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J. Gmz

Desdén

Ella era seria, a veces antipática, era considerada una persona de actitud pesada; solía hacer bromas de mal gusto y disfrutaba del alcohol. Fue ella quien vino a poner de cabeza mi mundo.

Dos palabras de su boca y me tenía a sus pies; nunca supe exactamente cómo fue, cómo se me clavó al corazón como una estaca. Sus besos, eran la sustancia que inyectaba en mis labios para hervirme la sangre, se volvió mi adicción.

¿Qué buscas? – Me cuestionaba todo el tiempo dejándome claro que ella no quería compromisos, por lo que mi respuesta siempre fue la misma.

Nada, sólo me gustas. – Mentía.

Me fui dando cuenta que se estaba convirtiendo en mi dueña, me tenía atrapada entre sus dedos y después de un par de orgasmos había perdido casi por completo mi voluntad. Me agradaba estar ahí, la necesitaba, dentro del huracán que vivía ella era mi calma.

Pero todo vicio en algún momento sabe amargo. Estaba completamente perdida, me había vaciado y sólo ella me podía llenar, mas su figura se desvanecía poco a poco a la par de mi sobriedad; dejé de sentirla.

La busqué y en el trayecto me encontré con otros labios, unos que desataban esa pasión que yo conocía, pero no era correspondida; y es que por más que lo intentaba no podía ser el remplazo del veneno que aún quedaba en mis entrañas, mi corazón latía por otro ser sumergiéndome en una enfermedad incurable.

Ya no quedaba nada en este cuerpo, era piel colgando rellena de aire; un fantasma. Entonces se mostró ante mí, resplandeciente como la primera vez con los ojos más bonitos del mundo y su perfecta sonrisa. Caminó casi flotando y me pasó de largo, fue cuando mi caótico mundo se dejó ver claro. Me acerqué y aunque no podía escucharme susurré – Gracias. – Disfruté por última vez su aroma y la despedí junto a mis vicios.

Publicado la semana 7. 21/02/2021
Etiquetas
La abundancia que crea escasez , Con las manos frías
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Género
Poesía
Año
I
Semana
07
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