de esas imágenes súper sensacionalistas, típicas de películas animadas japonesas, donde el protagonista, a fin de demostrar lo que siente, mete su mano en el pecho y se desgarra el corazón sacándolo fuera. Luego ves cómo le late aún sin conexión con arterias, ni vasos capilares, o cualquier otro conecto nervioso, solo continúa latiendo entre las manos chorreando sangre. Entonces pienso que si hiciese lo mismo, el mío latiría de igual forma, pero en cada latido se escucharía su nombre. Algo muy tenue, lejano pero firme, como quien teme ser escuchado por miedo a que la reacción de quien ama no sea la esperada.

Luego del beso abrí los ojos despacio, la miré y me pregunté qué pudo haber sentido ella. ¡Se quedó tan gélida! Su rostro inexpresivo totalmente me hizo darme cuenta de que hay muchas formas de hacer mierda un alma. Destruyó la mía del modo más mísero posible. Estoy siendo sincera con respecto a lo que siento como nunca antes en mi puta vida, y comienzo a sentir placer al manifestar la verdad, aunque se burle el mundo ante la cursilería de lo que digo, no importa. En este instante, y tal vez por mucho más tiempo, tampoco sienta vergüenza de ser cursi.

Se quedó estática tras besarme, yo floté y ella estaba en tierra con varios kilos de plomo atados a sus pies. —No sentí nada —me dijo—, pero mintió, mintió, sé que mintió, sé que en el fondo solo estaba fingiendo. Se lo grité desesperada. —Mientes —le dije— ¿cómo es posible que no hayas sentido nada?

Al voltearme, en la calle todos me miraban mientras cuchicheaban algo. Que estoy loca, eso dicen muchos, y qué importa, no me importó. Solo entonces pensé en que quería sacarle el alma para que la viesen, para verla latir sobre mis manos y que todos supieran al igual que yo, que ella mentía. Imaginé por unos segundos: bum bum, bum bum, y que contarían al unísono, uno dos, tres cuatro. También escucharían mi nombre entre los latidos porque ella me amaba, me amaba. Miré mi tobillo y recordé que ese cuchillito de mango firme debajo del pantalón podría ayudar en el proceder. Rajaba por allí, entre sus tetas, y luego profundizaba hasta encontrarla…

Ahí la tenía, latiendo entre mis manos. Conté antes de zafarla, uno, dos tres… cuatro.

Nunca más dirían que estaba loca. Quien ama de verdad, como yo lo hago, no entiende de silencios inexpresivos ante un beso como ese.

Publicado la semana 4. 29/01/2021
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