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Freddy Auqui Calle

Libros hexagonales

En casa nunca hubo libros. No hacían falta. Lo que en el campo hacía falta eran picos y palas, buenas yuntas, manos fuertes para labrar la tierra. Desde niños mis padres se habían dedicado a cultivar trigo y a defender sus tierras comunales, pero un día llegó la Reforma Agraria y todo cambió. Se vino la parcelación y su patrimonio agrario disminuyó sustancialmente.

Por primera vez tuvieron algo de tiempo y entonces entraron en el programa de alfabetización para adultos Monseñor Leónidas Proaño. Aprendieron a leer y a escribir. Se dieron cuenta que los tiempos habían cambiado y aquello de la educacion era importante. Yo fui el primero de mis doce hermanos en ir a la escuela, allá por los años 70.  

Por asares de la vida el cura del pueblo se hubo fijado en mí. A cambio de compañía ofreció llevarme a la ciudad para que yo pudiera estudiar. Mis padres accedieron.  Entonces, sin saber lo que me esperaba viaje a la ciudad de Quito, fui a la escuela, al colegio, a la universidad…

Hasta la primera etapa de la pandemia trabajé como profesor de literatura en un colegio importante de la capital. Pero se redujo el número de estudiantes y entonces tuvieron que reducir el número de profesores: me despidieron. Pero no fue un problema porque tenía suficientes ahorros como para vivir sin trabajar durante unos dos años. Lo tomé como una oportunidad y aproveché el encierro para volver a leer a los clásicos: Dostoievski, Cervantes, Kafka, Chejov. Schwob, Walser ¡Cuánto disfruté leyendo La Peste de Camus! Luego pasé al boom latinoamericano: Cortázar, Donoso, Fuentes, García Márquez, Onetti (más tarde pasé a los contemporáneos) ¡Fue maravilloso volver a Borges! Sobre todo, a sus cuentos: La biblioteca de babel es uno de mis favoritos. El protagonista del cuento es un bibliotecario-Lector. Su vida transcurre en un universo compuesto por un número infinito de galerías de libros, de galerías hexagonales. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente.

La luz que intercominica los exagonos y los libros son los fotones: esa la partícula portadora de todas las formas de radiación electromagnética que da lugar a que todas las páginas de los libros y las palabras, a traves de la luz ultravioleta, la luz visible, la luz infrarroja, las señales microondas, formen infinitas variantes del lenguaje, de textos, hacia el infinito.  

La pandemia me condenó a este maravilloso mundo lecturiano, a sumergirme en los infinitos pliegues del universo del libro.  ¡Desde entonces no he salido de esa pesadilla, de esta pesadilla, de esta otra pesadilla!

 

 

Publicado la semana 29. 19/07/2021
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