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Little Boy Lost

El sabor de la sangre

***

Siempre me gustó el sabor de la sangre.

 

Me gustaba morderme la lengua y sentir que mi boca sabía a hierro. Ese sabor a travesura y a sal.

 

Igual ahora que tengo que tragar esta bocanada con dientes y ripio pienso que no sabe tan bien.

 

A lo lejos veo que quema la casa que era mi casa. Veo por última vez las cejas de mi esposa, y miro la mano de mi hija dejar de retorcerse de dolor mientras cede a las quemaduras.

 

Sé que es poco, pero Dios sabe que trabajé para construir esta casa. Que todos los días me levanté a ordeñar a los corderos, y que enfrascaba las latas de mermelada de higos forzando una sonrisa en la cara, con la esperanza de que un día dejaría de tener los dedos pegajosos. Tal vez, ahora que lo pienso, voy a extrañar incluso levantarme antes de que salga el sol, y dejar los frascos de mermelada en cajas, amarrarlas entre sí y tirarlas en el carrito. Tal vez incluso extrañe caminar con estos zapatos, y que duelan los pies al llegar al mercado una hora y media después. Saludar a los pescaderos, y acariciar la cabeza de los perros.

 

Tal vez me falte escuchar a Akram burlarse de mis camisas manchadas, o ver como la Señora Hanane desenvuelve la alfombra y comienza su salat.

 

O tal vez no.

 

Tal vez nunca extrañe este lugar. Tal vez nunca extrañe el olor de mis pies cuando piso la mierda de las ovejas, ni extrañe la cara de resignación de mi esposa todas las veces en las que dice no tener hambre, porque no quedan más garbanzos.

 

Tal vez nunca perdone que mi padre se haya ido, ni perdone al tipo que me quemó los ojos con dos cucharas calientes para recibir más limosna.

 

Tal vez nunca tuve que nacer en este mundo, ni tuve que escuchar el sonido de los pájaros, ni rezarle a este dios ─que al menos sabe cuánto luché para seguir aquí─ y para no dejarlo todo.

O tal vez ni siquiera sabe que estoy aquí, y tal vez nunca tuvo planes de que yo sea un buen ajedrecista. Tal vez por eso mi madre vendió mi tablero para conseguir comida.

Ni siquiera me gustan los higos. El olor de mermelada se pega a la ropa, y la lana de las ovejas me hace estornudar toda la noche.

 

Tal vez fui una casualidad. Como esta explosión que nadie entiende. Tal vez nací tan aleatoriamente como ahora, que aparecí por la puerta para ver como los niños se inmolaban.

 

Y luego: nada.

 

Y luego estoy aquí pensando en la primera vez que cosechamos en el patio trasero, y en el beso de mi mujer cuando juntamos lo suficiente para la última plancha de aluminio del techo.

Ojalá y Dios sepa que todo en mi vida me llevó a ese momento. Hace dos semanas, cuando al fin no tuvimos que pasar la noche con la angustia de que llueva, y que se cuele toda el agua por la parte descubierta de nuestro tejado.

 

Nunca fui tan feliz. Todas las veces que pisé mierda de oveja, y todas las veces que recordé el olor de mis párpados quemándose, todas las veces en las que aguanté a los niños que tomaban la leche directamente del barril, y que la ensuciaban con la tierra de sus manos. Todo eso tenía sentido.

 

Pero ahora estamos aquí, y ya no está la plancha de aluminio en el techo, y tengo que volver a recordar el olor a carne quemada. Ahora que estoy muriéndome, y dándome cuenta de que ni siquiera me gusta el sabor a la sangre.

 

Tal vez pudiste haberme regalado esa última concesión.

 

Y que me siga gustando el sabor de la sangre.

 

*

* * *

*

Pero no podía. Nunca iban a entender que tenían que morir.

 

Dios se sentó en su silla rodante, se limpió la mayonesa del labio superior, y mordió otro camarón. Manchó su corbata, se secó la boca con el pulgar y empujó la silla.

 

Nunca entienden. Nunca entienden que tienen que morir. Hay algo más grande que ellos, hay siempre algo más grande ─decía mientras tragaba─ siempre están pensando que algo es bueno… o malo. Feo… o hermoso. ¡Tantas palabras! ─vociferaba para sí mismo, mientras sorbía de un vaso con whisky─ ¡y nunca van a poder explicar que hay algo más!

 

En la rendija de la puerta, dos ojos angustiados que espiaban los gritos de un anciano.

 

¿Qué hacemos?

─Nada.

─ ¿Cómo que nada?

─Nada. Es lo que es.

─ ¡Pero está loco!

─Siempre tuvo una obsesión con ese mundo. Que se lo coma si quiere.

 

En el pasillo del cielo se escuchaban los pasos acentuados del anciano que gritaba en su oficina. El miedo era tanto que los escribanos dejaron de tipear, y los supervisores descuidaron una Torre de Babel a punto de colapsar.

 

Dios se sentó, y tomó una botella de Evian y dos Valium. La secretaria salía de su oficina, dejando una caja de cigarros en su escritorio.

 

Después de unos minutos, en el cielo todo seguía como siempre. Los escribanos volvían a tipear, y en una sala de cine los historiadores veían como una mujer caminaba en puntillas tratando de alcanzar una manzana. En la oficina de al lado estaban explotando estrellas, y en el laboratorio del segundo piso se empezaba a multiplicar una célula.

 

Toda la historia repitiéndose en la oficina del cielo.

 

***

Una explosión a las afueras de Kabul deja doce muertos y varios heridos. Se reporta que un grupo de extremistas Talibanes estaba acercándose al aeropuerto Hamid Karzai, en Kabul. Los extremistas llevaban cuatro niños de seis a trece años secuestrados. Los heridos informan que, en un acto heroico, los niños se inmolaron en un pueblo a las afueras de la ciudad para causar menos estragos. Recordemos que el aeropuerto de Kabul actualmente alberga a más de treinta mil afganos tratando de escapar de la crisis humanitaria. Se estima que si una explosión de esa magnitud hubiese dado en el aeropuerto Hamid Karzai, estaríamos al frente de una de las masacres más grandes de la crisis Talibán en Afganistán. Volvemos con nuestro corresponsal en Los Ángeles.

 

Nuestras más sinceras condolencias al pueblo afgano. Desde la alfombra roja del Dolby Theater vemos a las primeras celebridades llegar a la 94a edición de los Premios de la Academia. Nos acercaremos a Joaquin Phoenix, que hoy llegó a los premios con un traje hecho de plástico reciclado, para levantar consciencia sobre el cambio climático.

 

Toda la historia repitiéndose en la oficina de la tierra.

Publicado la semana 40. 04/10/2021
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A Hard Rain's A-Gonna Fall - Bob Dylan , Esto , Hoy
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